Carmelo Cedrún

"Nadie me había driblado dos veces como Marsal, ni Garrincha, ni Pelé"

Carmelo Cedrún Ochandategui (Amorebieta, 1930). Jugó en el Athletic entre 1950 y 1964. Antes de la irrupción de Iribar, que le sustituyó, fue un portero mítico en San Mamés. Ahora vive en Durango con su mujer y desde allí recordó para AS la tarde del 17 de noviembre de 1957, cuando Marsal le marcó en el Santiago Bernabéu 'el gol del minuto largo'.

Carmelo Cedrún.
Carmen Colino
Editora Jefe de Eventos deportivos
Editora jefe de Eventos Deportivos. En AS desde 1996, de ellos 22 años en la sección del Real Madrid siendo responsable de la misma desde 2006. Dos años en redes sociales y ocho de responsable de Verticales y Actualidad. Vicepresidenta de la Asociación de la Prensa Deportiva de Madrid. Colaboradora de El Chiringuito de Pedrerol, Atresmedia.
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¿Qué recuerdos tiene de aquel gol?

Un mal recuerdo. Pero tengo que reconocer que fue una jugada genial, extraordinaria. Nos dribló a todos, a mí dos veces. Al ver cómo entraba el balón, nos quedamos todos hechos un ovillo. Es lo mejor que he visto en mi vida. Para mí el mejor gol de la historia del fútbol. Si hubieran marcado uno así Ronaldinho o Ronaldo lo estaríamos viendo todos los días. Cuando marcó la ovación era tan estruendosa que se caía el campo. Todo fueron pañuelos blancos.

¿Cuántas veces se lo han recordado?

Últimamente poco, ya ha caído en el olvido. Pero cuando sucedió fue horrible. Iba al cine y en el NODO daban esa jugada siempre y la gente me miraba. En aquel momento me alegré mucho por él porque era un muchacho magnífico. Aquel día no pude agarrarle...

¿Llegaron a ser amigos?

No teníamos amistad. Pero antes de aquel gol ya nos habíamos encontrado en los terrenos de juego en el año 55. Jugamos contra el Murcia y él estaba allí y volvió a meterme otro gol. Esa vez fue en San Mamés en los octavos de final de la Copa. Golazo también. Pero no pasó nada porque remontamos en Murcia, vencimos 0-2 y luego ganamos la final y fuimos campeones.

¿Tuvo pesadillas con aquella jugada?

Soñé alguna vez que otra. Al ser un golazo no tuvimos más remedio que aplaudir. Por supuesto que me quedé con mala leche porque a mí no me gustaba perder nunca. Tuve ganas de revancha, pero claro fue tal el golazo que lo mejor era callarse. Ahora estoy hablando con usted y lo estoy recordando como si hubiera sucedido hace cinco minutos. Nunca nadie me había driblado dos veces antes, ni siquiera Garrincha o Pelé, con los que ya me había enfrentado unas cuantas veces.

Acaba el partido, entran en el vestuario, ¿y qué dicen?

Al acabar el partido vino Di Stéfano a darme la mano y me dijo: "Ante esto no se puede hacer nada. Marsal tiene estas cosas, mete goles increíbles". Ya en el vestuario, nos mirábamos unos a otros y estábamos avergonzados. Todos comentamos su manera de driblar. Estuvimos una semana escondidos, era lo mejor que podíamos hacer.

Fíjese si el gol fue importante que sale en la película 'La batalla del domingo'.

¿Ah sí? Ni lo sabía. Esa película no la he visto y tampoco la voy a ver.

Pero al menos recordará algo bueno de aquel partido...

Lo mejor de todo es que después de aquel encuentro, sólo tres días después, tuve la oportunidad y la alegría de jugar con España. Le quité el puesto a Ramallets. Se me olvidó todo.

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Además, otra de las cosas a su favor es que en el Bernabéu le querían mucho. A usted y a Garay.

Sí, es cierto. Y por eso tengo que estar muy agradecido a los aficionados madridistas. Siempre me aplaudieron y me acogieron con cariño. Yo tuve grandes tardes en Chamartín y el aficionado me lo supo valorar. Me han aplaudido mucho, de verdad se lo digo. Mire, los mejores sitios para jugar al fútbol son San Mamés y Chamartín, bueno, ahora el Bernabéu.

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