El Vasco quiere vencer a su modelo

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Cuando Aguirre llegó al Atlético se planteó una meta, una aspiración deportiva más allá de puntos, Champions y Uefas. Su proyecto consiste en moldear un equipo mal encarado, más por agrio para los rivales que por imperfecto, y de una solidez que ofrezca la certeza de sumar como mínimo un punto en el peor de tus partidos. Su guión para trabajar es el Valencia de los últimos años; un cachorro de hiena que amamantó Cúper, crió Benítez y está perfeccionando Quique. El mexicano habla con admiración del equipo valencianista, de su solidez y de su compromiso, al mismo tiempo que piensa en cómo intentar tumbar a su propio modelo. En el Vicente Calderón lo intentó, pero un error hizo que su Atlético se desangrara en las fauces valencianistas.
Desde el mes de agosto Aguirre se ha ocupado en despertar la voracidad de sus pupilos. Actitud, hambre de triunfos y huida de la desidia. Dejarse llevar está prohibido en el vestuario rojiblanco. Por eso El Vasco sale contento de un partido en el que su equipo ha tratado el balón como un objeto extraño, pero en el que sus chicos se han vaciado. Hoy espera que el hambre de Luccin, de Leo Franco, de Antonio López, de Fernando Torres sea mayor que la de un Valencia que despierta tras un letargo marcado por las lesiones. Sólo falta ver quién presenta los colmillos más afilados. Aguirre ha asegurado que el partido "servirá para ver dónde estamos". Qué mejor termómetro para calcular tus progresos que medir fuerzas con ese hermano al que quieres parecerte.



