A medio camino de Glasgow
Moisés, Pandiani y Coro fueron los autores de los tantos en un encuentro definido en gran parte por la calidad de Iván de la Peña, que manejó el juego a su antojo.


La principal atracción del encuentro era el duelo Diego-De la Peña, y el que saliera victorioso habría dado un paso de gigante para que su equipo se llevara el encuentro. Como era de esperar, ambos equipos intentaron desde el comienzo que su juego comenzara en las botas de sus dos artistas, pero Diego estaba mucho más vigilado que el buda blanquiazul. La jugada era siempre más o menos la misma. El brasileño tocaba el balón y un segundo después ya había sido derribado. Puede que sea la única forma de pararle pero el riesgo era enorme.
Aún sin contar con la aportación del 10, el Werder fue el primero en inquietar el marco contrario, aunque la defensa espanyolista no daba ni un centímetro a Klose y Hunt, y si se lo daban siempre había alguien ayudando.
Tras unos primeros minutos titubeantes, en los que se notó la mayor experiencia internacional de los jugadores alemanes, apareció la figura de De la Peña. Thomas Schaaf había optado por dar cierta libertad al cántabro. Grave error. Iván hizo un despliegue magistral. Dominó el tempo del encuentro y movió el balón constantemente, con velocidad, con criterio. El Espanyol comenzó a encerrar al rival en su área, y fruto de este dominio llegó la primera oportunidad. Jarque, tras un remate en semifallo de Rufete y en fuera de juego, bate a Wiese de espuela. El tanto no sube al marcador pero ya se había dado un aviso a los alemanes. Minutos después el aviso pasó a mayores y Moisés hacía estallar de júbilo las 40.000 almas que no habían parado de animar a los de Monjuitc. De nuevo un centro de Rufete, esta vez intencionado, fue magistralmente rematado de cabeza por el mediocentro.
Las consecuencias del tanto fueron inmediatas. El entrenador alemán mandó dinamitar el juego de De la Peña costara lo que costara, pero la ofensiva local no se resintió, entre otras cosas porque parecía que ni Baresi hubiera podido parar a Iván esta noche, y el ex blaugrana hacía mejores a sus compañeros. Tamudo daba clases prácticas de picaresca y movimientos, cayendo a las bandas constantemente para ayudar en la salida del balón. El buen momento de Riera y la persistente brega de Rufete terminaban de componer un panorama que impedía al Werder mirar descaradamente hacia adelante.
Aún así los alemanes tuvieron sus opciones, aunque siempre se toparon con Iraizoz. El pamplonica envió a córner un fortísimo lanzamiento de Torsten Frings que a la postre fue la única y más clara ocasión de los teutones. Antes del descanso a punto estuvo el Espanyol de conseguir el segundo a través de un fallo de la defensa contraria, que envió una cesión suicida a su portero. Wiese salvó el peligro con la cabeza y sobre la misma línea de gol.
Se desata la fiesta
La segunda parte tenía que servir para intentar aumentar la ventaja. Los nervios del comienzo habían desaparecido completamente, y el Werder, que antes del encuentro parecía poco menos que invencible, era ahora un conjunto de seres terrenales, capaces de errar y sufrir. Además, la vuelta en Alemania será un infierno elevado a la máxima potencia.
Evidentemente todo esto lo sabían los jugadores y Valverde se había encargado de transmitírselo en el vestuario. La arenga surgió efecto. A los cinco minutos de la reanudación, un córner magistralmente botado por De la Peña es cabeceado al fondo de la portería por el Rifle Pandiani.
Lejos de conformarse con el marcador, ese ejército perfectamente dirigido por el Zar Iván que fue hoy el Espanyol, aprovechaba cualquier oportunidad para salir a la contra. Tocaba guardar la ropa, al menos hasta que pasara el chaparrón que se avecinaba, y lo hicieron perfectamente los espanyolistas hasta que De la Peña volvió a encontrar un espacio donde enviar el balón para que Tamudo hiciera gala de su velocidad. El delantero esquivó a Wiese en su salida y el guardameta no tuvo más remedio que derribarlo. Roja directa y más de 30 minutos por delante para tratar de matar el encuentro y quizás la eliminatoria. El partido estaba para eso.
Lejos de lo que cabía esperar, con la superioridad el Espanyol encontró más problemas para llegar al marco contrario. Valverde sustituyó a Pandiani, que tenía amarilla, por Ito para intentar amarrar el resultado. La ventaja era lo bastante buena como para darse por satisfecho. Durante gran parte de la segunda mitad, el encuenrto bajó de ritmo, incluso dispuso de una buena oportunidad el conjunto alemán tras un jugadón personal de Diego. La defensa periquita ya sabía lo que ocurría cuando daban la mínima oportunidad al brasileño.
Noticias relacionadas
Quitando ese sobresalto el Espanyol, ya sin De la Peña que había sido sustituido en medio de una impresionante ovación, se aproximaba al final del encuentro bajo una calma total. El Werder, exhausto, era un fantasma del equipo que es en la Bundesliga, y sólo una gran mano de Reinke evitó el tercero de Rufete.
Parecía que todo iba a terminar así, que no había necesidad de arriesgar para un buscar un gol no del todo necesario, pero el Espanyol de hoy era insaciable. Cuando estaba a punto de cumplirse el tiempo reglamentario, Riera finaliza una gran galopada por la izquierda con un centro medido a las botas de Coro, que no perdona y hace el tercero a placer. 3-0, el mismo resultado que no valió en la final de 1988, y ante un equipo alemán, para llevarse el título. Esperemos que esta vez sirva para llegar, al menos, hasta Glasgow.



