Primera | Espanyol 1 - Levante 1

Riera contentó a todos

Erró en el gol del Levante y asistió a Luis para el 1-1

<b>PROTAGONISTA. </b>Riera, en un acrobático remate que fue a parar al poste de Molina; el mallorquín estuvo omnipresente ayer.
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Montjuïc fue ayer testigo de uno de los partidos más feos de la Liga. Dudoso honor. Si la primera parte todavía tuvo su aquél, y dos goles, la segunda obligó a convertir cualquier análisis en un intento desesperado por no acabar ahorcado por el cable del ratón. Estamos convencidos que no fue por culpa de los jugadores, ni siquiera de sus cualidades técnicas. Fue por el cansancio de los españolistas y el miedo a perder de los levantinistas. Resultado: 1-1, al Espanyol que ya le vale y al Levante que le sabe a gloria mientras el Athletic de Bilbao siga durmiendo el sueño de los justos. Queda tanta Liga todavía...

Pese a la sosez de tarde, un jugador logró colmar las tertulias, las de Montjuïc y la de los bares de Valencia: Albert Riera. A los trece minutos -y tras un arranque en el que el Levante no marcó de milagro- Riera cabeceó hacia su defensa con tan mala pata que el balón le cayó suelto a Reggi. El argentino sacó de su trote medio macarra un tiro cruzado con la diestra inalcanzable para Kameni.

Riera vivió cinco minutos de poema, peleado con su fortuna aun sabedor de que Manolo Gaspar, el lateral del Levante que corría por su banda, no tenía ningún argumento futbolístico para frenarle más que hacerle falta tras falta. Cuando el disgusto ya se le estaba pasando, un error del propio Gaspar dejó al mallorquín solo ante Molina. El regalo lo aprovechó Luis García para igualar. Al 10 del Espanyol ni siquiera le dio tiempo para su hacer su voltereta. Corrió rápido para abrazarse a Riera, el hombre del partido. Y de la jugada de la tarde porque, antes del descanso, estrelló el balón en el poste tras un eslálom sensacional.

Ahí se terminaron el Espanyol y los depósitos de glucógeno, que miden el nivel físico de los futbolísticos.

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La segunda parte fue una secuencia de errores, de despropósitos que a punto estuvieron de sacar de quicio a todos, incluso al árbitro, Megía, bastante acertado, por cierto. Del caos sobresalió Damiano Tomassi, lo que evidencia que cualquier italiano se siente cómodo en el fango futbolístico. Tomassi ya se había bastado para tapar a De la Peña (gran colaboración de Diego Camacho). El juego de creación del Levante, y también la destrucción, corrieron de su parte. Incluso pudo marcar en un contragolpe perfectamente ligado entre Courtois y Kapó.

El Espanyol acabó fundido pero de pie, como una vela, mientras que a este Levante le esperan otras guerras más púnicas que las de ayer. Cuando sepa si baja o se salva no se acordará de Montjuïc. Porque simplemente empató pudiendo ganar, aunque también pudo perder. Disfruten del parón liguero y olviden todo lo que vieron ayer. Si pueden.

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