Caparrós no sabía dónde se metía
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Que Caparrós dejará el Depor en junio es más que un secreto a voces. Se ha encargado de dejarlo entrever (siempre por pasiva) en las últimas cuarenta ruedas de prensa. La incógnita es cómo le recordará la historia del deportivismo. Empezó con fuerza, con promesas de cantera (uno de los lunares del club desde los 80) y con un discurso que caló en la afición. Pero un equipo torció su trayectoria: Osasuna. Lendoiro no perdonó los gritos de Riazor. "Caparrós sí, Lendoiro no", decían. Con un golpe maestro, el presidente dejó claro que el técnico sí había negociado con el equipo rojillo y que, por lo tanto, había mentido. La tormenta pasó, pero como en una pareja infiel, la confianza de parte de la afición en Caparrós nunca volvió a ser la misma.
No es ese Arsenio entrañable, ni ese exitoso Irureta. Ni siquiera llega a ser el polémico Toshack. Y es que a Caparrós le ha tocado vivir la etapa más anodina (deportivamente) desde que nació el Superdepor. En un momento en el que el club necesita más un buen abogado que un buen entrenador, nadie puede poner ni un pero a los números del utrerano. Ha sacado petróleo a la peor plantilla del Depor en 15 años, pero al final su único legado al club será la apuesta por la juventud. Caparrós se irá y la impresión que queda es la de que cuando llegó no sabía dónde se metía.



