Una milagrosa efectividad
El Tottenham sorprendió en el primer minuto. Kanouté y Kerzhakov, autores de la remontada

Fue un milagro, un golpe de fortuna siempre necesario para estar entre los mejores. El Sevilla salvó un partido al que cogió asco desde el primer instante y en el que nunca estuvo involucrado. Dos chispazos de suerte y la falta de puntería del rival le robaron al Tottenham un encuentro que fue suyo desde el arranque.
Nadie se explica cómo el Sevilla salió vivo de Nervión en una noche de Jueves Santo en el que su fútbol desapareció por completo. La velocidad y la mentalidad ofensiva del Tottenham sorprendieron a los sevillistas, que salieron despistados sin darle credibilidad al anunciado potencial atacante del equipo inglés. La falta de contundencia pasó factura muy pronto. En el primer minuto y medio, dio tiempo para que Berbatov asustara y Keane metiera el miedo en el cuerpo a todos con su gol. El objetivo marcado por Juande era destrozado en un suspiro. El Sevilla se flagelaba, se complicaba la vida de manera sorprendente y multiplicaba por dos la dificultad de la eliminatoria.
La cosa pintaba muy mal, sobre todo por las sensaciones que transmitía el equipo. Demasiadas dudas, escasa intensidad en una cita clave. Las bandas no existían y todo en el Sevilla era muy previsible. El bajo nivel del campeón sorprendió hasta al propio Tottenham, que se hacía dueño del partido con una exagerada facilidad.
Zokora era una pantera que se comía a Renato, fuera del partido por completo, y reducía a Poulsen a su mínima expresión. Los centrocampistas no apretaban, eran desbordados y Navarro y Escudé, temerosos, no daban nunca el paso adelante para zanjar las contras de raíz. Ese desconcierto beneficiaba los contragolpes de Lennon y Keane, que se convertían en balas escoltadas por la presencia intimidatoria de Berbatov.
El Jueves Santo iba encaminado hacia el drama, pero dos golpes mágicos, casi inexplicables por los méritos realizados, devolvieron la esperanza al Sevilla. El colegiado Alain Hamer facilitaba el milagro, convirtiendo un uno contra uno limpio de Robinson con Adriano en penalti. Sólo lo vio él. El malí Kanouté agradeció el regalo y lo aprovechó. Más tarde, Kerzhakov metía la cabeza en un córner que no supieron defender los ingleses y firmaba el segundo. Los sevillistas se frotaban los ojos. Sin llegar, sin hacer nada, el Sevilla arreglaba el error inicial. Un auténtico tratado sobre la efectividad en el fútbol.
Pero los goles no sirvieron para transformar la imagen del equipo. Ni siquiera la cercanía del desastre hizo despertar a los de Juande Ramos. Alves no aparecía. El golpe en la cabeza que sufrió en los primeros minutos pareció dejarlo fuera y el equipo notaba sus ausencias ofensivas, Navas hacía un fútbol de mentira, Kanouté simplemente merodeaba y el ruso Kerzhakov rezaba por un balón en largo que jamás apareció. Sólo Adriano aportaba las dosis de nervio que demostraban que el Sevilla no estaba muerto del todo. La segunda parte pasó a ser un suplicio.
El derrumbe físico que sufrió Berbatov fue una bendición para el Sevilla, que se limitaba a defender sin contundencia y atacar con escasa fe. Un par de andanadas de Robbie Keane hizo temblar a Nervión entero. Fue una noche inexplicable, milagrosa, con un resultado, eso sí, repleto de Esperanza.
Martin Jol: "El penalti, que no fue, lo cambió todo"
"Estoy muy decepcionado por no haber empatado. Todo el mundo ha visto que el portero puso las dos manos en la pelota. El penalti lo cambió todo. Estábamos controlando el partido, pero pudimos hacer algo más en el segundo gol del Sevilla. En la segunda parte creamos ocasiones importantes".
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Juande Ramos: "Para pasar hay que trabajar y sufrir"
"El penalti vino de una jugada bastante confusa. Había muchos jugadores y desde el banquillo no se ve bien. En una eliminatoria tan igualada y competida, es importante llevar un gol de ventaja. Ellos tienen allí el campo a favor, lo que iguala más la ronda. Quien quiera pasar, deberá trabajar y sufrir".



