Europeo Sub-17 | España 1 - Bélgica 1

De Gea secundó a Bojan, y a la final

La Sub-17 ganó en los penaltis un partido de infarto

<b>UNA PIÑA. </b>Como no era para menos, dada sobre todo la tensión de los penaltis, la Selección celebró la clasificación para la final por todo lo alto.
Aritz Gabilondo
Redactor jefe
Aritz Gabilondo (San Sebastián, 1980) es redactor jefe de fútbol internacional de AS. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra, empezó su carrera en El País y desde 2002 trabaja en AS. Ha cubierto Mundiales, Eurocopas y Juegos Olímpicos para este diario. Es comentarista de fútbol internacional en Cadena Ser, Movistar+ y Mediaset.
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La historia no estaba así escrita, pero terminó siendo una novela de intriga, con final feliz, aunque lleno de pasajes de pánico que no pudieron con un grupo de jugadores orgullosos además de talentosos. España jugará la final del Europeo Sub-17, pero lo hará tras caminar por el desierto durante horas y sin agua, un desierto que los belgas habían planeado meticulosamente y que sólo pudo ser atravesado mediante los fatídicos tiros de penalti.

El ritmo cansino inicial que no permitía generar fútbol maniató desde el principio a España. Acostumbrado este equipo a hacer ocasiones con una facilidades pasmosa, extrañó que tan sólo un acercamiento de Ismael hiciera que los belgas apretasen las tuercas. El encuentro lo tenían controlado y la sensación era que España debía cambiar la forma de afrontar el partido si quería meterse en la final.

La segunda parte, aunque en el mismo tono, se abrió un poco. Fran Mérida fue apareciendo y surgió imponente la pequeña pero peligrosa estampa de Bojan, cuyas acometidas cada vez era más considerables. La cosa estaba tomando un cariz favorable cuando Pichu Atienza vio la segunda amarilla y España se quedó con un jugador menos. En ese instante se nubló aún más el cielo de Tournai, una semifinal a priori accesible se convertía en una espiral de la que nadie sabía encontrar la salida. Los bucles y los rizos que adoptó el choque definitivamente nublaron la vista a la Selección. En plena crisis, una buena jugada de Hazard, interesante jugador éste, le plantó sólo delante del portero y su disparo se coló en la portería pese a los intentos del central Rochela por evitar que entrara.

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El tiempo se acababa y España estaba fuera, casi en la terminal del aeropuerto. Con un jugador menos y con los anfitriones por delante, sólo una genialidad podía hacer que la cosa cambiara. Y llegó. El genio fue el de siempre, Bojan Krkic, y el truco que se sacó de debajo de la manga se transformó en un lanzamiento que se coló por encima de Coppens. Ya antes el delantero del Barça había disparado con violencia, pero su lanzamiento se había estrellado en el palo espectacularmente.

La Selección volvía a estar viva, entraba de lleno en la pelea, aunque con unas heridas que le hacían estar muy magullado. La prórroga fue de nuevo un angustioso camino por el que vagar. En ese vía crucis, el árbitro anuló bien dos goles a los belgas y la sensación era que más no se puede hacer para derrotar a España. Los penaltis certificaron esa hipótesis. Bélgica tuvo el pase en su mano, pero no lo aprovechó y entonces apareció De Gea para parar el tiro decisivo y meter a su equipo en la final.

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