Y ahora toca el Barcelona...
Betis y Racing jugaron un partido espantoso. Xisco, con un excelente tanto contrarrestó el 0-1 cántabro. Los de Luis Fernández afrontan una dura semana


Betis y Racing sometieron a todo el personal que se asomó por el estadio Ruiz de Lopera y a esos valientes (que los hubo) que optaron por verlo a través del PPV, o televisión de pago, a uno de los más atrozmente aburridos espectáculos de los últimos tiempos. Fue un partido feo, malo, sin sustancia, carente de fundamento y donde el único que hizo esfuerzos por darle calor fue el colegiado madrileño Velasco Carballo, que sacó cinco tarjetas en 32 minutos. Pero se dio cuenta de que ni así se animaba semejante bodrio. Así que bajó el pistón. Por cierto. Nunca entenderé por qué nuestros celtibéricos trencillas son tan pijoteros para las chorradas y tan condescendientes con las entradas bruscas. A Wagner le sacó, a los cinco minutos una tarjeta amarilla por llevar una pulserita que no hace daño a nadie. Anteayer el cadista De Quintana no se decidió a jugar con una máscara protectora de su tabique nasal. Pero a Cech, portero del Chelsea sí se le permitió salir con un casco. Pirri, en 1971 jugó una final de la Recopa (precisamente contra este equipo londinense) con un brazo en cabestrillo. Cada día entiendo menos toda esta parafernalia de chorradas 'educativas' y otras hierbas.
Bodrio supino. De verdad, resulta muy complicado poder contarles algo que merezca la pena. En todo caso, recalcaremos que el Racing tiene motivos para quejarse por una errónea decisión arbitral. Minuto 33. Zigic gana en el salto a Arzu y bate a Doblas. El gol, limpísimo e impecable, es sorprendentemente anulado porque el juez de la contienda estima que existió falta del altísimo delantero serbio sobre el zaguero de Dos Hermanas. La verdad es que los cántabros apenas protestaron, pero el gol debió subir al marcador.
Y nos detenemos un rato con este jugador. Sus 2.02 metros le convierten en un peligro constante en el juego aéreo. Presiona, tiene en jaque a toda una zaga y, en defensa, sabe aplicarse. Les pongo un ejemplo. A eso del minuto 25 Assunçao lanzó una falta con su potencia habitual. Lo hizo muy bien. Y en eso que, cual centella, uno de los defensores cayó como fulminado. Era el más alto. Era Zigic. Y no nos engañemos. Si el Rácing está tan interesado en fichar a otro delantero (Cavenaghi) es porque tiene asumido que traspasará a su balcánico para sacar un buen dinero y librar, de paso, a su equipo de acogerse a la terrible Ley Concursal o de Suspensión de Pagos puesta de moda por Sporting, Las Palmas y Málaga.
El partido transcurría lentísimo. Un Racing especulativo y esperando su mejor ocasión y un Betis atocinado y nulo en ataque. Tan nulo, que hubo que esperar ¡70 minutos del ala! para ver su primer 'disparo' a puerta. Y lo pongo 'entre comillas' porque aquello fue un tiirito de Fernando que sirvió al menos para que nos enterásemos de que el portero del Racing se llama Toño.
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El fenomenal público verdiblanco soportaba con estoicismo tan deleznable obra de teatro. Pero cuando el espectaculito caminaba cuesta abajo y sin frenos hacia un insulso empate a cero llegó lo más interesante. Absurdo penalti de Doblas a Munitis. Fue a falta de siete minutos en un balón aéreo. Quizá el portero de Bellavista midió mal la salida y por ello arrolló al escurridizo jugador cántabro. Nada que hablar. Garay transformó la pena máxima y el estadio se pudo atacado de los nervios. El equipo de la Liga volviendo a las andadas.
Pero esto es cuestión de rachas y apenas dos minutos después llegó un increíble regalo en un despeje de Toño, que Xisco, en excelente y rápida vaselina convirtió en el 1-1. Fue lo único artístico de un partido insoportable. El Betis sigue sin levantar la cabeza en la Liga. Y lo peor es que se le avecina un mes de órdago a la grande. El miércoles viene el Bar después, el Valencia, a renglón seguido el Athletic y el Sevilla. Malos tiempos para la lírica. Si el Betis A (el de la Liga) no está a la altura del Betis B (el de la Copa) auguro que tendremos muchas tardes de sufrimiento y sinsabores en Heliópolis. Y ya no valdrá la historia esa del 'buen rollito'.



