Liga de Campeones | Milán 3 - M. United 0

Vendetta en Atenas

El 23 de mayo volverán a encontrarse Liverpool y Milán. Los italianos pasaron por encima del Manchester. Kaká ganó otra vez a Cristiano

<b>UNA PIÑA EN ROJO Y NEGRO</b>. La alegría fue total cuando el árbitro pitó el final del partido. Entonces, los jugadores se dirigieron al centro del campo para saludar a sus aficionados, haciéndoles reverencias por su apoyo incondicional. Gattuso, cabecilla en el campo, también fue uno de los líderes de la piña rossonera al final del encuentro. Atenas espera al Milán.
Actualizado a

El fútbol también tiene una lógica particular y un gusto por los buenos finales, que en este caso son las buenas finales. Es como si con el paso del tiempo este juego extraño fuera atando los cabos que deja sueltos, bastantes. Lo raro es que los círculos se completen tan pronto. Milán y Liverpool jugaron hace dos temporadas una de las finales de la Champions más hermosas y emocionantes que se recuerdan, con victoria inglesa en la tanda de penaltis después de que los italianos se fueran al descanso con tres goles de ventaja. Aquello merecía una continuación y una revancha, ya la tenemos: en Atenas, el 23 de mayo. No hagan otros planes esa tarde.

Para alcanzar ese final fue necesario que el Milán eliminase al Manchester United, club estandarte del fútbol atacante. Y no sólo hizo eso, sino que lo pasó por encima, con la rotundidad del que siente que no hay obstáculo suficientemente alto para tomarse la venganza pendiente. Fue un gran Milán, poderoso y formidable, sin más truco que el aliento de su afición y el ánimo de la vendetta. Que no es poco.

El temporal que azotaba Lombardía hizo remolino en San Siro. No había pasado ni un minuto de partido cuando Kaká ya se había internado en el área del Manchester, sembrando el pánico con un centro que se paseó por el escote de Van der Sar. En ese tiempo, Cristiano Ronaldo se había presentado con un taconazo histriónico e inútil.

A los dos minutos, Seedorf puso a prueba los reflejos del portero enemigo (y compatriota amigo) con un disparo violento que repelió un guante que echó humo. A los seis, Kaká remató flojo un centro desde la derecha de Oddo. A los once, se dieron por terminados los aperitivos. Primer plato: Seedorf, perseguido por la defensa rival, tocó la pelota con el bonete y se la regaló a Kaká, que se incorporaba como suele. Su chut con la izquierda batió a Van der Sar por bajo, que es donde tiene cosquillas.

El dominio inicial del Milán se convirtió en dictadura absolutista. En ley. El control fue tan apabullante, que resultó evidente el peso de la historia: seis Copas de Europa contra dos. Y un dato inapelable: sin que recordemos la brillantez de su juego (más bien todo lo contrario), el Milán jugaba su cuarta semifinal en los últimos cinco años. Hay equipos que acuden a las citas aunque sea en harapos.

Más que tímidos. El primer acercamiento del Manchester se retrasó hasta el minuto 19, cuando un tiro lejano de Giggs obligó a Dida a mancharse el costillar. Sólo eso. El portero del Cotton Club no volvió a salir de la garita en la primera mitad. Por cierto, qué lejos parece Giggs de sí mismo, de aquel futbolista que compararon con Best y al que sólo los insospechados genes servían para explicar su velocidad y su dribling: su padre fue un hábil jugador de rugby... de color, nacido en Sierra Leona.

Desbordado su centro del campo, el Manchester tampoco encontraba a sus unidades de rescate. Sin abastecimientos ni comunicaciones, Rooney era poco más que un marine entre charlies. Un soldado en línea enemiga.

Cristiano Ronaldo, por su parte, sufría muy pegado a la banda y, sobre todo, muy pegado a Gattuso, que le robaba balón tras balón como si le quitara las piruletas a un niño. Nadie mejor que un escocés como Ferguson debe conocer el carácter que imprime el Glasgow Rangers, club del que fue delantero el Sir y por el que pasó también Gattuso. Allí, el calabrés conoció oficio y esposa, Mónica, la hija del dueño de la pizzería La Rotonda.

Es la democracia del Milán, capaz de acoger en su equipo a un futbolista tan exquisito como Kaká (percha de Armani) y a otro tan burdo como Gattuso. Y capaz de hacer de ambos dos héroes y dos modelos. Triunfar con el talento o triunfar con el casco. La ovación que despidió a Gattuso cuando abandonó el campo superó en decibelios a la sustitución de Kaká. Será que ese estadio multiplica los méritos de la normalidad. Por algo se llama San Siro: el nombre del niño que sujetaba la bandeja con los panes y los peces que Jesucristo convirtió en festín.

Al filo de la media hora, Seedorf encontró el surco que había dejado el gol de Kaká. Todo comenzó con un desvarío. En plena zona de minas, Heinze comprometió a Vidic, que se resbaló y entregó a Pirlo. Su centro fue un tesoro. Seedorf controló, amagó y marcó, tan fácil. Después de ganar tres Copas de Europa con tres clubes diferentes (Ajax, Real Madrid y Milán), algo que nadie ha logrado, Seedorf, de 31 años, camina hacia su quinta final de la Champions. Y un recuerdo: el Madrid vendió a este futbolista por 4.000 millones de pesetas (costó 600) cuando sólo tenía 22 años. Quien crea que fue un buen negocio que no monte un bar. Se arruinará.

Leve mejora. El Manchester cambió en la segunda mitad, pero tan levemente que hubo que apreciarlo con lupa. Creo que le inspiró más la inercia y el miedo al ridículo que su verdadero ansia por vencer. Pudo influir también que el Milán se encogió para saltar, al modo de los guepardos.

Mientras los ingleses se afanaban en ganar metros, los Milánistas aguardaban el tiro certero de una contra propicia. En ese tramo, Kaká rozó el gol y Rooney fue víctima de un penalti, al ser desequilibrado cuando intentaba una chilena en el área italiana. Mal lugar para hacer piruetas.

Alguien debió explicárselo también a Cristiano Ronaldo, irritantemente frívolo, ausente en el momento de la verdad. Demasiadas veces, este futbolista se comporta como esos jóvenes que presumen de tubo de escape. Se trata de un magnífico jugador, nadie lo duda, pero muy pendiente y muy dependiente de su cuerpo, demasiado inclinado a mirarse los músculos en el espejo y en las carreras. No sería malo que Kaká le pasara los apuntes. Porque el brasileño ha ganado esta batalla.

A falta de poco más de diez minutos para el final, sucedió lo inevitable cuando el viento te empuja y tu corres: que vuelas. Ambrosini, oficinista aplicado, descubrió un cráter en el mediocampo del Manchester y lanzó por allí a Gilardino, que volvió a batir por bajo al gigante Van der Sar. El autor del gol había reemplazado once minutos antes al desconcertante Inzaghi.

Entonces, estalló San Siro (su otra denominación, Giuseppe Meazza, hace honor a un mítico jugador que ganó fama como interista y la pasaremos por alto). Ancelotti (47 años), Carletto, luchará por su segunda Champions como entrenador, Copa a la que debe sumar el par que ganó como jugador, un doblete profesional que sólo han conseguido Miguel Muñoz, Trapattoni y Rijkaard.

Noticias relacionadas

Mientras, su colega Ferguson (65 años) se quedaba a las puertas del sueño. Personalmente, me resulta difícil evaluar el palmarés de este entrenador. Si bien es verdad que ha ganado 18 grandes títulos al frente del Manchester, tampoco hay que olvidar que ha gozado de una oportunidad inimaginable en el banquillo de otros grandes clubes: 21 años en el cargo. No es raro que Queiroz se sienta allí más seguro.

Estoy por decir que el fútbol hizo justicia. Al Manchester le restan todavía la Premier y la Copa, mientras al Milán sólo le quedaba la dignidad apaleada de un club que esta temporada vivió con el lastre y la humillación del Moggi-gate. Suerte que a este juego le gusten los buenos finales. A nosotros también.

Te recomendamos en Más Fútbol

Productos recomendados