Primera | Villarreal 1 - Real Madrid 0

El Madrid vuelve a caer

Marcos fulminó a los blancos en una gran jugada. Los de Capello se desmoronaron en la segunda mitad. Ni gol ni ocasiones. Destellos de Matigol

<b>UN ARIETE SIN GOL</b>. Van Nistelrooy ayudó muy poco al Madrid en El Madrigal. Aunque el holandés ha marcado diez goles que han valido nueve puntos, el último de sus tantos contra el Zaragoza, sus apariciones cada vez se espacian más. Ayer apenas intervino, ni desmarques ni remates. Está claro que Robinho y Reyes no funcionan como asistentes del ‘nueve’. En la imagen, el ariete holandés pelea sin éxito con Fuentes y Cygan por un balón aéreo.
Actualizado a

El que a hierro mata, a hierro muere. Se dijo para fijar el destino de los que solventaban sus pleitos a espadazos y sirve también para definir a este Madrid, vivo gracias a tantas victorias ínfimas y ayer muerto por el mismo motivo. La táctica del gol irreversible, esa estrategia que convierte el fútbol en un entramado de nudos y sogas, de músculos y sudores, es una garantía de éxito sólo cuando marcas tú. Cuando lo hace el contrario no hay tiempo suficiente para liberarse de las cadenas, para escapar de la piscina, para completar el truco. Con Capello de entrenador, Houdini hubiera muerto ahogado.

Conste en acta que el Villarreal ganó con justicia, puntos y autoestima, porque superó las dificultades y supo encontrar caminos y asfaltarlos después. Se coló por el único callejón que le ofreció un partido equilibrado y un rival parecido en las virtudes y en los defectos. Ese fue su mérito. Vencer tanto al Madrid como a las miradas de Riquelme, testigo en la grada.

Para el Madrid lo peor es que estos resbalones apenas causan estruendo ya. Eso nos dice que su condición de aspirante, sostenida por la clasificación, no se corresponde con las expectativas de la mayoría. Este equipo en formación puede perder en cualquier sitio y en cualquier momento.

El Villarreal empezó y acabó el discurso. Abrió el fuego con un disparo de Marcos, que acabaría siendo el protagonista principal. Su presentación fue un voleón a la carrera que sorprendió a Casillas, mal colocado, y que le obligó a rectificar con apuros y riesgo de hernia. Incluso antes del gol, Marcos, de sólo 19 años, aparecía como un futbolista verdaderamente interesante. Nacido en Ibiza y cultivado en la cantera científica del Villarreal, el chico ofrece movilidad y descaro, desmarque y tiro. Un toque hippy. Luego volveremos a él.

Lastre. El Madrid respondió a esa aproximación con una ocasión clarísima de Robinho. Acampado en el segundo palo, cuando el brasileño recibió el balón tuvo tiempo hasta de consultar google. No lo hizo. Controló, dejó botar la pelota y empalmó al cielo, como esos defensas que se asustan o esos glotones que se comen la pelota. Ni vio la portería ni vio a Higuaín, que le señalaba su bota izquierda con desesperación. Ya hace algunos partidos, demasiados, que Robinho recuerda más al chupón del recreo que al sucesor de Pelé. Será la juventud.

Si esos primeros minutos fueron muy equilibrados, en los siguientes el partido fue inclinándose en favor del Madrid, más por solidez que por juego. Diarra imponía su osamenta en el medio campo y, en ausencia espiritual de Gago, se convertía en referente. Sin embargo, ese dominio apenas se traducía en oportunidades de gol porque Higuaín estaba más disperso que en partidos anteriores y Robinho y Reyes, los otros futbolistas que deberían ejercer de enganche, apenas aportan nada. Es más: da la sensación de que juegan porque Capello no tiene alternativa.

A la media hora, la aparente ventaja de los visitantes ya no era tal. Ese fue el tiempo que tardó el Villarreal en darse cuenta de que no tenía nada que envidiar al Madrid, de que podía tutearle. Supongo que ese es el riesgo de acumular en el campo chavales de 20 años. Pronto se les adivina la primavera, la falta de bigote.

Si el Villarreal no se fue al descanso con un gol de ventaja fue por la intervención divina de Casillas, que sumó dos milagros en la misma jugada. Cani conectó con Forlán (por fin) y el uruguayo encaró al portero con peligro de muerte. Iker, felino, le rebañó el balón, con tan mala suerte de que la pelota cayó a los pies del propio Cani, que acompañaba la acción y fusiló a placer. En este caso su mala fortuna fue que a Casillas las balas le rebotan en la pechera. Matías Fernández pudo culminar el ataque, pero su chut fue un ensayo al arco iris, quizá intimidado por Casillas, que había vuelto a desplegarse como Batman. Si este portero cobrara por obra todavía ganaría más. En cualquier caso, debería jugar con capa.

Promesa. Matías Fernández acaparó foco en ese disparo fallido. Antes, había dejado entrever detalles de magnífico futbolista, pero sólo apto, de momento, para arrebatos puntuales. Como el contragolpe que propició su asistencia de gol. Por lo que se ve, es un chico que está deseando correr y las situaciones que piden pausa le desesperan. Eran un ídolo en Chile y aquí es un muchacho. Para él, abandonar Colo-Colo, más que un cambio de club, ha sido un cambio de instituto. Para volver a ser el rey de la pandilla sólo necesita una pandilla.

La única aparición consistente de Higuaín sirvió para que supiéramos cuánto vale Higuaín, lo necesario que resulta en un equipo tan obtuso. En una jugada confusa bajó del cielo un balón amelonado y enganchó un chutazo que desbarató Viera con bastante susto. De momento, seguimos sin saber si Higuaín no tiene gol o no tiene compañeros.

Tal y como estaba el combate, la victoria necesitaba de un solo gol, el primero. Y a por eso se lanzó el Villarreal en la segunda mitad, con más ahínco, haciendo uso del comodín del público.

Consecuencia de ese entusiasmo llegó el tanto del triunfo. Fue en una contra mucho más que rápida, fulminante. Forlán entregó a Matías Fernández y el joven asistió a Marcos, al que había visto un segundo antes y al que dejó de mirar al efectuar el pase, para despistar, al estilo de Magic Johnson, que parecía buscar chicas guapas entre el público mientras repartía armas a los amigos. Marcos se plantó ante Casillas y resolvió con la eficacia de los que no tienen fantasmas en la cabeza, sólo sueños y mechas.

Fue demasiado para el Madrid. Ya lo hemos dicho: si planteas partidos así, tan alicatados hasta el techo, tus goles valen oro, pero los del enemigo también. Intentó la igualada, cierto, pero esta nueva versión del equipo, que presume de mayor ánimo, tiene menos ingenio. La juventud ofrece pasión, pero al borde del precipicio se echa en falta la vieja sabiduría de los gorditos bailones.

Noticias relacionadas

A este respecto, conviene señalar también la enfermedad que afecta a uno de los futbolistas del Madrid, Van Nistelrooy. Su dolencia: la invisibilidad. Damos por hecho que su participación debe concentrarse en el remate, pero su alejamiento físico de los balones que sobrevuelan el área es cuando menos preocupante. Ni las ve ni las huele. Más o menos como Robinho y Reyes. Un tridente que no pincha un flan.

Como sucede últimamente, el acoso del Madrid se limitó a los impulsos de Sergio Ramos, Tarzán de Camas al que no vendría mal una Jane, para apaciguarle. Corrió rápido el tiempo. Y se esfumó el Madrid. Ese fue el truco del Villarreal.

Te recomendamos en Más Fútbol

Productos recomendados