Un Málaga en plena UVI
Y Ontanaya no señaló un escandaloso penalti de Gámez


El Málaga está en la UVI. De ser un equipo que aspiraba al ascenso asume, en plena agonía, un dramático proceso de descomposición que jurídicamente se denomina Ley Concursal. Ayer no se llevó los tres puntos (un triunfo en los últimos nueve partidos) ante un Ciudad de Murcia que no mostró ninguna ambición. Vino a por el empate a cero que, me imagino, no le habrá hecho ninguna gracia a su ambicioso presidente, Quique Pina. En su descargo debemos argumentar que se tropezó con la errónea decisión del colegiado manchego, Ontanaya, de no castigar el escandaloso penalti que a los 21 cometió Jesús Gámez, sacando con un señor paradón un remate de Saizar. ¡Inconcebible! Algo más lógica fue la anulación de un gol a Pablo Couñago, a los 53 minutos, tras ayudarse con la mano (igual que Sergio Ramos en Múnich (por cierto, un golazo). El árbitro iba a dar lo que podría ser el 1-0, pero a instancias de su asistente, María Luisa Villa revocar su decisión. A la buena mujer le cayó la bulla del siglo de la cabreadísma hinchada local.
Noticias relacionadas
Estas acciones y cuatro ocasiones de gol ¡cuatro! no materializadas por el mencionado Couñago, un trallazo al palo de Calleja fueron lo más interesante de un partido donde el Málaga, por lo menos, mostró ganas de ganar. Pero le quema el balón, los nervios, la ansiedad y la mala dinámica en que se ha metido. Resultó increíble la racanez de los murcianos, con jugadores del calibre del sueco Goiton (cedido por el Udinese y con importantes ofertas del fútbol inglés); a quien se le vio más bien poco, Gibanel, un muy buen jugador o el ex malaguista Juan José Luque. Sandro aportó ganas y trató de echarse el equipo a sus espaldas... ni por esas. Al Málaga no le sale nada y está en picado.
Pero lo más gordo del asunto es que la última gran ocasión del choque la tuvo el conjunto de José Luis Oltra por mor de un disparo de Ayoze que sacó Iñaki Goita, sustituto ayer del otrora intocable Arnau. Al final, insulso reparto de puntos entre ambos equipos y la afición local que ni siquiera se molestó en protestar. Está como expectante, sin duda temiéndose lo peor. Qué mala cosa. Ahora, cada partido va a ser una terrible final. Y me acuerdo demasiado de 1992.



