Primera | Athletic 1 - Real Madrid 4

Viejo Madrid de siempre

El equipo de Capello arrasa en Bilbao. Beckham y Van Nistelrooy, los héroes. La defensa del Athletic estuvo muy floja. San Mamés, ejemplar.

<b>SOCIEDAD PERFECTA.</b> Un sutil lanzamiento de falta de Beckham propició el cabezazo de Sergio Ramos, que abrió el marcador y encarriló la victoria madridista. El inglés iguala con Guti (cuatro asistencias) como el mejor pasador del Real Madrid. Nadie duda ya de las opciones al título del tercer aspirante.
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El Madrid ha vuelto. Siempre se espera que ocurra y por eso se anuncia generosamente a la menor sombra que se asoma por el horizonte. Pero ya es verdad, carne y hueso, ropa blanca. Sin que interese mucho de dónde vino ni qué autobús tomó, el gigante blanco ha regresado para ganarse el campeonato y para ganarlo después, que son cosas distintas. Nada que reprochar, sólo quitarse el sombrero. Había una vez un equipo extraño que sólo aceptaba retos extraordinarios. Como golear en San Mamés. Que no se culpe el Athletic, porque el escudo que tanto da, también despierta el hambre carnívora de los viejos rivales.

Aunque el resultado apabulla, no sorprende tanto si se ojean clasificación y trayectorias. Sorprendieron más las alineaciones. Mané apostó por Iraola en el pivote, junto a Murillo. Etxebe, Javi Martínez y Gabilondo formaban la siguiente línea, por detrás de Aduriz. Capello, por su parte, contó con Cicinho para el lateral derecho, un gesto atacante casi sin precedentes. Lástima que sus desmadres sean con Mirinda. Aprovechando la lejanía del Bernabéu, el entrenador volvió a señalar a Emerson como pareja de Diarra. Dato curioso. Después de tantas vueltas y convulsiones, Capello renunciaba a los tres refuerzos invernales (36 millones): Gago, Higuaín y Marcelo. Para este viaje no hacían falta tantas alforjas, por lo que se ve.

La consecuencia de los diferentes planes fue dispar. Donde quiso buscar finura, el Athletic encontró debilidad, eso que le sobra. Iraola, una jugador exquisito cuando se inclina hacia la derecha, resultó irrelevante en el centro de operaciones. Como vaporosos fueron Gabilondo y Javi Martínez en esa línea de abastecimientos que carecía de cañones y de mapas.

El Madrid se frotó las manos cuando descubrió que el adversario le oponía un mediocampo sin especialistas. Y que tras ellos no había absolutamente nada. Eso, que permitió respirar profundo a Diarra y Emerson, abrió un mundo para Beckham, al que estos partidos melodramáticos le sirven de inspiración. Desde el primer instante quedó claro que se había tomado el encuentro con un entusiasmo especial. Sí, es posible que sea un actor, pero de grandes escenarios. Y es fácil que San Mamés (dibujado por un arquitecto de origen irlandés, Manuel María Smith) le recuerde a esos estadios ingleses que cantan como los coros del infierno.

El caso es que, adornado por una cabellera que rinde homenaje a Lana Turner, Beckham se convirtió en uno de los héroes de la noche, el de la corneta. Cada vez resulta más evidente que este futbolista se irá a los Galaxy con dos años de adelanto sobre el horario previsto. En este caso, Capello ha rectificado demasiado tarde.

Achuchón.

El Athletic empujó los diez primeros minutos con el impulso de la historia, los discursos y el ánimo de una afición entera. En ese tiempo arrinconó al Madrid, si bien es cierto que cualquiera de sus arrancadas daban la impresión de tener más peligro que el sentido dominio rojiblanco. La impresión era cierta. A los 14 minutos, Beckham lanzó una falta desde la izquierda y Sergio Ramos marcó a medio metro del aftershave de Aranzubia. El centro fue sublime y el cabezazo perfecto, pero la jugada delataba a una defensa blanda y dulzona como un bocadito de nata.

Cuesta aceptar que un equipo como el Athletic no consiga ensamblar una defensa solvente y compacta. Clemente asegura que el problema es que los niños ya no quieren ser jugadores del Athletic, sino mediapuntas del Athletic, seguramente víctimas de una moda que sólo imagina a los ídolos con mechas y goles. Y eso suaviza la raza. Y la despeja de zagueros con bigote y porteros de negro.

El Madrid no había terminado de festejar el gol cuando Iraola pudo empatar. Pero su remate con la izquierda no tuvo orientación ni tino. Más cerca pasó el disparo cruzado de Etxebe. Y más clara que ninguna fue la ocasión que tuvo de nuevo Iraola, solo delante de Casillas. Así de bueno fue el pase de Aduriz. Esta vez el fino estilista se empachó de balón y de inocencia. Y tiró fuera. Mal día para afinar la puntería.

Finalizado ese tiroteo de confeti, el Madrid comenzó el suyo, con misiles tierra-aire. Raúl descubrió a Beckham con un toque delicioso y el inglés, en boca de gol, no peinó lo suficiente la pelota, tal vez porque después de visitar tanto la peluquería ya no sabe si luce tupé, trenzas o la cesta de frutas de Carmen Miranda.

Van Nistelrooy no es tan poético, pero conoce las lecciones imprescindibles. Por ejemplo, estar en el lugar adecuado en el momento preciso. Allí lo encontró el centro de Cicinho, que había subido la banda como sabe y puede. Gran jugador y pequeño dilema. El Madrid, en sequía de otros talentos en otras posiciones, dispone de dos laterales derechos formidables: Cicinho y Ramos.

El Athletic terminó de derrumbarse. Y encima llegó el descanso para rumiar la desgracia. El Madrid lo aprovechó para creer en las hadas y los milagros. En la Liga. Después, la reanudación abocó a los locales al intento suicida de una remontada y dejó a su enemigo en disposición de golear. Todos cumplieron su papel. La enérgica salida del Athletic la compensó el Madrid con cálculo y control, con tranquilidad. De ese manera marcó Van Nistelrooy el tercero. Cicinho quiso chutar a portería, pero le salió una asistencia. Y el delantero centro no perdonó. Su cañonazo raspó una patilla de Aranzubia, que se quedó petrificado. Por cierto, no se recuerdan defensas alrededor del holandés. Desde hace bastante tiempo nos preguntábamos de qué sería capaz un nueve puro en el Madrid. Ya lo sabemos: 18 goles en Liga (y un penalti fallado).

El sueño.

En ese instante, el Madrid dio la sensación de ser lo que sueña Capello. Un grupo implacable y con el puño de piedra, un ejército demoledor que hace flexiones en el barro. En definitiva, un gran equipo según determinados criterios de belleza. Un verdadero aspirante a ganar el título.

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En esa situación tan crítica el Athletic demostró que no hay huracán que lo rinda. Y esa es su esperanza de salvación, el orgullo. Llorente marcó a falta de diez minutos y el equipo reaccionó con la misma conmovedora ilusión que la grada. La imagen del gol también ofreció una reflexión: con Llorente en el banquillo, el Athletic se pierde una opción. Y algo semejante podría decirse de Urzaiz: salió demasiado tarde.

Guti zanjó la cuestión cruelmente. Cabalgó en un contragolpe y burló la salida de Aranzubia con una hermosa vaselina que ni siquiera tuvo que volar demasiado. No creo que fuera un gol superfluo. Sirvió para confirmar al aspirante y asustar a los otros rivales, los que miran. Quién lo iba a decir. Tanto imaginar el futuro y el Madrid regresa por el pasado.

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