Primera | Atlético de Madrid - Real Madrid

Calderón y Cerezo: "Tenemos que ganar"

Los presidentes del Real Madrid y el Atlético visitaron AS en vísperas del Clásico del sábado y compartieron cocido e inquietudes. Sólo tres puntos separan a ambos equipos, pero la ambición es la misma: vencer, luchar por el título de Liga, volver. El derbi tiene mucho en juego.

<b>CORDIALIDAD. </b>Ramón Calderón y Enrique Cerezo posan junto a la colección histórica de AS.
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Visten parecido y encajan similar. Comparten canas, bromas y generación. Apostura y talle, tal vez gimnasia. Se llevan bien y quizá para ser amigos hubiera bastado que se cruzaran sus caminos, o que hubieran coincidido un tramo, el colegio, la mili, las chicas, un verano. Lo que une. Aquello que les distingue no salta a la vista. Se localiza bajo la camisa, a la izquierda de la corbata de rayas, en el sector que late. Ramón Calderón (Palencia, 1951) bombea madridismo y Enrique Cerezo (Madrid, 1948) destila pasión por el Atlético. A partir de ese impulso, se comienza a jugar el derbi, con indirectas y con sonrisas, con desafíos, como lo juegan ya tantos aficionados en la capital y más allá, vecinos de escalera, despacho o pupitre. Es importante estar cerca. Para picarse y rascar.

Los presidentes del Real Madrid y el Atlético visitaron ayer AS para compartir un cocidito madrileño que se está convirtiendo en tradición. Estratégicamente intercalados en la mesa atléticos y madridistas, la comida fue sabrosa y divertida, doble motivo por el que nadie utilizó los garbanzos como proyectiles. Al contrario. La confraternización resultó tan estrecha que hubo instantes de peligroso hermanamiento, de confusión de camisetas. Así, mientras Tomás Roncero alcanzaba altísimos y desconcertantes grados de complicidad con Enrique Cerezo, Ramón Calderón le lanzaba una consigna al presidente atlético, como si en lugar de rival fuera aliado: "¡Tenemos que ganar!". Todos asintieron, claro.

Pero vayamos por el principio, los aperitivos, ibéricos y demás. Enrique Cerezo fue el primero en llegar, impecable, seguramente habituado a superar los obstáculos que salpican las carreteras madrileñas. Sólo así se llega a su estadio, de hecho. Sobre la gynkana atlética discurrió la primera conversación. Manolete sospecha que el alcalde Ruiz Gallardón ha inaugurado el túnel de la M-30 para abrir un pasillo a los madridistas que acudirán al Calderón el sábado. Nuestro compañero teme, incluso, que luego pudiera cerrarlo. Cerezo reconoce las incomodidades, pero es prudente como un diplomático de carrera. Conviene llevarse bien con la autoridad competente, o no.

La charla pasa de las grúas a los bólidos y gira alrededor de Raúl hasta llegar a Fernando Torres, un recorrido frecuente y circular. "Tienen muchas cosas parecidas", asegura Cerezo, "como su forma de entender el fútbol, su pasión".

Ramón Calderón aparece con el paso ligero y la disculpa elegante. La televisión debe engordar porque se le nota en el peso de los que igual podrían correr el maratón que asaltar el Tourmalet. Dificultades parecidas afronta desde hace siete meses, cuando ganó por vez primera las elecciones.

A pesar del buen ambiente y los mejillones en escabeche, las primeras reflexiones son metafísicas. "El fútbol es la guerra moderna", dice Cerezo. "Pero la guerra civilizada", apunta Calderón. Y Alfredo Relaño cita a Ramón Mendoza, otro presidente que fue de talle y apostura: "El fútbol es la persecución de la guerra por otros medios".

Rivalidad.

De ahí se llega a las semillas de la rivalidad. "Yo creo que ahora existe un enfrentamiento entre Comunidades Autónomas". Un sentimiento de identidad del que no goza el Madrid, según su presidente: "El seguidor de nuestro equipo se identifica más con el éxito que con la ciudad. Y tal vez ocurra porque el 80 por ciento de nuestra afición es de fuera de Madrid". "A nosotros nos pasa justo lo contrario", añade Cerezo. Y Relaño entonces somete el asunto a encuesta: "Que alcen la mano los que hayan nacido en Madrid". Mayoría. "Y que lo hagan ahora los que tienen un padre nacido en Madrid". Flojea la mayoría. Calderón remata el estudio sociológico con las palabras de un dios, te alabamos señor: Di Stéfano. "Él siempre nos recuerda que el rival es el Atlético, y no sólo el rival deportivo, sino también nuestro adversario para los seguidores futuros, para los niños".

"Lo comparto. Para el verdadero madridista es mejor ganar al Atlético que al Barcelona, y lo mismo nos sucede a nosotros. Nos duele mucho más caer ante el Madrid que ante el Barça", explica el presidente rojiblanco.

Mientras Roncero se afana en el exterminio de los mejillones de la Ría de Arosa, Manolete pone el toro en suerte. "¿No teméis que con dos entrenadores como Aguirre y Capello el partido sea un tostón?". Interviene Relaño: "Recuerdo que mi padre me decía que llegaría un día en que los equipos estarían tan preocupados en defenderse que ninguno sacaría el balón de centro. Mi confianza es que los derbis son partidos diferentes, locos, que suelen escapar de los planteamientos tácticos". "Lo comparto, creo que va a ser un partido divertido", señala Cerezo. "Y eso a pesar de que al Atlético lo entrena Capello II", sugiere un malvado.

Más citas de Di Stéfano: "A los entrenadores les corresponde la doceava parte del éxito de un equipo y el 50% del fracaso". Bernardo Salazar, historiador del fútbol, lo confirma: "Los técnicos son un invento de los años 50. Antes hacían las alineaciones los directivos, que son los que saben de fútbol. El 90% de los entrenadores son un verdadero bluff y lo ratifican los futbolistas más veteranos".

¿Y estará Fabio Capello en el derbi?: "Si no coge una gripe, estará allí", responde Calderón, rotundo, disipando los rumores. "Él jamás ha dimitido en toda su carrera".

Roncero, por fin, abre el fuego, sin sutilezas. "Tengo la impresión de que el Atlético será víctima de los viejos complejos y el Madrid volverá a disfrutar del derecho de pernada en el Calderón...". Y Carmen Colino refuerza el ataque: "Además, no es por nada, pero la última vez que el Atleti ganó al Madrid, luego llegó el descenso...". Puro derbi.

Romántico.

Tras defender el honor colchonero, Manolete hace una concesión: "La verdad, presi, que si después de ocho años no ganamos, cerramos la tienda...". "Manolo, vamos a intentar ganar y, sobre todo, vamos a intentar jugar bien", media Cerezo, que provoca un cerrado aplauso por su arranque de romanticismo. "Estaría bien una manita, pero me conformo con ganar de penalti injusto en el último minuto". Y precisa sonriente: "No hay enemigo pequeño".

Aunque le tiran de la lengua, se zafa: "No sé si será más fácil al no estar Ronaldo. El Madrid tiene a grandes jugadores, Raúl, Van Nistelrooy, Cassano...". "¿Y Robinho?", pregunta un osado. "Bueno, a él no le veo como un delantero, sino como un centrocampista... ¿Sus bicicletas? Yo le consideraría más bien un motorista". Y vuelve a sonreír, con la picardía de los niños, y entonces rejuvenece veinte años.

Y Ramón Calderón, ¿qué piensa?: "Tenemos que ganar para seguir sumando y para mantenernos en la lucha por la Liga. Eso es lo importante: sumar. En cada partido, una victoria tras otra".

Los presidentes también coinciden en descartar una excusa universal: los árbitros. "Los grandes equipos no pueden escudarse en los colegiados", afirma Calderón. "A mí me parece un milagro que los árbitros acierten tantas veces, pese a tener que decidir en décimas de segundo". Daudén Ibáñez debe estar contento.

Y puestos a hacer encuestas, Calderón lanza otra: "¿Quién cree que el Madrid ganará un título esta temporada". Roncero suelta el brazo al instante, y luego lo levanta Pedro Pablo San Martín, y después Carmen Colino, y alguno más. Salazar, abonado del Atlético con el número 372 (160 clásicos en sus retinas), no alza la mano, sino la voz: "Para que el Madrid gane un título este año, Ramón debería casarse con la Duquesa de Alba". Risas. Derbi.

Horas antes del gran derbi, el optimismo se reparte en dosis iguales por los dos bandos. Desde el Madrid recuerdan, por ejemplo, que hace un año el equipo estaba a diez puntos del líder, y acabó segundo el campeonato. El avance promete. Y desde el Atlético, Cerezo, se basa más en la fuerza de la intuición que en los datos del pasado: "No sé por qué, pero intuyo que el Kun puede organizarla el sábado. Es un gran tipo y un gran jugador al que algunos ya quieren ver lejos del Atlético. Pero se quedará. Su cláusula no ofrece dudas: 36 millones de euros".

Hasta Roncero acepta que Agüero puede ser el futbolista clave del choque. "Es cierto que el Kun no está intoxicado por el magma victimista que rodea al Atlético, así que habrá que tener cuidado".

Tensión.

Se detecta el nerviosismo, que se irá incrementando según se acerque el partido. Esas últimas horas se harán eternas. "Seguimos una rutina. Después de comer con la directiva del Madrid nos iremos al estadio, para jugar un rato al parchís y recibir a nuestros invitados. La verdad es que en días así se echa en falta a Jesús Gil".

"Creo que nosotros después de la comida nos iremos a ver al Castilla, que juega contra el Numancia (18:00 horas) en Valdebebas. Hay que hacer tiempo porque el partido es demasiado tarde". Además de los nervios, no hay supersticiones. Sólo tensión. En el campo y en la grada.

Eso sí, ninguno espera altercados. "Esta realidad está muy alejada de la que se vive en Italia, seguro que no habrá nada", comparten ambos.

"Y por cierto, Ramón, ¿a quién vais a sacar el sábado?", dispara Cerezo, divertido. "Enrique, te equivocas de presidente", responde, irónico, Calderón.

Entre las bromas también caben sentencias que indican la trascendencia del partido: "Es el derbi más importante de los últimos diez años. En los anteriores, nosotros estábamos en otra lucha", confiesa Cerezo. Pronto le llega la puntualización de Salazar. "En mis 60 años viendo fútbol nunca he visto al Atlético tan alejado del Madrid, tanto institucionalmente como deportivamente. Y es una verdadera lástima". Cerezo responde: "Bernardo, eso tiene una explicación fácil: seis años de intervención judicial".

"Tranquilo, presi, desde que diriges el Atlético sumamos los mismos títulos que el Madrid: cero", tercia Manolete.

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Cada uno tiene sus penas. "Nuestro paso por el club tampoco está siendo nada fácil. Lo de Capello es el último ejemplo. No es cómodo levantarse cada mañana preguntándose: ¿quién me va a querer matar hoy?".

Salazar cierra el debate con una reflexión que sirve de tesis doctoral. La hizo en los años 20 Acisclo Karag: "El Madrid siempre que juega bien gana, y también gana muchas veces cuando juega mal. El Atlético, en cambio, siempre pierde cuando juega mal y cuando lo hace bien, también pierde muchas veces". "¡Cuánta verdad!", suspira alguien. "La historia cambiará", dice otro. Derbi.

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