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Tamudo: ¡el polvo del siglo!

Primera | Barcelona 2 - Espanyol 2

Tamudo: ¡el polvo del siglo!

Tamudo: ¡el polvo del siglo!

El capitán del Espanyol heló la fiesta azulgrana con dos goles históricos. Con 112 ya es el máximo goleador perico. Messi empató a uno con la mano

Llegó al Camp Nou con 110 tantos en nuestra Liga. A uno de Rafa Marañón, hasta ayer máximo goleador de la historia españolista. Salió con 112 tras meterle dos a Valdés. Uno en cada portería. El primero por alto; el segundo a ras de hierba. El primero abrió el marcador. El segundo lo cerró. Y salvo sorpresón, también cerró la Liga para el Barça. Llegó ese segundo tanto para hacer justicia a un Espanyol que, como es tradicional, había sido asaltado por el árbitro con los azulgrana delante. Como el martes, en la final de la Copa catalana. Llegó para marcarse el polvo futbolero de su vida, Raúl Tamudo Montero. Alma de calle, como se titula su libro biográfico que tuve el honor de escribir y presentamos esta semana.

Porque hay que tener eso, alma de calle, de pillo de verdad, para hacer lo que este hombre hizo ayer y lleva haciendo desde hace diez años: bañar en felicidad inmensa a una afición, la españolista, que tuvo por fin el gran premio que se le negó en Glasgow; el orgasmo gritado con todas sus fuerzas, con todo su alma también.

Pillo Tamudo. Pillo bueno. Porque pillo no es el que marca con la mano sino el que sabe ganarle la partida a defensas hechos y derechos, internacionales todos, campeones del mundo algunos, como Puyol, Thuram, Zambrotta... Pillo bueno y grande es el que hace lo que él: sacar petróleo del desierto. Tamudo estaba en la historia del Espanyol y de nuestra Liga antes de lo de anoche; ahora urge la estatua, en la mismísima puerta de honor del nuevo estadio del Espanyol. Y el día que se vaya, retirar para siempre su número 23. ¡Qué delantero!

Eran las 22:47 de la noche de ayer, 9 de junio, cuando Van Nistelrooy empató el partido en La Romareda. A las 21:46, el Barça era campe el Madrid, pura decepción y el Espanyol, un monumento al coraje, a la rabia de quien se veía derrotado por las fuerzas del mal. En el 47 vivimos un estallido. Empató el Madrid a dos. Los jugadores de Valverde no supieron de ese tanto, no les dio tiempo. Pero algo sobrenatural iluminó a Rufete, que le metió a Tamudo un balón al hueco, preciso, perfecto. El Zaragoza no había sacado de centro cuando el 23 perico (23 en honor a Michael Jordan, otro artista) vio el pase, se abrió hueco entre la zaga azulgrana, citó a Valdés y lo venció con un toque maravilloso. El ¡gooooool! se oyó hasta en la Luna. Por lo que supuso y por el momento en que llegó: al final, sin que el Barça pudiera reaccionar. Ni el árbitro. Porque al Barça le metieron el árbitro y su asistente en el partido. De una manera salvaje y atroz. Tamudo ya había marcado, esta vez aprovechando el pase de otro de sus grandes socios, De la Peña. El Barça achuchaba con más excitación e interés que fútbol. El linier que cubría su ataque ya se había equivocado señalando dos fueras de juego inexistentes a Tamudo y Luis García. El 0-1 fue inanulable, que si no... El partido se iba hacia el descanso con el Espanyol controlándolo cuando Messi, el que se sintió Maradona aquella noche con el Getafe, quiso serlo también en la trampa: manotazo ante la salida de Kameni, en un balón rebotado. Brazo extendido al máximo. La mano se vio en la Luna también. No Rodríguez Santiago, no su auxiliar. Un escándalo más en una historia preñada de ellos con el Barça de protagonista enchufado.

La locura. A la vuelta, pronto, Messi hizo el segundo. Jarque pidió obstrucción de Deco. Si no ven una mano como esa, imposible que capten tal matiz. El 2-1 en el Camp Nou pronto se repitió en La Romareda por obra y gracia del gran Diego Milito. El Camp Nou recordó Tenerife. Normal: por cómo pintaba que se iba a resolver el campeonato, por la influencia decisiva de los árbitros.

El Espanyol siguió a lo suyo. Valverde puso a Ángel, buen tocador. Al imprevisible Jónatas. Al mencionado Rufete. Cambios de entrenador, de equipo que no se rinde. El reloj corría y corría. Laporta palmeteaba las manos de sus vecinos, pero dieron las 22:47. La hora de Tamudo, la del polvo del siglo. 9 de junio, Fiesta Nacional del Perico.