Liga de Campeones | La pujanza del fútbol inglés

Inglaterra marca el paso en la Champions

El fútbol de clubes se mueve ahora al son que dicta la Premier

<b>NUEVA ERA. </b>Essien y Drogba, dos ejemplos del cocktail perfecto del futbolista de hoy: potencia física descomunal y sobresaliente técnica.
Guillem Balagué
Redacción de AS
Actualizado a

Allá usted si cree que la presencia casi unánime de equipos ingleses en las semifinales de la Champions es pura casualidad. O el hecho de que por segunda vez en tres años el fútbol español se queda sin representantes en el penúltimo escalón. O el dato revelador de que en ese mismo periodo ha habido seis clubes ingleses en semifinales, por sólo dos españoles y el Milán. El fútbol inglés ha sentado las bases de un futuro económicamente viable (y lucrativo), ha rectificado algunas de sus creencias más arraigas para abrirse de mente y seguir la línea marcada por un par de latinos (Benítez y Mourinho) y podría haber iniciado un dominio que va más allá del césped. Y nosotros nos estamos quedando atrás.

¿Por qué si no los americanos andan con prisa para invertir en clubes ingleses y no en españoles o italianos? Su planteamiento es sencillo: realizar una inversión considerable (pero no absurda o excesiva) para adquirir un club, cambiar su funcionamiento y, con la ayuda de las nuevas tecnologías, convertirlo de simple foco emocional local a producto universal. El beneficio empresarial es enorme.

Al margen de Roman Abramovich (que compró un equipo por haberse encaprichado del fútbol), algo habrán visto los Glazer (Manchester United), Hicks y Gillett (Liverpool), Lerner (Aston Villa) y últimamente Stan Kroenke (Arsenal) para invertir tanto dinero en un club inglés. Lo que se encuentran es una Liga en la que todos los clubes reman hacia el mismo lado, dirigida por un ejecutivo cotizado (Richard Scudamore, el jefe ejecutivo de la Premier League) y con un contrato de televisión espectacular (¡3.400 millones de euros por tres años!). Además de un margen de maniobra y beneficio suficientemente atractivo como para apartar a esos clubes de las manos de millonarios locales.

Cuatro grandes.

Es cierto que de momento parece que el salto de calidad lo han dado los cuatro equipos grandes, pero si esta progresión y estabilidad financiera continúa afectando al resto de la Liga inglesa, ¿quién dice que en pocos años no será la Premiership la que encuentre a tres equipos en los cuartos de la UEFA?

La mayoría de clubes ingleses continúan favoreciendo una política deportiva que, a la larga, también asegura éxitos: con contratos largos que salvo en contadísimas excepciones se cumplen siempre, a los entrenadores se les permite errar en los fichajes, en las alineaciones de los partidos importantes, en las decisiones tácticas. para corregirlo al año siguiente, o al siguiente, o al otro. Porque desde los despachos del club se tiene paciencia.

El Chelsea es un ejemplo de ello con sus derrotas prematuras en anteriores Champions, así como el Manchester United (su última aparición en semifinales fue en la temporada que la ganó, 1999). La fe en los proyectos iniciados es total, se cree en la capacidad de trabajo de los mandos intermedios y nada cambia a menos que un tsunami sacuda la estructura de un equipo.

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Aunque lentamente, la Premiership está aprendiendo. Ya ha comenzado a ceder y se contrata a preparadores con experiencia en el extranjero con independencia del idioma que hablen, fichando a futbolistas que saben preparar el cocktail perfecto para el fútbol de hoy (físico imponente y técnica depurada) y poniendo a los mejores profesionales a cargo de los clubes. La Liga inglesa ha llegado a lo más alto con la intención de quedarse un buen rato.

Y todo ello, además, aderezado con una normativa que impide que el nivel competitivo baje a causa de agentes y comisiones: sólo los futbolistas extranjeros que puedan acreditar el haber disputado al menos un setenta y cinco por ciento de partidos con su selección en los últimos dos años pueden obtener permiso para jugar al fútbol en Inglaterra. Y de los buenos se aprende...

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