"Club, equipo, afición y Prensa son las patas del ascenso"
El Almería pasa revista. Bonillo, Olabe, Emery, Westerveld y Ortiz, el Almería de norte a sur, estuvo con AS en el Asador Donostiarra. El padre de este equipo ya estuvo en Primera y a eso apunta este proyecto nacido al calor de los Juegos del Mediterráneo.

Sobre los Juegos del Mediterráneo ha tomado impulso el Almería hacia Primera División. Un salto casi sin carrera, con sólo seis años de historia moderna, porque la Unión Deportiva nació de la fusión entre el Almería C.F. y el Polideportivo Almería, a su vez herederos de la Agrupación Deportiva Almería, que jugó en Primera de 1979 a 1981. El mismo apellido con distintos nombres, todos relacionados con angustias económicas que hoy no existen. El equipo está tercero, con un margen de error de cinco puntos y dispuesto a morir de un ataque de prudencia. "El año pasado estuvimos cerca, comenzó a hablarse de celebración y ...". Y el equipo se desinfló llegando a puerto (desapareció de la zona de ascenso en las últimas ocho jornadas). Lo saben los que estaban, el vicepresidente José Juan Bonillo (Arboleas, Almería, 1964) y el capitán José Ortiz (Almería, 1977), y los que acaban de llegar, el entrenador Unai Emery (Fuenterrabía, 1971), el director deportivo Roberto Olabe (Vitoria, 1967) y el guardameta Sander Westerveld (Entschede, Holanda, 1974). Todos estuvieron con AS y sacaron una conclusión: "Esto funciona porque el proyecto lo sujetan bien las cuatro patas imprescindibles: club, equipo, afición y Prensa. Esa unión existe aquí".
Por respetar el orden, primero el club, muy ajustado en cifras: 6.000 abonados (3.000 más que hace tres años), una asistencia media de 8.000 al estadio Mediterráneo y un presupuesto de mitad de tabla: ocho millones de euros. El ascenso lo estiraría todo. "El campo puede ampliarse en 6.000 localidades por la parte superior y en 5.000 por la inferior. Así pasaríamos de un aforo de casi 15.000 asistentes a otro de más de 25.000. Y se llenaría, porque podríamos alcanzar los 15.000 abonados", explica Bonillo, que cuenta con el empujón entusiasta de una provincia de 600.000 habitantes.
La segunda pata, el equipo, está parcialmente remodelada. Once jugadores sobreviven de la temporada pasada. Los demás los han buscado Olabe, ex portero, ex entrenador y ex director deportivo de la Real Sociedad, y Emery, ex jugador blanquiazul, del Toledo y del Lorca. Emery sacó el título de entrenador mientras jugaba y en un invierno de hace dos años, de un día para otro, le propusieron hacerse cargo del equipo en el que jugaba, el Lorca: "Me quedé helado ante la propuesta, pero cuando llegué a casa me dije: ¿Por qué no? Es una buena oportunidad". Lo subió a Segunda ese año y lo mantuvo el siguiente. A Emery le gusta ver entrenar a los demás. Siendo futbolista espió al Capello de la primera etapa. De Irureta aprendió que es mejor jugar con laterales largos. Jugando en el Leganés iba a ver a Atlético, Madrid y Getafe. Cree que viendo se aprende. Por eso dos veces a la semana impone la puerta cerrada: "A mí me encantaría ver todos los entrenamientos de mi rival durante la semana. Por eso quiero que jueves y sábados nadie vea los míos. La estrategia es importante en el fútbol".
Olabe fue una segunda opción. La primera era Monchi, el rastreador de talentos del Sevilla, que llegó a firmar por el Almería. Bonillo puntualiza: "Acabamos muy bien con él y visto el resultado actual, no estamos arrepentidos".
Los fichajes. El equipo quedó rematado con fichajes muy baratos, cuatro cesiones (Corona, del Zaragoza; Larrea, de la Real; Mena, del Alavés, y en diciembre Rodri, del Deportivo) y la llegada de un portero de currículum, Westerveld. Él lo explica: "Yo quería seguir en Primera tras dejar el Portsmouth. Incluso hablé con Van Basten, que me recomendó un conjunto de gran nivel si quería volver a la selección. En mayo me llamó Olabe y le dije que iba a esperar, pero en junio decidí ir a Almería y que me explicaran el proyecto y ya no lo dudé. No he visto un equipo con mejor ambiente que éste". Westerveld se inició en el equipo de su ciudad, el Twente. De ahí saltó al Vitesse de Beenhakker y Ten Cate. "Durante dos meses estuvo entrenando con nosotros Schuster, porque era amigo de Leo. No he visto a nadie tirar faltas como él. La que no iba a la escuadra pegaba en el palo". Luego le fichó el Liverpool, con el que ganó la UEFA ante el Alavés: "Fue un 5-4 que me dejó en muy mal lugar. Creo que paré una en todo el partido. Y menos mal que sustituyeron a Javi Moreno, que nos había metido dos. Claro, que peor le fue al portero del Alavés". Westerveld conoce Anfield y no apuesta por el Barça: "Yo soy blaugrana, por todos los holandeses que jugaron allí, pero no creo que pasen. El Liverpool marcará seguro y no recibirá tres". El meta jugó luego tres temporadas en la Real, una en el Mallorca (en Palma tiene casa y piensa vivir en el futuro) y otra entre Portsmouth y Everton. Con el Almería tiene un año de contrato: "Pero a mi mujer le encanta la ciudad y se pasa el día diciéndome que firme ya por cinco temporadas". Sus tres hijos son vascos. "Los fichará el Athletic", anticipa sonriente Emery.
Sobre el peruano Acasiete y la corpulencia del meta holandés han echado los cimientos. Ahí no podían fallar, porque Olabe y Emery son del oficio. El primero fue guardameta de Real Sociedad y Salamanca, felino pero de poca estatura: "Me retiré en el 99 y debí hacerlo en el 92". El segundo es nieto e hijo de guardametas. Su abuelo jugó en el Real Unión dos veces campeón de Copa (1924 y 1927). Su padre, en Depor, Sporting, Recreativo, Alavés, Jaén y Granada: "Yo le digo que no debía ser muy bueno, porque cambiaba demasiado de equipo. Y tampoco era demasiado corpulento. A mí me gustan los metas grandes, como Westerveld. En Segunda es imprescindible dominar el juego aéreo y un gran golpeo de balón, porque en la categoría el fútbol es muy directo".
En un equipo hecho con gente de aquí y de allá figuran dos almerienses, ambos de ida y vuelta: Francisco y Ortiz. El segundo, capitán, es anterior al club. Llegó del Roquetas hace diez años, fue parte de la fusión y tuvo dos excursiones insólitas. "En el 99, el equipo bajó a Tercera y decidí apuntarme en verano a un torneo de fútbol playa. Allí me vio Setién y me llevó a la Selección. Jugué la Copa del Mundo. También estuve en la fase final del Europeo. Allí jugaban Butragueño, Joaquín, Abel... Pero ya no pude pedir más permisos al Almería".
Aventura en Italia. En el invierno siguiente probó en el Rávena, de la Serie B italiana, donde jugó 13 partidos: "Es un fútbol diferente. Allí un equipo marcaba un gol y se echaba descaradamente atrás. Lo peor es que su afición lo aprobaba y jaleaba hasta los despejes". No triunfó. Y es que Ortiz, aunque madridista, no pega fuera de Almería. Ha oído desde niño a su padre hablar de aquel equipo de Primera. Su hermano está casado con una hija del fallecido Juan Rojas, emblema de esa época y que dio nombre al antiguo estadio: "Él fue el referente en la ciudad y el capitán de aquel equipo. También llegó al Almería en Tercera. Por eso es un sueño seguir sus pasos y devolverle a Primera. Por la ciudad, por mí y por mi padre, que siempre ha sido mi mayor seguidor, la persona que guarda vídeos de mis partidos, el que me recuerda los goles que fallo...". Conserva muchas imágenes del mejor Butragueño ("en el área se paraba él y se paraba el mundo") y ejerce de portavoz de la Oficina de Turismo de la ciudad: "Este es un sitio para vivir y para jugar al fútbol, por su clima, por sus playas, por la afición...".
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A Olabe le tira la demografía. Está construyendo la cantera de un equipo joven y el caladero está en la ciudad: "Aquí hay 57.000 jóvenes de menos de 16 años y 15.000 inmigrantes censados también en esa franja de edad. De ahí deben salir nuestros futbolistas, porque en un equipo ha de haber siempre referentes como Ortiz, que recojan el espíritu del club y sean anfitriones de los que llegan". Emery le ratifica y puntualiza: "Hay que mirar a casa y a los inmigrantes. Los subsaharianos tienen la fibra y los magrebíes, el fondo" .
Para el futuro sobra tiempo, pero para subir no. El quinteto considera profanar la buena suerte pronunciar la palabra ascenso. Hay pánico a que se rompa. El más atrevido es Emery y hay que arrancarle los cálculos: "Nos quedan ocho partidos en casa y ganándolos subimos, pero no creo que consigamos esas ocho victorias. Aquí tienen que venir Alavés, Valladolid, Numancia... Pero no sentimos presión, ni miedo a ganar. Subiremos si de manera natural lo merecemos". La cautela también va por los otros: "El Cádiz parece el gran rival, pero Murcia y Valladolid aún no están en Primera y no descartamos a Numancia o Hércules".



