Primera | Sevilla 3 - Zaragoza 1

Programado para ganar

El Sevilla sigue en la Liga y el Zaragoza se complica

<b>ALEGRÍA. </b>Los jugadores  del Sevilla festejan el gol conseguido por Luis Fabiano.
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Este Sevilla ni siente ni padece. Simplemente, obedece fielmente las órdenes. Su organismo es tan perfecto que ha dejado de ser humano para ejecutar las misiones como máquinas. Juande lo activó en su día y ha conseguido que las mentes de sus jugadores se programen sólo para ganar. No hay dudas, cansancio, errores, desajustes, desconciertos, relajación, conformismo. Los robots no se arman con defectos. Es una máquina perfecta con ambición (Alves), calidad (Luis Fabiano), velocidad (Adriano y Navas), contundencia (Javi Navarro), profesionalidad (Palop, Drago), efectividad (Kanouté y Kerzhakov), estilismo (Escudé), fortaleza (Poulsen). Un equipo que da gusto ver. Un huracán desatado de fútbol puro, sin impurezas y con un estilo atrevido, el del maestro Juande.

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Ante tanto juego mediocre, el Sevilla aparece para agradar la vista y hacer afición. Ya está entre los grandes a golpes de exhibición. Destrozó al Zaragoza con momentos bellísimos, con llegadas eléctricas y sin gotas de especulación. Ni siquiera el empate incitó a los sevillistas a entregarse tras una eterna temporada y con las alforjas cargadas con el título de UEFA y la final de la Copa. Las máquinas no sienten el dolor.

El Sevilla salió, como siempre, con decisión y muy enchufado. Se apoderó del encuentro para hacerse aún más respetado por el rival. Adriano era una bala y su choque con Diogo le metía chispa al encuentro. Aunque parecía cuestión de tiempo, el Zaragoza no se asustó. Zapater tomó el mando y acompañado por D'Alessandro y Aimar tocaban con calidad y desparpajo. Era una clara advertencia al poderoso Sevilla. A la mínima, mordería. Se trataba de un simple mecanismo de defensa ante lo que se les venía encima. Y así fue. En una de las múltiples llegadas, Luis Fabiano se inventó un regate fabuloso a Sergio, disparó con la izquierda y remató la acción con la derecha. El huracán se lanzó a por más. Tras el descanso, el Sevilla firmaría unos 20 minutos ma-ra-vi-llo-sos. Adriano llegó con veneno, Alves vivía en el área y Kanouté se permitía el lujo de fallar un penalti. La ineficacia pudo costarle cara. D'Alessandro se encontró con un gol directo de córner (ayudado por Alves) que provocó los únicos instantes de descomposición en el Sevilla. Ewerthon lanzó un disparo al larguero. Pero la máquina arregló los desajustes y se rearmó con Kerzhakov. Activada de nuevo, acabó con el desbordado Zaragoza. Ya tiene la Champions. Madrid y Barcelona sienten su respiración.

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