Primera | Barcelona 1 - Betis 1

Sobis hace líder al Madrid

El brasileño apuntilló al Barça en el 89.' Los blancos son primeros. Pitos del Camp Nou a su equipo al final del partido. El Betis ve más cerca la salvación.

<b>CAMBIO. </b>Rijkaard sustituyó a Ronaldinho en el minuto 66.
Gabriel Galán
Actualizado a

Así es el fútbol. Tan bonito, tan ilusionante, tan interesante... pero a la vez muy loco. Nadie esperaba un desenlace tan frenético y mucho menos que el Real Madrid fuera líder a falta de cuatro jornadas para el final. Así es el fútbol. Por deméritos propios, pero también por los méritos de los rivales, el Barcelona se complica muchísimo una Liga que acariciaba hace pocas semanas. El Madrid atrapa el primer puesto lleno de fe, en un momento decisivo y depende ya de sí mismo. Y el Sevilla, que pareció descabalgarse en el Bernabéu hace unos días, se sube de nuevo a la lucha por el título.

Y la Liga pinta blanca porque el hambre ha cambiado de acera. En Barcelona se han (mal) acostumbrado a ganar en los últimos tiempos y ya todo parece poco. Ayer, tras la debacle de Getafe, el equipo de Rijkaard se dejó medio campeonato en el penúltimo suspiro, cuando más duele. Sobis, heredero bético de Oliveira, disparó un cañón que rompió el corazón culé. Ni el salvador Víctor Valdés pudo impedir que el Betis saltara la banca y pusiera la Liga patas arriba. Tampoco Etoo, sin suerte, y mucho menos Ronaldinho, que se quitó del cartel hace mucho tiempo. Ya ni sonríe.

Quizás la Copa, ese torneo que nadie le echa cuenta, ha podido ser de nuevo el verdugo de un gran equipo. Ya lo fue con el Real Madrid, en aquella final perdida ante el Zaragoza. Desde entonces, en Chamartín no saben lo que es ganar un título. Ahora parece que el ciclo ha cambiado. El Barcelona pudo dejarse en Getafe más de lo que pensaba, más que una gran final de Copa ante el Sevilla. Los azulgranas perdieron la credibilidad que les quedaba, y sólo una gran reacción y un despiste merengue hará cambiar las opiniones de mucha gente.

Y eso que todo parecía un mar de rosas a pesar de la derrota en el Alfonso Pérez. En la salida del equipo al campo, apenas se escucharon pitos. Más bien todo lo contrario. El himno y las ganas por ser campeones de Liga primaron sobre el miedo culé. Nadie imaginaba el final, ni el peor de los agoreros. El Betis esperaba una pañolada y el buen recibimiento les cambió el chip. Sobre todo a Melli, que se pasó de revoluciones y derribó a Deco dentro del área. Tan poco tiempo, tan poco trabajo para tanto valor. Ronaldinho, en su única aparición (minuto 5), no desaprovechó el regalo. Contreras se estiró, pero no lo suficiente.

Mejor juego.

Sin quererlo, el Barça ya se veía por delante en el marcador. Y el Betis se temía lo peor. El partido de la temporada pasada (5-1) sobrevoló la mente verdiblanca, sobre todo cuando Etoo, que sí sigue con hambre de títulos, mandó fuera un cabezazo a apenas un metro de Contreras. El camerunés tenía ganas de marcha y se inventó una chilena que no fue gol por poco. Y después con un disparo cruzado. Melli, en cambio, volvía a recordar a aquel Melli que se marcó dos goles en el mismo estadio hace sólo un año. El Barça jugaba, andando, pero jugaba, lo que valía, por lo menos, para no pasar apuros.

Luis Fernández ya había comentado durante la semana que su equipo no iría de paseo a la Ciudad Condal. El técnico francés no se equivocó, pero le faltó poco. Sin precisión y sin apenas juego, el Betis sólo creyó en sí mismo cuando vio a su rival desfondado. Daba igual que el Barça jugara a medio gas, o ni eso, y mucho menos que el descenso estuviera a la vuelta de la esquina. La primera parte verdiblanca fue para olvidar, y eso que Fernando tuvo en sus botas el 1-1. El malagueño, otro que no anda nada bien, se estrelló ante Víctor Valdés. No fue gol, pero sirvió para meter miedo. No era poco.

Tras la reanudación, Rijkaard comenzó a ver que el partido no era de su gusto. Quitó a Ronaldinho (quién le ha visto y quién le ve) para que Edmilson reforzara la medular. Su homólogo verdiblanco, se la jugaba con Sobis y Robert. De nada le valía el 1-0 y no tenía nada más que perder. Xavi, Deco e Iniesta apenas trenzaban jugadas y ese peligro local de la primera parte no aparecía. Messi se marcaba a sí mismo con muchas jugadas individuales. Sólo Etoo tiraba del carro, pero sin puntería. El Betis comenzó a creer que el empate, como mínimo, no era ninguna quimera. Salió Assunçao en busca de un punto. Más dinamita y más miedo local.

En una gran jugada visitante, Isidoro casi echa a la calle a su Pedrera natal. El canterano se plantó ante Valdés, pero el guardameta le adivinó el disparo con grandes reflejos. Faltaban cuatro minutos y en el Camp Nou se escuchaban unos suaves pitos. Era como si la tragedia (deportiva) estuviera cerca, como si de un plumazo desapareciera lo 'poco' que les quedaba. Entre tanto miedo, Sobis aprovechó un despiste en defensa tras una falta para batir a Valdés. Medio Madrid y toda Sevilla saltaban de alegría. Parte de Barcelona comenzaba a llorar. La Liga cambiaba de acera, a la peor acera posible.

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La prolongación dio también para mucho. En un arranque de genio, Iniesta pudo cambiar los llantos en felicidad, pero nada. No era la noche, y ya van varias, del Barcelona. El partido ponía su fin y muchos culés recordaban los fallos. Para ellos también sirve ese dicho del que perdona la paga. En Heliópolis, daba igual que el empate beneficiara al Sevilla, porque la salvación la tienen mucho más cerca. Hace dos años, Pino Zamorano les birló los puntos en el último segundo en uno de los peores arbitrajes que se recuerdan. Quizás el fútbol tiene memoria y ayer la tuvo en la Ciudad Condal. Como ocurrió también a unos kilómetros de allí, en aquella final de Copa entre el Real Madrid y Zaragoza. Por eso es tan bonito este deporte. Así es el fútbol.

Ahora quedan cuatro jornadas de nervios y tensión. También de llantos y alegrías. En Barcelona no arrojan la toalla, pero saben que la Liga ahora está un poco más lejos. El Betis, por su parte, espera el momento para certificar la salvación. Pero quien más se alegra es el Real Madrid, que es líder. Así es el fútbol.

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