Primera | Real Madrid - Betis

Un Betis en racha y un Madrid que pide pista

Capello apunta rotaciones. Caffa, Sobis y Robert, tridente bético

<b>ATRACCIÓN. </b>Luis Fernández fue uno de los miembros de la expedición bética más solicitados a su llegada a Madrid.
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No hay constancia de que nadie se haya atrevido a encender una grabadora sobre el césped del Bernabéu durante una noche entera. Confío en que lo hagan los compañeros de Cuarto Milenio, si osan. De momento, se intuye que la concentración de voces de ultratumba podría compararse, en número, a un concierto de Los Sabandeños. Sí. El Bernabéu habla, y dicta, y firma sentencias, tan claras que la psicofonía bien podría sustituir al voto por correo. Porque no es el público quien se pronuncia, en contra de lo que algunos creen: es el cemento. Han sucedido tantas cosas en ese estadio, y tantas mágicas, que algo impregna el esqueleto del dinosaurio. Por eso, generación tras generación, el Bernabéu repite manías y amores, murmullos y silencios. Por eso, por algo que tiene tanto que ver con la tradición como con el sentido común, quiere a Beckham y rechaza a Capello. Por eso, en fin, juzga hoy.

Así es. A las habituales intrigas que rodean un partido se suma esta noche el regreso de Beckham a un estadio que se ganó, pese a tenerlo todo en contra (mechas y glamour), gracias a su impecable estilo de futbolista inglés, esforzado y orgulloso, feroz con el adversario y galante con el auditorio. Dos meses después de ser castigado por sincero, Beckham abandona su jaula de cristal y baja al césped, un retorno que se espera que sirva en igual medida de homenaje al preso como de castigo al carcelero.

Pero hay más. La última aparición del equipo en el Bernabéu (derrota ante el Levante y pañuelos al viento) dejó latente un herida que sería peligroso reabrir, ahora que se cierran las puertas de los tribunales. Y más aún cuando los cuernos del Bayern asoman a la vuelta de la esquina.

Decir que el Madrid también se juega el tren de la Liga suena casi vulgar, por repetido. Pero es cierto. Los cinco puntos que lo separan del Barça son el límite de la distancia tolerable, donde todavía caben los ánimos y las esperanzas. Más allá sólo hay milagros que no se apellidan Aparicio.

Cambios.

Que algo se mueve en el club lo demostró ayer la conferencia de prensa de Capello. Por primera vez, el entrenador admitió que podría marcharse al final de la temporada si no se consiguen los objetivos previstos. Y lo confesó con un tono más amable del habitual, vistiendo un jersey oscuro con el cuello de pico, sin el chaleco de amebas que tanto le desestabiliza.

Acuciado por la Champions, Capello también sugirió la necesidad de hacer rotaciones, aunque ni siquiera él parece tenerlas muy claras. En este sentido, podríamos aventurar la inclusión en el once de Higuaín, en detrimento de Raúl o Van Nistelrooy. Tampoco se puede descartar que en un arrebato de primaveral flower-power, Capello apueste por Guti y Gago en el medio campo y deje en el banquillo a Emerson, alérgico al Bernabéu.

El Betis, por su parte, vuelve al estadio donde quiso abandonar la Copa y se clasificó para cuartos. Ese día confirmó una resurrección que ratifican ahora los doctores de la estadística: una sola derrota (5-1 en Pamplona) en los últimos doce encuentros (Liga y Copa). Un balance que cumple el teorema de Boskov (filósofo de lo obvio), quien dijo tras ser goleado por el Bayern (9-1), que prefería perder un partido por nueve que nueve por uno. No obstante, la buena racha no debería hacernos olvidar que el cohete sólo está separado por tres puntos del descenso.

Aunque Luis Fernández repite supersticiones, su equipo no se asemeja demasiado al de la Copa. Hay caras nuevas que conviene memorizar, por si luego delinquen o lo contrario. Así, el esloveno Branko Ilic, cedido por su club de origen (Domzale), jugará de lateral derecho. Tipo interesante. El argentino Juan Pablo Caffa, procedente del exiguo Arsenal de Sarandí, se moverá por el ataque, junto a Robert (siete goles) y Sobis (3), todos ellos con personalidad suficiente para protagonizar una teleserie o culebrón.

Datos.

El Madrid, que ha sumado más fuera (24) que en casa (17), mantiene el peor registro goleador de su historia (12). El Betis, que sólo ha ganado a Nástic y Athletic a domicilio, no vence en el Bernabéu desde 1998, gol de Finidi.

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Esos son los números; los corazones laten distinto. José Antonio Espina, compañero dia-bético, tan verde en su interior como los lagartos de V, apunta al duelo de dos naturales de Camas, Ramos y Capi. Roncero me sugiere el destape goleador de Van Nistelrooy, excitado por el olor del Bayern.

Será testigo el Bernabéu, que asistirá, tras la decepción de su encuentro milenario, al partido de las mil y una noches. Sugerente, no negarán.

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