El Madrid acaricia la Liga
Ruud Van Nistelrooy se está convirtiendo en el jugador más decisivo en este tramo final del campeonato. Logró los dos goles del Madrid, con los que neutralizó el doblete de Diego Milito, y acercó a su equipo a un título que era impensable hace meses.


Nueve meses de competición, 37 jornadas disputadas hasta ahora y todo se acaba por decidir en un minuto. Un minuto mágico para el Real Madrid, que acaricia una Liga que nunca tuvo tan en su mano, y trágico para el Barcelona, que se vio tan campeón hace meses como en esta jornada y ahora ve impotente que el único que puede perder ahora el título es el Madrid.
Hay equipos que juegan mejor, con más variantes y recursos tácticos, pero pocos pueden presumir del carácter y el orgullo que ha exhibido el Madrid en los últimos meses. Se le vio destrozado cuando un mediocre Bayern le eliminó en la Champions, pero supo reaccionar cuando peor estaba, tres días después en el Camp Nou, y desde entonces sólo ha perdido en Santander contra el Racing.
Escribió Mitch Albom en su entrañable libro "Martes con mi viejo profesor", que "cuando aprendemos a morir, aprendemos a vivir". El Madrid se vio muerto, roto, pero a base de orgullo, de ese orgullo que hizo grande al club, y de una actitud envidiable de los jugadores, como hacía tiempo que no se veía, ha recuperado la sensación de ver a sus rivales instalado en el primer puesto.
El inicio de encuentro fue eléctrico, con los dos equipos muy enchufados, centrados y bien metidos en el partido. No era algo trivial lo que había en disputa. Zaragoza y Real Madrid ponían en juego esta temporada y la próxima. La presencia en la UEFA y el título e incluso eludir la ronda previa de la Champions si al final los dados iban mal tirados. Demasiada responsabilidad como para vivir ajeno a ella. Y al Madrid le acabó por afectar. No estuvo cómodo, no encontró su sitio en el mojadísimo césped de La Romareda, regado por la lluvia que acompañó durante el choque.
Choque incómodo
Buena parte de responsabilidad también tuvo el Zaragoza, que le presentó al Madrid un encuentro incómodo, de ritmo alto, interpretado a gran velocidad. Nada bueno para Emerson y Diarra, incapaces de sostener al equipo por el centro, y nada bueno para los defensas, asediados sin descanso. Ewerthon y DAlessandro aprovecharon esa autopista que no supo cerrar el Madrid para desnudar a la zaga de Capello. Con su velocidad y los inteligentes movimientos de Diego Milito, un delantero centro de verdad, dejaron en evidencia con demasiada frecuencia a hombres como Roberto Carlos y Sergio Ramos, que no siempre supieron elegir con inteligencia cuál era el momento para mirar hacia arriba y descuidar su trabajo en defensa. Demasiados metros para que pudieran imponer su ley Cannavaro y Helguera, sustituto a última hora del lesionado Torres.
La superioridad local era evidente y la consecuencia de ese dominio llegó a la media hora, cuando Undiano Mallenco pitó penalti en una acción algo confusa de Helguera sobre Aimar. Pudo señalar falta o mano del central, que la hubo. Si lo que le llevó a indicar los once metros fue la falta, se podrían buscar argumentos para la discusión. Si fue por la mano, que reclamaron involuntaria los madridistas, hay menos dudas del acierto de Undiano. Sea por lo que fuere, el caso es que Diego Milito se situó en el punto de penalti, observó a Casillas y le engañó con facilidad.
Se le empinó más de lo previsto al Madrid la cuesta hasta el título y no se quitó el agobio de encima hasta el tiempo añadido, cuando César despejó en la misma línea un buen cabezazo de Van Nistelrooy tras un pase de Sergio Ramos. Se fue el Madrid a los vestuarios dejando atrás la sensación de que estaba siendo superado por el partido y por el rival. Se dio cuenta Capello y rectificó en el descanso, algo que se ha hecho ya costumbre esta temporada, cuando los errores de planteamiento los tiene que corregir el italiano en los vestuarios. Dejó en el banquillo a Emerson y Raúl y le dio la alternativa a Higuaín y Guti. El Madrid mejoró, metió una velocidad más a sus acciones y empezó a recordar a ese conjunto intenso de los dos últimos meses, que sabía sobreponerse a cualquier dificultad y salía cada vez más fortalecido de esa lucha contra rivales y contra sí mismo, en muchas ocasiones.
Van Nistelrooy
Obtuvo su recompensa a los once minutos, cuando Beckham sacó una falta y Van Nistelrooy cabeceó sin oposición y como piden los clásicos, picando la pelota, para sumar su 24º gol en esta Liga. Se alteró el Zaragoza y se dibujó una pequeña sonrisa en el Madrid, que recuperó el ánimo y llevó el choque a donde quería. Pareció que el Zaragoza, que había cambiado poco antes la velocidad de Ewerthon por las presuntas ideas que alguien quiso ver hace tiempo en Movilla, se había ido del encuentro y era el Madrid quien llevaba la iniciativa. Y en verdad fue lo que sucedió hasta el final, que los de Capello mandaron y los de Víctor Fernández se defendieron. Pero el que se adelantó fue el Zaragoza. Pablo Aimar, que apenas había vuelto a aparecer desde la acción que originó el penalti, se marcó un jugadón espectacular desde el centro del campo, cedió el balón a Diego Milito en el área y éste definió con grandeza, después de recortar a Roberto Carlos y colar el balón bajo las piernas de Casillas.
Esa media hora que transcurrió hasta el final del choque fue un asedio del Madrid, sin muchas variantes, pero con la fe de quien lo vio todo perdido y sólo su orgullo le puede llevar a la gloria. Con César demostrando su profesionalidad y convirtiéndose en una barrera insuperable para Higuaín.
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Cuando nadie que no fueran los propios futbolistas creía en las posibilidades de este grupo llegó su minuto mágico, ese momento que cambia una Liga y a unos les devuelve la gloria y a otros los deja lamiéndose sus heridas. Porque el gol del oportunista Van Nistelrooy, y van 25, coincidió con el de Tamudo en el Camp Nou. Dos empates que dejan la Liga en manos de un Real Madrid que estuvo muerto hace meses y lo volvió a estar varias veces esta jornada. Y aún tuvo tiempo Diarra para conseguir la victoria después con un cabezazo que se perdió alto.
Ahora todo depende del Real Madrid, tiene la Liga en sus manos. Si vence en la última jornada al Mallorca en el Santiago Bernabéu sumará su 30º título.



