Si el Depor se divierte, a mí me vale

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Las estrecheces han devuelto al Deportivo a la clase media. Sin muchos mimbres y menos recursos, Caparrós se ha olvidado del fútbol con mayúsculas y ha sacado petróleo a base de morder atrás y exprimir cada gol como si fuese la única naranja en el desierto del Sahara. La fórmula le ha servido para llegar hasta estas semifinales de Copa y no pasar apuros en la Liga, lo cual ya es meritorio. Pero esto no sirve hoy porque el 0-3 de Riazor obliga a la épica, y para eso hay que arriesgar.
Por eso, me conformaría con que el Depor saliese a jugar al fútbol, a divertirse. No vale conservar porque no hay nada que guardar, no vale especular porque hay que ir a buscar, y no vale ser tímido porque el sonrojo ya se pasó en Riazor. Galicia es tierra de meigas, y ya se sabe que haberlas haylas. La verdad es que creo en ellas tanto como en los milagros, aunque también me acuerdo de Irureta prometiendo peregrinar a Pastoriza si el Deportivo eliminaba al Milán tras un 4-1 en San Siro. Al día siguiente, 4-0 en A Coruña y... a Pastoriza. Pues eso.



