Joaquín Caparrós

"Ni un huracán tiraría ya los cimientos del Sevilla"

"A dos partidos, este equipo es más complicado que el Barça", dice el técnico del Deportivo, quien no esconde la pasión por el Sevilla que le acompaña desde niño.

Joaquín Caparrós.
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Y el destino vuelve a cruzar su camino con el del Sevilla...

Desde octavos vengo diciendo que no quería encontrármelo hasta la final. Por mis sentimientos y por el potencial que tiene, prefería esquivarlo. A dos partidos, el Sevilla es más difícil que el Barcelona. Será complicado, pero nadie nos quitará la ilusión. Aunque sabemos que para echar al Sevilla fuera tendremos que hacer dos partidos perfectos.

¿Cómo explicaría a los que no le conocen que le cueste un mundo enfrentarse a su ex equipo?

En el fútbol, el dinero y lo material le han ganado el sitio a los sentimientos. Cuando uno siempre ha vivido queriendo a un equipo tanto, estas cosas se hacen más difíciles. A ello se le suma mi profesionalidad y mi deber de defender al Dépor. Es complicado desconectar de esta mezcla de sentimientos, porque hasta los seres más queridos dicen que no saben si quieren que ganes.

¿Le molesta que le pregunten si se arrepiente de la decisión que tomó de abandonar el Sevilla?

Cuando uno toma una decisión en la vida no hay que mirar atrás. Estos dos años me han servido para crecer como técnico. He vivido en otro club importante, en un vestuario que tenía que rehacerse. Había mucho trabajo y he estado cada minuto pensando en el equipo. Ahora me siento más entrenador. Si me hubiese quedado en el Sevilla, quizá me hubiera acomodado. No me arrepiento de nada.

Convivió con la evolución de la entidad, pero el crecimiento se ha disparado en los dos últimos años. ¿Pensó que esto sería posible alguna vez?

Todo estaba escrito. Se creó una gran infraestructura deportiva con Monchi a la cabeza, el presidente delegó, reinaban los conceptos de equipo y se sabía muy bien el perfil de jugadores que se quería. El Sevilla empezó a ser una máquina profesionalizada. Esto no existe en el fútbol español. Es el club de España con mejores estructuras. Pero si creces sólo en el área deportiva, el proyecto se queda cojo. Del Nido supo poner a grandes profesionales al frente de cada apartado de la entidad. La venta de los futbolistas consolidó la confianza y la credibilidad en lo que se estaba haciendo.

¿Los éxitos llegaron antes de lo planificado?

Cuando tienes las ideas claras, los tiempos se acortan. Los traspasos facilitaron que se dieran tres pasos en uno.

¿Se siente partícipe de todo lo que el Sevilla está consiguiendo?

No, en absoluto. Todo el mérito es de su entrenador, de los futbolistas y del grupo de trabajo. Posiblemente, la situación límite que sufrió el club era necesaria para la reacción posterior.

¿Podría toda esta gloria ser pasajera?

No es un sueño de dos años. Los éxitos tendrán una continuidad. Los cimientos son tan fuertes que ni un huracán podría ya con el Sevilla. Y más conociendo la fortaleza de Del Nido. Existe una inercia ganadora. Cada paso que se da es muy firme. Me recuerda mucho al Valencia, que lleva una década en todo lo alto. El año próximo se dará un pasito, y luego otro y otro.

¿Dónde radica el éxito?

Lo tengo muy claro: en el sen-ti-mien-to. Toda la gente que trabaja en el club siente lo que hay detrás: un sentimiento de 100 años y una afición que da la sangre.

Su discurso elogia siempre a Monchi y Del Nido.

Monchi supo rodearse de buena gente. Lo importante es saber elegir a las personas. Le dedica 24 horas a esto y el hecho de ser todos tan sevillistas ofrece un plus de compromiso imposible de cuantificar.

¿Y Del Nido?

Es pura ambición. Es un ganador nato que siempre aprieta. Si te duermes un minuto ahí está para darte un tirón de orejas. La filosofía del club la marca el presidente y, de momento, siempre ha acertado.

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Siente que a su proyecto le faltó un golpe de fortuna para ocupar un mejor sitio en la historia.

Siempre lo pensé. Estuvimos muy cerca de la final de la Copa y a un partido de la Champions. Pero así es el destino y hay que aceptarlo... Qué buena moraleja le he dejado. Un saludo.

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