Liga de Campeones | Chelsea 1 - Valencia 1

El Valencia se hace fuerte en Londres

Impecable primera parte del Valencia, que superó con autoridad a un Chelsea que sólo reaccionó con el gol de Drogba en la segunda. Nueva lesión de Vicente. Mestalla dictará sentencia.

<B>GOLAZO.</B> Silva firmó la mejor acción de la noche, un golazo que sitúa al Valencia en el buen camino hacia semifinales.
Óscar García
Jefe de sección
De Moratalaz. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense. Fue uno de los cinco primeros becarios en la historia de AS (1994). Estuvo seis años en PC Fútbol y entre 2002 y 2014 en AS.com. Pasó por TMG, A la Contra, archivo del Mº de Justicia y deportes de La Razón. En 2022 volvió a AS como jefe de sección de AS América.
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Un espléndido gol de Silva acerca a semifinales a un Valencia que demostró ser mejor equipo en la primera parte, pero acabó sufriendo en la segunda, en la que no disparó entre los tres palos. Y todo ello por un error defensivo que permitió marcar a Drogba y estuvo cerca de arruinar todo el buen trabajo hecho por los hombres de Quique Sánchez Flores.

Chelsea y Valencia son dos de los equipos más potentes de Europa, lo que en los tiempos que corren equivale a decir que el espectáculo no figura en su ideario futbolístico. Son dos conjuntos muy sólidos, ordenados, difíciles de superar en defensa, incomodísimos para los rivales, rápidos y letales al contragolpe. Acostumbran a ejecutar a los contrarios con un fútbol directo, pero debajo de tanto músculo y tanta disciplina se esconden futbolistas diferentes, con un toque genial. Cada uno en su puesto, Cech, Terry, Lampard, Drogba, Ayala, Albiol, Silva o Villa figuran entre los mejores jugadores de esta Liga de Campeones.

José Mourinho y Quique Sánchez Flores son dos entrenadores que ven el fútbol con gran facilidad, de los que empiezan a jugar los partidos y a ganarlos en la pizarra. Movieron sus piezas, empujados seguramente por las bajas, y el dibujo que quedó fue más atractivo en el Valencia que en el Chelsea. Mourinho dejó en el banquillo a Makelele y situó al joven nigeriano Obi Mikel como encargado de equilibrar al equipo en el centro del campo. Dio la banda izquierda a Kalou y a Lampard la responsabilidad de crear y conectar con Drogba y Shevchenko. Se supone que en esa labor debía contar con la colaboración de Ballack, que en ocasiones parece un futbolista prejubilado.

Descaro

El Valencia se presentó en Stamford Bridge sin miedo, con descaro, dispuesto a mandar y abrir el campo con dos extremos clásicos, Vicente y Joaquín. Con Albelda y Albiol, que abandonó el centro de la defensa, como guardaespaldas, Silva se sintió liberado para inventar y volvió a demostrar que es uno de los jóvenes con más talento del fútbol europeo. Tuvo tiempo de ayudar en defensa y firmó la acción más bella de la noche, una obra de arte, uno de los goles más bonitos de toda la temporada. Recibió el balón en la banda izquierda, nadie le presionó, avanzó hacia el vértice del área y nos regaló un zurdazo que envió el balón a la escuadra. Imparable, precioso, un tanto que justifica el precio de una entrada. Merece la pena acudir a un estadio sólo para disfrutar de acciones como ésta.

Ese golazo resumió el mejor juego y la superioridad del Valencia, que comenzó presionando muy arriba para obligar a que fueran Terry y Carvalho los que iniciaran el juego, con todas las limitaciones que tienen para ello los dos centrales. Nunca encontró el conjunto de Mourinho la línea a seguir y salvo las internadas de Cole y Kalou por la izquierda y el empuje de Drogba, el mejor de su equipo con una enorme diferencia, apenas asustó a un Valencia que no cometió grandes errores y supo manejar el partido cuando estaba empatado y desde que se vio con ventaja.

El único sobresalto en la primera parte lo vivieron los valencianos a los diez minutos, cuando Shevchenko controló el balón con la mano, encaró a Ayala, que se lo llevó por delante sobre la misma raya del área, y el balón acabó en los pies de Kalou, que disparó al larguero. El árbitro belga De Bleeckere no vio primero la mano del delantero ucraniano, que hubiera invalidado el resto de la jugada, y en la continuación de la acción tampoco pitó el penalti de Ayala.

No tuvo mayores complicaciones el Valencia para cerrar el primer tiempo con una sonrisa y es que a la fiabilidad que mostraron los hombres de Quique se sumó la falta de ideas del Chelsea, un conjunto tan rico en euros o libras como mediocre en su juego. El espectáculo, como los títulos, no se puede comprar. Y hasta ahora las decenas de millones de euros invertidos por Roman Abramovich en fichar jugadores y en pagar a Mourinho no han servido para ganar la Liga de Campeones.

Error defensivo

Claro que si se encuentra con errores como el cometido por el Valencia nada más salir del vestuario todo puede pasar. Cole recogió en la línea media un saque de Cañizares, devolvió el balón al área del Valencia, Ayala se comió el pase, Cañizares, como vive debajo del larguero, vio tarde la jugada y cuando se decidió a salir llegó tarde, lo que permitió a Drogba superarle con una vaselina de cabeza.

Este error dio la vuelta al partido y arruinó en gran medida el trabajo impecable hecho hasta ese momento por el Valencia. Se creyó alguien el Chelsea, terminó de desaparecer Joaquín, se lesionó Vicente, un futbolista maltratado por el infortunio, Villa siguió sin mostrar su mejor versión y Silva ya no estuvo tan activo.

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El Valencia no sólo perdió el balón, sino también el sitio en el campo y ya sólo vio a Cech de lejos. El Chelsea, que retiró a Obi Mikel y Kalou para dar entrada a Joe Cole y Wright Phillips, fue ganando metros con más fuerza que fútbol e hizo sufrir a los de Quique, que quizá debió dar algo de aire al centro del campo para equilibrar las fuerzas. Lo hizo a falta de cinco minutos, cuando dio entrada al portugués Hugo Viana por Joaquín. Algo tarde.

La superioridad del Valencia en el primer tiempo fue tan grande que el empate final, un magnífico resultado, deja un cierto regusto amargo. No obstante, el equipo que ahora está más cerca de las semifinales es el Valencia, que en la vuelta deberá aprovechar la fuerza que transmite Mestalla y, sobre todo, su mayor capacidad para generar fútbol.

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