Primera | Zaragoza 1 - Atlético 0

Derrota de más de tres puntos

Ambos conjuntos han demostrado en la Romareda una preocupante falta de ambición, teniendo en cuenta que son dos de los aspirantes a entrar en los puestos que dan acceso a la Liga de Campeones.

<b>TRIUNFO IMPORTANTE.</b> Los jugadores del Zaragoza celebran la victoria.
Cristo Martín
Jefe de Sección en as.com
Licenciado en Periodismo por la Universidad Europea de Madrid, entró en 2006 en as.com como becario y ya nunca se fue. Desde entonces ha desarrollado diversas tareas web, desde portadista a redacción, pasando por la coordinación de contenidos especiales. Actualmente es jefe de sección en la web.
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El Atlético sale seriamente perjudicado de su visita a Zaragoza. Tras un pésimo encuentro, en el que prácticamente no hubo ocasiones claras, el gol de Milito vale su peso en oro y deja a los rojiblancos en clara inferioridad en la lucha por situarse entre los cuatro primeros puestos de la clasificación. Lo de hoy era una final, y el Atlético la ha perdido.

El encuentro comenzó a cámara lenta. Bajo un sol de justicia a ambos equipos les costaba imprimir velocidad a su juego. Mucho pase en largo del Zaragoza e intentos individuales, pero escasas dosis de ese juego que le ha llevado a luchar por los puestos de Champions. El Atlético de Madrid tenía algo más de criterio en su juego. El planteamiento de Aguirre era atrevido, con un centro del campo que mira preferentemente a la portería rival.

Uno de estos hombres era Galletti, que partido a partido se va sacudiendo un poco las críticas que le han llovido. Un pase de espuela del argentino sirvió para que Agüero se plantara sólo ante César, pero el lanzamiento del ‘Kun’ se marchó fuera rozando el poste. Pronto el Atlético se adueñó del encuentro. Al Zaragoza le cuesta realizar su juego ante equipos de la zona alta. Lo demostró ante el Sevilla, el Valencia y ahora con el Atlético. Torres estaba muy activo pero desacertado, es decir, en su línea.

Durante unos minutos ambos equipos nos ofrecieron con una monótona muestra de imprecisiones, falta de movilidad y de atrevimiento que dejó patente lo importante que era para ambos equipos no perder este encuentro. Pero todo era mentira. La falsa tregua se rompió en el minuto 20, cuando los maños aprovecharon el primer error de la defensa atlética. Un despiste de Zé Castro al lanzar el fuera de juego es aprovechado por Milito, que tras una galopada y destrozar la cintura del portugués dentro del área, bate a Leo Franco.

La sangre fría y el instinto matador del ex de Independiente posibilitaron que el partido se animara. El Atlético se vio obligado a dejar las medias tintas para otro momento, pero la verticalidad rojiblanca era muy previsible. El intento más repetido era el balón en largo para los puntas, pero era como mandarlos al matadero. La presión zaragocista ahogaba una y otra vez los intentos rivales en cuanto se acercaban al área rival. Sólo Jurado por la izquierda aportaba algo diferente. Antes del final de la primera parte, Ewerthon, lesionado, tuvo que ser sustituido por Sergio García, ningún contratiempo para Víctor Fernández teniendo en cuenta el estado de forma del catalán. Nada más ocurrió en la primera parte. Dos ocasiones, una por equipo, y el Zaragoza aprovechó la suya.

Lo mejor, el pitido final

En la segunda parte el entrenador zaragocista volvía a encontrarse con un inconveniente, aunque en esta ocasión de mayores dimensiones. Gabi Milito, con problemas víricos, se quedó en el vestuario y entró por su lugar Piqué.

Salió el Zaragoza más entonado que su rival. Zapater y Celades trataban de darle pausa al encuentro, con la ayuda de D’Alessandro por la derecha y con un Aimar desaparecido por la izquierda. La técnica de adormecer al rival funcionaba. El Atlético se limitaba a esperar en su campo. La presión ni siquiera comenzaba en una zona adelantada, quizás por considerar que quedaba mucho por delante. Sólo Agüero le daba otro ritmo al juego de su equipo, claro que nadie le apoyaba. Demasiada guerra para el ‘pibe’.

Era cuestión de tiempo que el Atlético se lanzara al ataque, no le quedaba otra, pero parecía que los de Aguirre no terminaban de decirse y el paso de los minutos favorecía a los locales. Javier Aguirre introducía a Mista en lugar de Eller, en un nuevo empeño por resolver las situaciones adversas acumulando gente arriba. Y encima el brasileño era de lo mejor del conjunto madrileño hasta el momento.

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Quizás la apuesta terminara saliendo bien, pero no era la primera vez que Aguirre usaba la estrategia de la acumulación sin buenos resultados. En su favor tenía el conformismo local, que ya estaba encerrado en su campo y veía como su rival era incapaz de inquietar lo más mínimo a César. Además, la defensa atlética no era como para sentirse seguro. Zé Castro, Seitaridis y Pernía, con Luccin haciendo de falso central, eran una tentadora oferta para Diego Milito, siempre al acecho.

Finalmente pasó lo que tenía que pasar. Nada. La segunda parte terminó para fortuna de los aficionados, que tuvieron que ver cómo la falta de soluciones en el banquillo rojiblanco hacía que el Zaragoza no sólo obtuviera la victoria, sino la ventaja en el goal-average para un posible empate en la clasificación a final de temporada.

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