Liga de campeones | Bayern - Real Madrid

El Madrid se juega el curso en el infierno de Múnich

El Bayern confía en el aliento de su estadio. Cannavaro es duda

<b>TOCADO. </b>Cannavaro, ayer, durante el entrenamiento. Sufre una sobrecarga en el abductor derecho.
Actualizado a

No hay jugador del Real Madrid que pueda presumir de haberlo sido si no ha jugado alguna vez en Múnich. Esa plaza, como el Cabo de Hornos y otros gigantes horribles, ofrece al superviviente un título y un tatuaje, que en este caso se suele localizar en las tibias, aunque también se imprime en el orgullo.

Visitar al Bayern es un rito de iniciación semejante al que debía superar aquel hombre llamado caballo, ese que fue colgado del pecho como una pieza de carne con el objeto de ser aceptado por la tribu. "El dolor no siempre es cosa mala", trataron de explicarle. Y lo entendió.

Será bueno que el Madrid también lo comprenda. En esta noche de santa Perpetua y santa Felicidad (paradójicas compañeras de martirio), se ponen en juego el prestigio y el honor, los intangibles habituales, pero también la temporada, el dinero contante y sonante. Así es el partido: sólido y gaseoso.

Para conjurar el miedo que nos ronda, antes que negarlo, lo mejor será apuntar a las debilidades ajenas: más miedo tienen ellos. Y tiene que ser verdad, porque, además de ventaja en los antecedentes, el Madrid cuenta con un marcador propicio y en caso de cataclismo nuclear e inesperada suspensión resultaría vencedor, clasificado para cuartos. Es decir, que las catástrofes nos favorecen. Es algo.

Sobre el papel, el choque es extremadamente igualado en fortalezas y debilidades, con achaques similares. Eso sí, después de cribar virtudes y defectos, al Madrid le queda más fútbol, más talento. Por eso el balón será una conquista esencial. Bajarlo y tocar, que sufran ellos, que se desesperen, que nos peguen. Eso también hay que asumirlo: dolerá. Pero recuerden: el dolor no siempre es cosa mala.

Sobre la alineación de Capello no hay pistas, aunque intuimos que será lo más parecida a la División Acorazada Brunete. Imagino que la duda del entrenador se centra en apostar por Gago o Emerson como pareja de Diarra, aunque no se puede descartar una solución mixta que incluya a todos, incluso a un trío de centrales, en perjuicio, quizá, del liviano Robinho. Sería un error, creo, porque hay determinadas citas a las que conviene ir con un niño de la mano; para dar pena, primero, y para matar, después.

Cannavaro, que ayer abandonó el entrenamiento previo por problemas en el abductor derecho, es duda que nos inquieta poco. Este partido no acepta risas.

Ellos. Respecto al Bayern, la intriga se fija en Salihamidzic, un futbolista que ha ganado influencia en el equipo según la plantilla ha ido perdiendo talento. Aunque renqueante en los últimos días, ayer se entrenó y todo indica que jugará. Su peligro es la experiencia. Tampoco faltará Lucio, también tocado, ni ninguno de los clásicos. Su objetivo es claro: ladrar y colgar balones. Acampar en el área y agitar muchos los brazos. Reclamar ánimos, penaltis, tarjetas. Recuerdos de Múnich.

El nuevo estadio también jugará un papel fundamental. Si el Olímpico intimidaba al Madrid pese a la pista de atletismo, inquieta pensar cuál será la reacción en este recinto que vuelca las gradas sobre el césped hasta rascar la espalda de los futbolistas. Ya lo advertí: de aquí nadie sale igual. Si sale.

Noticias relacionadas

Raúl: 56 goles en la Champions pero ninguno en Múnich

Raúl, el máximo goleador de la Copa de Europa con 56 tantos (le siguen Shevchenko con 54 y Van Nistelrooy con 52) aún no se ha estrenado en Múnich, y eso que ha jugado cinco partidos completos allí: dos en la 1999-00 y uno en la 2000-02, 2001-02 y 2003-04). Ha jugado 109 partidos en Europa.

Te recomendamos en Más Fútbol

Productos recomendados