Osasuna se comió al campeón
Soldado, en una falta, hizo el gol de la victoria. El Sevilla jugó sin ideas, sin fútbol y maniatado

Vístete de rojo y a luchar! Participa en la batalla", así rezaban cientos de carteles pegados por todo Pamplona alimentando el sueño del pueblo navarro. Osasuna preparó con deseo su lucha y contó con soldados hipermotivados que paralizaron el juego del campeón. El Sevilla no estuvo nunca enchufado, se postró de rodillas y salió del Reyno de Navarro con la herida que le provocó una dolorosa banderilla y el desgaste de sentir como Osasuna salía victoriosa, una vez más, de estos duelos particulares.
Sólo en los primeros instantes los de Juande se asomaron por el área rival. El Sevilla salió recostado en la banda derecha y Kanouté amenazó con un remate forzado inquietante. Era parte de la estrategia de Ziganda: aguantar el temido arranque del Sevilla y ganar terreno metro a metro, segundo a segundo. Osasuna comenzó a adueñarse de TODO muy pronto. Fue una misión paciente, sin fuegos de artificio, sin espectacularidad. Sin darse cuenta, los sevillistas se sintieron atados de pies y manos. El equipo perdió verticalidad; Luis Fabiano mostró su cara indolente; Kanouté, muy lento y atascado; Navas y Adriano, sin chispa ni ideas y Alves, un desconocido. El feroz trabajo de Poulsen ocultaba las carencias defensivas y mantenía que la tropa rojilla avanzara con más celeridad.
Los defectos del Sevilla reforzaron los argumentos de Osasuna. Juanfran y David López exprimían su velocidad, Raúl García y Puñal se hicieron gigantes, Milosevic planteó su guerra particular y Soldado era un peón inquietante y... eficiente. Este dibujo apareció en el ecuador de la primera parte y se alargó hasta el final. El Sevilla no salió nunca de su empanada mental. En cada falta en contra sufría calamidades. En una de ellas, Soldado se comió a Drago en el salto y mató la ida. El Sevilla no supo rearmarse ni con el parón que provocó la lesión del caserillo colegiado. Una llegada de Kerzhakov pudo firmar el milagro. Hubiera sido injusto. Su criptonita 'anti-Sevilla' funcionó. Queda la vuelta. Fuego y pasión en Nervión.
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El detalle: Hubo tensión en el césped
Luis Fabiano fue sustituido, pero antes se enfrentó en una pequeña tangana a Cruchaga, Izquierdo y Cuéllar. Los rojillos le acusaban de haberle dado un pisotón al capitán navarro. Al final, los dos vieron la tarjeta amarilla.



