Primera | Sevilla 4 - Athletic 1

El Sevilla derribó el muro

La pareja L. Fabiano-Kerzhakov dinamitó al Athletic

<b>EXHIBICIÓN. </b>Kerzhakov celebra con Luis Fabiano su primer tanto y agradece el pase medido que le regaló el brasileño.
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El Athletic tendría que colocar a 300 espartanos en su portería para evitar que le pasara por encima este Sevilla ambicioso, valiente y poderoso. Mané incrustó a cinco tíos delante de su área, una línea de cuatro situada a continuación y un delantero jugando en la posición casi de pivote. Once defensas. Faltó el conductor del autobús. Muy antiguo. Una utopía, sobre todo cuando les tocaba aguantar los arreones de gente como Alves, Poulsen, Puerta y Kerzhakov. Si, para colmo, Luis Fabiano firma uno de sus encuentros más inteligentes y efectivos y Chevantón marca lo primero que toca, la inocente estrategia del Athletic pasa al capítulo de la anécdota, del mero trámite. El presunto muro vasco resistió la primera parte, gracias al penalti que Luis Fabiano tiró al palo, a las fuerzas intactas del inicio, al doble candado del Athletic en las bandas y al escaso rendimiento que el Sevilla le saca a los lanzamientos de faltas, una carencia que obliga al equipo a redoblar esfuerzos en partidos como ayer.

Un lanzamiento al palo de Etxeberria fue la única presencia ofensiva de los de Mané, que rezaban cada vez que el Sevilla desperdiciaba la enésima ocasión. Parecían niños en manos de adultos. Un equipo entregado a su fortuna, a la espera de no se sabe qué milagro. Aunque parece que este Athletic no está de recursos sobrados como para plantarle una lucha mucho más digna a la máquina de Juande Ramos. El Sevilla era dueño de todo y sólo necesitaba colocar la dinamita en el lugar apropiado para tirar la pared abajo. Luis Fabiano se infiltró en las tropas enemigas, colocó el explosivo que Kerzhakov se encargó de activar.

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Una apisonadora.

La barrera vasca se vino abajo como la mantequilla al lado del fuego. A partir de ahí, llegaría la exhibición. Kerzhakov demostró su poderío, su raza, su fuerza de cara al gol. Provocó el penalti e hizo el primer tanto. Un delantero rápido, con gol y entrega. Un lujazo. Luis Fabiano olvidó sus depresiones y sus historias para jugar al fútbol de verdad. Se convirtió en un segundo punta extraordinario, aprovechando su calidad para dejar en la cuneta a los rivales. De él nacieron los goles del ruso y de Chevantón y cerró su perfecta actuación con el cuarto. Entre tanto, Lafuente, que salió tras la lesión de Aranzubia, se tragó un disparo de Puerta y Chevantón salió de las tinieblas sumándose a la cuenta de goleadores. Por respeto, mencionaremos el despiste de Escudé que le regaló a Yeste un gol insignificante. El Athletic, desde el principio, asumió que no merecía la pena gastar munición alguna en una batalla que entendía perdida desde el inicio. Se entregó fielmente a su enemigo. El Sevilla también quiere la Liga y el jueves tendrá otra final: Osasuna.

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