Liga de campeones | Real Madrid - Bayern

Una noche para resucitar o para visitar el infierno

El Madrid, sin Sergio Ramos. El Bayern, con dudas. A vida o muerte

<b>ENSAYO Y ENTRENAMIENTO. </b>El Bayern saltó ayer al césped del Bernabéu mientras se ultimaban los preparativos del gran partido.
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Imagine, moreno, que se mira al espejo y es usted rubio. O al revés, suponga que peina negro y se descubre amarillo. Imagine que en lugar de espejo hay ventana. Y que se asoma el enemigo. Y que es igual a usted, las mismas arrugas y la tos idéntica. Clavadito. Ahora dispare. Así es, más o menos, esta eliminatoria: un concurso de gemelos y un campeonato de supervivencia. Dos viejos boxeadores frente a frente, dos Rockys sesentones, aunque en este caso no importen tanto los años como los achaques, o su coincidencia. Esta noche, Madrid y Bayern se baten en duelo con bastones de oro, primer asalto. Europa fue suya. Y yo no descarto que lo siga siendo.

De acuerdo, tal vez no haya muchas fuerzas, y quizá otros se burlen, pero hay orgullo para embotellar. Y esta competición, lo recuerdo, no premia la constancia (esa cosa vulgar), sino el valor, el arrojo y el honor. El aquí y ahora. Exactamente por eso estos viejitos que se retan suman trece títulos (9+4), porque jamás se rindieron, porque fijaron en esta Copa de grandes orejas su objetivo existencial, una vez que las Ligas (29+19) dejaron de saciar su sed y su paz. Es cierto, no es un eslogan: esto de hoy lo cura todo, como el bálsamo de Fierabrás. Porque esto es la guerra de las galaxias y lo demás, disculpen, es una pelea de vecinos. Y nadie discute por la última derrama cuando atacan los marcianos. O nadie debería hacerlo.

Pretendo decir que esta noche Capello, visionario o dimisionario, no es el rival del madridismo, hoy no. Es un señor en la misma trinchera al que conviene encontrar alguna utilidad, que grite, que agite, que reparta munición o pasaportes italianos, que en este juego resultan más efectivos.

Una vez aclarado que lo que se dirime no se conecta con la actualidad, sino con la historia, habrá que presentar escudos y armas. A la derecha, sangrando, el Real Madrid; a su izquierda, desangrándose, el Bayern de Múnich. Ambos altivos, hasta hermosos, pese al barro y las vendas. Los blancos son cuartos en Liga (a cuatro puntos del Barça); los rojos, también son cuartos (a doce del Schalke). Los dos eliminados de sus respectivas copas nacionales en octavos de final. El Madrid con el entrenador en el aire y el Bayern con un técnico en el cielo (Magath) y otro en el limbo (Hitzfeld).

Hándicap. Ya lo ven: pronóstico incierto, eliminatoria igualada. Más aún después de la baja de Sergio Ramos, el futbolista del Madrid en mejor forma, el más apasionado y, cosas veredes, el atacante más peligroso. En su lugar, el joven Torres, niño soldado. Cannavaro, con lumbalgia (evidente), podrá jugar. A su izquierda lo hará Roberto Carlos, que vuelve, especialmente, para dar miedo. Como quien iza la bandera con una calavera y dos tibias. Galeón a la vista.

En el centro del campo, más novedades. A pesar de la lesión de Diarra, todo indica que Emerson regresa al banquillo por suscripción popular, de modo que Gago estará acompañado de Beckham. El razonamiento es irrefutable: de morir, que muramos guapos. Arriba: Reyes, Raúl y Van Nistelrooy. Los dos últimos suman 105 goles en la competición (54+51), un dato que deberían llevar bordado en el pecho, para asustar y convencerse.

Muestra de que esta competición es distinta es que el Madrid fue el equipo más goleador de la fase de grupos (14 tantos) y el Bayern, que acabó invicto, el menos goleado, junto al Arsenal y al Lyon (3). Curioso. En sus respectivas ligas, el Madrid no marca un gol al arco iris (12 a favor en 11 partidos en casa) y el Bayern resulta acribillado con facilidad (26 goles en contra en 22 partidos). Pero insisto, para estos monstruos, la competición nacional es un entretenimiento en el que es fácil distraerse.

Sin bajas. En lo deportivo, el Bayern no tiene bajas, sólo dudas. Y bonitos nombres. Como el Madrid. En ataque formarán Makaay y Podolski, finos bombarderos, respaldados por el formidable Schweinsteiger, reencarnación del alemán que nos persigue en las pesadillas. Atrás, los clásicos: Kahn (el otro alemán que nos persigue), Salihamidzic, Lucio, Sagnol... Querido enemigo.

Querido, sí. Porque a diferencia de lo que sucede con otros rivales, cuando llega el Bayern no se detecta animadversión ni repulsa, sino una particular forma de respeto, que sin excluir el protocolario abucheo infernal, exhibe el honor de medirse a un gigante fabuloso, por grande y por idéntico. Me atrevo a decir que todo madridista esconde un bávaro en su interior y todo muniqués un vikingo, si bien esta noche no se notará demasiado. Lo dicho, gran velada: Rocky contra Rocky. El moreno contra el rubio.

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Aunque sus batallas se concentran en 30 años, los Real Madrid-Bayern son el enfrentamiento que más partidos ha generado en competiciones europeas: 16. De ellos, el Madrid ganó cinco partidos y perdió nueve, aunque los blancos han pasado cuatro eliminatorias y los muniqueses, tres (siempre en semifinales). Pese a sus repetidos encuentros, jamás se han medido en una final. Hitzfeld ha estado presente en diez de esos choques.

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