Palop, Melli y poco más
Penalti que no fue, gol anulado y muy mal fútbol


El comienzo del partido fue eléctrico, porque hubo prepartido. Primero, el Betis vetó la entrada de los profesionales de la radio oficial del Sevilla. Acto seguido, la entidad presidida por José María del Nido declinó recibir la réplica del monumento al Centenario bético que será inaugurado el próximo 12 de septiembre (la fecha en que los verdiblancos cumplen 100 años). Este hecho fue reflejado puntualmente por el speaker Manolo Melado después de dar a conocer las alineaciones. Un craso error. La bronca del respetable se tradujo a los tres minutos en el lanzamiento de una botellita de ginebra (típica de minibar de los hoteles), reglamentariamente entregada por Megía Dávila al delegado de campo local y que, reflejada en el acta, son 3.000 euros del ala. Y en un campo que está advertido de cierre.
A los 10 minutos, el colegiado madrileño, de manera errónea, interpretó que hubo penalti de Alves a Fernando. El brasileño, que vio su quinta amarilla, ni le tocó. El máximo castigo lo transformó Robert en un ensayo tipo rugby. No se puede tirar peor unos 'once metros'.
Pero tan fogoso arranque era inversamente proporcional a lo que un purista llamaría 'fútbol-arte'. Cero patatero. Sobis, como de costumbre, era cosido a faltas, Arzu tuvo la mala suerte de lesionarse, Navas no se iba de nadie (anda mal), y las defensas se imponían con claridad a las delanteras, destacando por su seguridad el serbio Dragutinovic y por su profesionalidad, el gran David Castedo. Llevan un siglo buscándole un sustituto (ahora se habla para junio de Capdevilla) y siempre termina jugando, porque nadie le puede superar.
Cuando parecía que el partido se amuermaba, la cosa volvió a enardecer, Megía anuló a los 53 minutos un gol a Sobis, que estaba en fuera de juego cuando Rivera disparó y se aprovechó de su antirreglamentaria posición para remachar. Poco después una efervescescente galopada de Adriano terminó en un centro que Poulsen, cual ariete a la antigua usanza, no alcanzó a rematar por un milímetro. El cuero se estrelló en el poste. La imagen siguiente de La Sexta mostró al delegado del Sevilla, Cristobal Soria, crack mediático famoso en el mundo entero por ser un asiduo en broncas rupestres de banda que tanto descentran a un contrario.
Y quien la tuvo fue Pancrate. Ganó la posición aprovechando un error en el despeje de Alves, pero Palop, un portero colosal, le supo aguantar y salvó a su equipo de un disgusto.
Y colorín, colorado, el segundo derby ha terminado. Como el de la Copa, con más intensidad y emoción que calidad y destreza, y como suele suceder se resolvió con el clásico empate. Sólo nos queda otro más. C'est la vie.
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Tensión entre los clubes
La deportividad estuvo en el terreno de juego, pero no así en el palco. La representación del Sevilla se negó a recibir un obsequio del Centenario bético junto a la Copa del Rey y un busto de Manuel Ruiz de Lopera, y el club verdiblanco se tomó la venganza. Anunció el altercado por megafonía y desplazó al presidente Del Nido a una esquina en el palco.



