Primera | Atlético - Real Madrid

El Atleti espera el clásico más relajado que nunca

La picaresca de Agüero animó una sesión muy distendida

<b>BUEN AMBIENTE Y NADA DE NERVIOS</b>. El plantel celebraba ayer más feliz que nunca los puntos. En la foto, Galletti, Seitaridis y Luccin contagian su risa a Aguirre e Iribarren.
Patricia Cazón
Redactora
Patricia Cazón Trapote nació en Zotes del Páramo, León, en 1980. Licenciada en Periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca y Master de El País trabajó en El Diario de León y El País Semanal antes de llegar a AS en 2004. Cronista del Atlético desde 2016, es autora de cuatro libros y tertuliana en El Golazo de Gol y Estudio Estadio.
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El Atlético ha nivelado la balanza. Otrora muy por debajo del Real Madrid, ahora mira al clásico sin nerviosismo. Y eso se nota en los entrenamientos. Javier Aguirre diseñó ayer, como todos los jueves, una sesión de fut-voley: quiere que el plantel se distraiga, que no piense que son ocho años sin ganarle al Madrid, por eso no ha alterado las jornadas de trabajo por el derbi. Risas, buen ambiente, cachondeo. Aguirre ha logrado su objetivo: faltan dos días para el clásico, pero en los entrenamientos no se nota. No hay nervios.

El Atlético, por primera vez en muchos años, mira de tú a tú al Real Madrid. En la clasificación, está a tres puntos, a un partido. Los blancos son cuartos, con 42 y los rojiblancos, quintos, con 39. De ganarles les superarían. Y en el ambiente se respira optimismo. El Vasco no quiere que la presión afecte a sus jugadores, de ahí que él sea el primero en provocar las bromas, risas y complicidades.

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Agüero. Luccin, Maniche y Galletti, por ejemplo, ayer celebraban con euforia desmedida los puntos logrados. Al otro lado, Jurado, Mista y Miguel, fingían enfado. La picaresca de Agüero ha contagiado a sus compañeros. El entrenador, entre medias, reía. Uno de los factores que influyen en el buen ambiente, aparte de la cercanía del Real Madrid en la tabla, son los problemas que se viven en el club blanco. En el Atlético, salvo la gresca entre Maniche y Antonio López de la semana pasada, no hay ninguno. Está arriba y el grupo es una piña.

El Kun y Torres, mientras, disputaron un partidillo a medio campo, uno contra uno. Después, Agüero, Pernía y Antonio López ensayaron disparos de falta: primero con barrera, después, sin ella. Y hubo una anécdota más: el Kun se ofreció para ser el portero de Pernía. Demostró maneras. Y entre disparo y disparo, claro, broma va y viene. La presión no va con él y eso es, precisamente, lo que busca Aguirre.

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