La Romareda se va a poner a reventar
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La Romareda no se llena con frecuencia. En casi 20 años lo ha hecho dos veces: en la desesperada eliminatoria de promoción frente al Murcia, en el final de la temporada 1990-91; y en un Zaragoza-Celta de final de la 2000-01, cuando el equipo aragonés eludió el descenso un año antes de caer a Segunda. En muchos partidos ha habido sensación de lleno, pero el cartel de no hay billetes es caro de ver. Hoy lo colgarán. En cuanto esta mañana se abran las taquillas, el papel va a salir volando.
El partido del sábado tiene a la ciudad en un hervor contenido, pero el borboteo se percibe a poco que uno pegue el oído a las paredes del zaragocismo. Zaragoza vive siempre muy pendiente de su Zaragoza, aunque lo haga a la escéptica y exigente manera aragonesa. Pero la ocasión es grande y La Romareda va a reventar. El parón sólo ha servido para inflamar la ansiedad, la anticipación, los cálculos y la picaresca. Muchos quieren amortizar el abono de la temporada de un golpe; otros quizás usen ese dinerito extra para brindar por la victoria con champán francés y una buena cena. Pero que a nadie le quepan dudas: aquí puede que se alquilen los carnets, pero no se alquilan los sentimientos.




