Fútbol | Los lunes del Asador Donostiarra

"Aquí en Cádiz el fútbol es cultura, como el Carnaval"

Cuatro triunfos seguidos, doce jornadas invicto. El Cádizllega desde atrás como un búfalo. Buen momento para hablar en el Asador Donostiarra con su presidente, Antonio Muñoz, escoltado por dos optimistas: Robinson y Juan José.

Muñoz, Robinson y Juan José: "Hay que estabilizar al club en Primera".
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El Cádiz se despidió por última vez de Primera metiéndole cinco al Málaga. Y es que hasta para bajar hay que tener arte, como el de Mágico, como el de Kiko, como el de aquel Irigoyen de los milagros, como el de esa afición que acudió al duelo decisivo del ascenso más reciente, en Jerez para más morbo, portando una pancarta de 'Árbitro guapetón'. Ahora el viento de Levante vuelve a soplar de cola con dirección a Primera. A Antonio Muñoz Vera (Doña Mencía, Córdoba, 1945), presidente desde el 2000, le pilla la crecida en obras, con el estadio en plena remodelación, pero con buenas sensaciones: "Hay que estabilizar al club en Primera". Michael Robinson (Leicester, 1958), ex jugador de Liverpool y Osasuna, emblema de la programación deportiva de Canal + y consejero del Cádiz, también se ve en el buen camino: "Fue importante que el Almería le ganara al Murcia. Así tenemos dos a tiro. Y vamos a La Condomina...". Juan José Jiménez Collar, Sandokán (Cádiz, 1957), ha completado el recorrido perfecto del cadista: canterano, jugador del primer equipo e hincha. También tiene el calendario en la cabeza: "Después de Murcia vienen Almería y Salamanca... en los dos sábados de Carnaval. Y la historia dice que los partidos en esas fechas nos fueron mal. Y eso que en mi época no salíamos...". "No salíais por la puerta, sino por la ventana...", le corrige Muñoz con guasa.

Guasa, sustantivo de etimología caribeña que, como las habaneras, se instaló en Cádiz. Está en la afición, aunque no en la gestión. Muñoz lo explica: "Heredamos del Grupo Zeta un club con nueve millones de deuda y en peligro de desaparición. Hoy hemos estabilizado el club. Pagamos puntualmente y gozamos de una estructura interna a la altura de los ocho mejores equipos de Primera. El club cuenta con 19.000 socios y hace campañas de captación en cada uno de los 42 pueblos de Cádiz de forma individualizada. Porque el crecimiento no está tanto en los 140.000 habitantes de la capital como en el millón y medio de la provincia. Un 40% de los abonados procede de fuera de la ciudad. Y casi el 50% del total son mujeres. El Cádiz también es el club de España que más equipaciones de bebé vende... Nosotros no tenemos déficit. Los jugadores que ascendieron firmaron cláusulas en sus contratos por las cuales veían reducido su sueldo si descendíamos. Venimos del desmadre y no podemos hacer locuras. Yo he visto sacar a niños dinero de sus huchas para salvar al Cádiz. Así se recaudaron 15 millones de las antiguas pesetas que no daban para la supervivencia del club, pero sí no cargaron de moral a nosotros. Y es que aquí el fútbol es cultura, como el Carnaval". El presidente dispara datos con entusiasmo hasta que llega la remodelación del Carranza. Ahora se trabaja sobre el fondo norte en medio de una fuerte polémica por el marcador. Su instalación y patrocinio han desatado una pelea política entre Junta y Ayuntamiento que ha cogido al Cádiz en medio. "Aquí hasta el marcador es importante. A la demolición del antiguo asistieron mil personas", recuerda Robinson. La reforma dejará el estadio con un aforo de 25.000 espectadores. "Nos han puesto un techo. En Primera quizá este equipo hubiera alcanzado los 30.000 abonados". "El Ayuntamiento no nos ayuda tanto como dice", desliza Muñoz. Alrededor de 300.000 euros recibe el club anualmente para el fútbol base. Lo que ocurre es que la alcaldesa, Teófila Martínez, refleja como subvención también lo que cuesta el Carranza, torneo municipal en el que el Cádiz es mero organizador. "En 2005 advertimos que no volveríamos a hacernos cargo de su gestión si lo que el Ayuntamiento gasta en el torneo figuraba como ayuda al Cádiz. Y este año han vuelto a meterlo...".

Lanzado. Mientras, el equipo llega al galope, con doce jornadas invicto y cuatro victorias seguidas, después de cambiar de monta. Empezó Oli y ahora el patrón es José González. "La responsabilidad de lo de Oli es mía", se autoinculpa Robinson hasta donde le deja el presidente: "No es verdad. Todos, Consejo, técnicos y hasta jugadores estaban convencidos de que era el hombre. Él traía un sistema y de pronto se encontró con los titulares de medio campo hacia adelante lesionados. Y la cosa no funcionó". Robinson recuerda cómo llegó Oli al Cádiz: "Un día sonó mi móvil y era él. 'Quiero jugar en el Cádiz. ¿Por qué no me fichas?', me dijo. Lo primero que pensé es que sería muy caro. Se lo dije al presidente". "Llegamos a un acuerdo en diez minutos", continúa Muñoz. Con José la cosa le va mejor al equipo: "Tiene el estilo de Benítez, llegará lejos. Quizá pueda entrenar al Madrid". "Cracks del banquillo no hay muchos. Un amigo mío dice que el 90% de los técnicos pierde entre 10 y 15 puntos al año por hablar. En Cádiz hemos sido siempre atípicos. José saltó desde el juvenil, a Espárrago lo trajimos pese a que llevaba mucho tiempo sin entrenar, Oli pasó del campo al banquillo", explica Robinson.

Pero en Cádiz hay aún mejor pasado que presente. Abundan las leyendas y la de Mágico es la más apasionante: "A veces jugábamos con diez, pero la gente iba al campo para ver al Mago. Cuando estaba en el Madrid, Molowny me preguntó por él. Le dije que era un fenómeno. Y entonces quiso saber de su vida privada. '¿Cómo voy a conocerla si ni siquiera estoy al tanto de la mía?', le contesté. En Cádiz, un día, para huir del control antidopaje, se fue conduciendo con el uniforme y las botas puestas. Muchas veces tiraba por la ventana la prima que le daba Irigoyen. Odiaba el dinero". Robinson rescata una charla prepartido en Osasuna: "Zabalza nos hablaba del Cádiz y Castañeda, nuestro mejor marcador, estaba allí atrás, fumándose un pitillo y con aire distraído. Entonces el entrenador se acercó a él y le preguntó si no le preocupaba Mágico. 'Primero, no sé si se va presentar. Segundo, no sé si le va a apetecer. Ahora, si se presenta y le apetece, no cuente conmigo', le respondió".

Mágico. Muñoz recuerda su última visita a Cádiz, donde le rindieron homenaje: "Se presentó en España con un chándal, sin equipaje. No traía ropa ni dinero. Ya en la ciudad, el concejal quedó en recogerle en el hotel para llevarle a la recepción municipal. Cuando llegó le encontró dormido. A toda prisa volvió a su casa, recogió uno de sus trajes y se lo prestó. Al entrar al Ayuntamiento me di cuenta de que le estaba demasiado grande y, sobre la marcha, me quité el cinturón y le obligué a ponérselo para que no se le cayeran los pantalones".

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Así era Mágico y así es el Cádiz que embrujó a Robinson. Alfredo Relaño recuerda cómo contrajo la fiebre amarilla: "Quería traerle a Canal + y para que viera cómo eran nuestras retransmisiones le mandé el vídeo de aquel partido en el que el Cádiz se salvó ganándole al Zaragoza. Perdía por 0-1 y acabó ganando por 2-1. A Kiko le hicieron el penalti del empate y marcó el 2-1". Robinson lo confirma todo: "En la temporada del play-off (86-87), el Cádiz quedó último en temporada regular. También fue el último de esa liguilla entre los seis peores. Pero como la Primera pasaba de 18 a 20 equipos y sólo bajaba el último, Irigoyen forzó una tercera liguilla entre los tres últimos. El Cádiz no ganó un partido y, sin embargo, bajó el Racing. Entonces llegué a la conclusión de que allí sabían algo que todos los demás ignorábamos". La otra explicación de su conversión cadista es genealógica. "Yo nací en el condado de Cork y he recorrido mis antepasados hasta 1792. El 98% de los habitantes de la zona son de piel blanca, pelirrojos y con muchas pecas. En mi familia no hay nadie así. Es decir, que mis raíces deben estar en los náufragos españoles de la Armada Invencible. Los barcos habían salido de Cádiz y de Finisterre y yo gallego seguro que no soy...".

Robinson sólo metió un gol al Cádiz: "Pero no puedo contarlo. Centró Pizo, yo rematé de cabeza y no recuerdo más porque Linares llegó tarde y...". 'Linares, no te vayas al Milán', se escribió en una pancarta en el Carranza. "Decían que Carmelo era el Beckenbauer de la Bahía, pero claro, el que llegaba hasta él había tenido que medirse antes a Linares, a Manolito y a mí. Llegaban exhaustos...", ironiza Juan José, de la cofradía de los milagros: "Una vez ganamos en Tenerife 0-1 sin disparar a puerta. Manolo Hierro se hizo un autogol y nos salvó". Tiene guasa.

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