Un Depor invicto pero sin pegada
Un cabezazo al poste de Andrade fue la única jugada clara de peligro. Molina fue recibido y despedido con ovación. El Depor lleva siete partidos sin perder


El Deportivo suma ya siete partidos de Liga consecutivos sin conocer la derrota, una trayectoria encomiable pero que deja un sabor agridulce por los dos puntos que ayer se escaparon de Riazor. Los de Caparrós buscaban la tercera victoria consecutiva, pero cuando el rival expone las mismas armas, las cosas se suelen complicar. Y es que el Levante de Abel es un equipo que no se complica la vida atrás, presiona a muerte en las zonas de creación y espera un Salvazo para arañar tres puntos. Vamos, una fotocopia del Deportivo, que habitualmente se espesa cuando se mira al espejo.
Es cierto que las bajas blanquiazules se han cebado esta última semana en el ataque, la zona más débil del equipo. A la ausencia de larga duración de Bodipo, se unió el mes de baja de Riki y una nueva recaída de Taborda, que ya lleva mil y una. Así, Caparrós optó por Rubén Rivera, que fue el mejor atacante de un Deportivo inoperante ante Molina. El canterano peleó a destajo y dio una buena asistencia a Arizmendi, que ayer tuvo su tarde más aciaga de esta temporada. Las bajas indicaban que el madrileño debía de ponerse los galones ante las ausencias. Arizmendi lo intentó todo y... no le salió nada.
La tercera baza ofensiva estaba en el banquillo. Adrián tuvo su oportunidad en el segundo tiempo, pero se perdió en un fútbol individualista sin sentido. Si hacía un buen control, se equivocaba en el pase. Si hacía un buen regate, buscaba otro para perderla. Vamos, que ayer no fue ni de lejos la mejor tarde de los delanteros. Y es que el Deportivo no es por casualidad el segundo equipo menos goleador de esta Liga.
El otro hándicap del Deportivo estaba en las bandas, improvisadas ayer ante las bajas. Barragán se mostró nervioso en defensa (entregó varios balones absurdos a Kapo) e inexistente en ataque. El de Pontedeume no explota sus subidas por miedo a que le cojan la espalda, y así se pierde su mejor virtud. En el otro lado del campo Pablo Álvarez transitó despistado por la izquierda. El asturiano jugó cambiado de banda, y su fútbol lo acusó. Mientras, el zurdo Filipe siguió el partido desde la grada. Cosas de entrenadores.
Andrade. La dinámica del partido hizo lucirse a los recuperadores, que apenas tuvieron problemas para cerrar las escasas vías de creación del rival. Así lo hizo De Guzman, y así lo hizo Camacho. Sin bandas y sin delanteros, la mejor oportunidad del partido llegó de la cabeza de Andrade, que remató un balón al palo que despertó a Molina de la idílica tarde que estaba teniendo en Riazor. Y es que el ex deportivista vivió sin muchos sobresaltos su vuelta a A Coruña. El portero valenciano disfrutó porque regresó a Valencia con su portería a cero, y disfrutó porque la grada de Riazor lo ovacionó al empezar el partido, en el descanso y al terminar. Fueron además aplausos sinceros, porque el Deportivo no dejó ayer precisamente un gran sabor de boca a sus aficionados.
Todo lo contrario que Molina le pasó a Salva. El delantero de moda arrancó la tarde con una espectacular chilena que salió fuera por poco, pero ahí se acabó su peligro. Desde ese instante su repertorio se centró en un fútbol de trincheras, una guerra de guerrillas con Andrade en la que al jugador le importa más protestar, arrancar una faltita, dejar un codo o perder tiempo que jugar. Es el fútbol invisible, que aún no entiendo como gusta tanto a los entrenadores.
Reggi y Sergio pusieron los últimos sobresaltos de un partido plano que complica la vida al Levante después de las victorias de Celta y Athletic. El Deportivo, por su parte, mira ya a la Real Sociedad pensando de nuevo en dar ese salto que enganche a la afición. Y es que ayer en Riazor apenas se superó el tercio de entrada, y eso que la tarde invitaba a ir al fútbol. El Deportivo vuelve a hacer la goma, y ahora Europa está ocho puntos y los puestos de descenso a cinco. Lo importante para los de Caparrós de aquí al final es no sufrir, pero también debe buscar una meta. Lendoiro ya la ha puesto: Intertoto. Pues eso, a por Europa.
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