Copa del Rey | Zaragoza 1 - Barcelona 2

Perdidos en la gran noche

La Copa vuela en 20 minutos horribles. Xavi desnudó a un Zaragoza confundido. Messi hizo teatro y expulsó a D'Alessandro. No hubo heróica

<b>TÁNGANA FINAL. </b>Jorquera tuvo un altercado cuando el árbitro pitó el final del encuentro en el que se encaró con varios jugardores del Zaragoza.
Mario Ornat
Actualizado a

El Barcelona eligió La Romareda para confirmar la validez de su regreso. Le bastó el primer tiempo y algunos episodios residuales después, para continuar con la redención, tal vez imposible, de los equipos a los que todo el mundo da por muertos. Fue un mensaje de equipo que no se va a rendir. Tampoco encontró mucho rival, porque el Zaragoza se perdió en la noche. Lo confundió la ocasión. Sin juego, sin vigor ni respuesta, sucumbió en el primer tiempo y ensayó la heróica luego con Aimar medio tieso. Le llegó para, en inferioridad, calentar el segundo tiempo con su deseo y descontar un gol. Poco más. La Copa se la llevó puesta el Barcelona, camino de Liverpool y tal.

Uno nunca sabrá si en el suicido hay más valentía o más cobardía. Miremos a Rijkaard. En medio de una tormenta sostenida, en la que se va a decidir su prestigio y un par de títulos y medio, el entrenador holandés dio ese tipo de paso que inspira a las tropas. Como el coronel Yuribachi en Iwo Jima: "Vayan a luchar con honor; yo siempre estaré delante de ustedes". Ese era el mensaje convocado en la alineación. Tres defensas y luego los buenos. Xavi, Iniesta, Deco, Messi, Giuly y Ronaldinho. Ese equipo constituía una reinvención de los valores del Barça, e impuso también una primera victoria psicológica sobre los temores propios y desde luego sobre el rival. Al Zaragoza le impresionó y empezó por acostarse sobre su lado. Un acto reflejo.

El tránsito del equipo aragonés, sin embargo, fue raro. Antes de que supiéramos si la apertura de inspiración cruyffista de Rijkaard calificaba como valiente o como suicida, el Zaragoza intuyó una debilidad en los espacios abiertos y envió a Juanfran dos veces. Las dos incompletas. En el fútbol, casi todo es cuestión de equilibrios precarios y segundos exactos: Diego Milito no alcanzó la pelota en la boca de gol. En realidad, el alegre equipo de Víctor estaba acusando una debilidad psicológica (que últimamente le ha afectado en cada partido con los grandes) y otra que tenía que ver con su juego: no tenía fútbol en el medio ni por dentro. Frente a la noria de los centrocampistas de Rijkaard, que entran y salen de sus posiciones con el balón como elemento de mezcla, Zapater y Movilla se quedaron amagados y la velocidad de juego del Zaragoza se resintió de forma grave. Se quedó sin caminos. Antes del descanso Víctor ya había decidido poner a Aimar y Celades, para recuperar la pelota. A esas alturas, el Zaragoza ya tenía que recuperar también dos goles y la eliminatoria.

El Barça fue clínico. Xavi fue clínico. Rondó a la presa y después la devoró, de súbito, con una jugada dulcísima que partió del círculo. Movilla se jugó un cruce para perderlo, y Xavi enfiló en perpendicular al área. Piqué salió a preguntarle dónde iba, pero lo vio pasar como un tren que se moviera a cámara lenta. Falsa lentitud, casi evanescente. Xavi terminó el gol con una naturalidad espantosa para el Zaragoza, que entró en catatonia babeante. Enseguida Messi, que ya se había liberado de Diogo dos o tres veces, tiró una pared y miró otra vez a César de frente. El rechace lo mandó al gol Iniesta.

El debilitamiento del Zaragoza era notabilísimo. Aimar y Celades le dieron algo más de gobierno y sobre todo de vigor. El Barça estaba haciendo el péndulo hacia su lado y la espontanéidad dio paso a las segundas intenciones, las miradas al marcador y al tiempo. En ese estado creciente de impotencia del equipo aragonés, que se debatía entre sus problemas y el deseo, D'Alessandro guerreó por un balón con Messi le tocó frente con frente. Un toque, nada más, pero Messi sabe bien que el engaño vale a veces la gloria. Fue al suelo desplomado y Medina no vio más a través de su catalejo: lo echó. El escenario se hizo dramático para el Zaragoza, pero no había otra que ir adelante. Así descontó Piqué, con un cabezazo rabioso al saque de una falta. Ewerthon disparó al cielo negro las dos esperanzas finales y el Zaragoza se desangró contra un frontón. Había salido Zambrotta para cambiar el gesto, claro. Mientras los aragoneses se desangraban en la derrota, Messi se dejó el 1-3 contra el palo. Era innecesario.

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El detalle: Primera remontada

Es la primera vez en la historia de la Copa que el Barça le da la vuelta a una eliminatoria tras perder en la ida y eso que lo había intentado 14 veces.

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