El trabajo y Adrián no fue suficiente

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Alexei Stajanov estaría orgulloso del Deportivo. El comisario político de la antigua Unión Soviética alentaba a sus camaradas a un esfuerzo extraordinario para lograr los objetivos de producción. Caparrós impregnó de ese espíritu a sus jugadores, que salieron desde el primer minuto a comerse el césped del Camp Nou. En el centro del campo De Guzman y Juan Rodríguez se convirtieron en perros de presa de Xavi e Iniesta, perdidos sin balón. Cristian y Verdú, los niños de La Masía, gozaban en su vuelta a casa y creaban más de un problema, como la oportunidad de gol que un gris Estoyanoff no supo definir. Perdonar en fútbol es pecado, y si lo haces ante el Barcelona, más todavía. Messi, al borde del descanso, se lo recordó al Depor.
El golpe fue doble nada más iniciarse el segundo tiempo. El Barça trianguló como sólo él sabe hacerlo, pero fue un mal despeje de Andrade el que permitió a Etoo seguir engrosando su estadística ante Aouate (cinco goles en cinco partidos). Cualquier equipo se hubiese venido abajo, pero los stajanovistas 'babys' de Caparrós, no. El de Utrera buscó más sangre nueva en el banquillo y tiró de Adrián. El asturiano, a sus 19 añitos, pisaba por primera vez el césped del Camp Nou. Y en un suspiro hizo trabajar a Valdés y luego marcó un golazo pleno de potencia y definición. Era el premio al trabajo colectivo de un Depor que dejó una buena imagen, trabajó a destajo, pero que vuelve a A Coruña sin el premio de unos puntos en los que creyó.



