Copa del Rey | Real Madrid 1 - Betis 1

Vive el Betis, cae el Madrid

Gran partido verdiblanco en el Bernabéu. Mejuto no pitó un claro penalti a Robinho. El Madrid no supo remontar. Se pagó muy cara la inexperiencia

<b>ASEDIO SIN FRUTO</b>. El Real Madrid puso cerco a la portería de Doblas durante toda la segunda parte, con ánimo, pero sin acierto. Tanto Melli como Nano defendieron con entrega y talento la portería del Betis. Van Nistelrooy fracasó en el intento de marcar y las subidas de los centrales provocaron más peligro que las acciones del delantero holandés.
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Capello se jugó los últimos minutos de su primera final de la temporada con un chico del Madrid C, Nieto, un par de muchachos del Castilla, De la Red y Torres, y dos recientísimos fichajes que no superan los 20 años, Gago e Higuaín. Que nadie piense que apunto a los jóvenes, no lo hago. Señalo al entrenador. Su repentino ataque de autoridad ha desguarnecido completamente a la plantilla. Y se ha pagado caro. Antes que rebajar el castigo a alguno de los marginados, Capello, tal vez prisionero de sus propias condenas públicas, decidió afrontar el partido de ayer con un único delantero en el banquillo, Nieto, que sólo había jugado 73 minutos con el primer equipo y en un partido insustancial, Kiev.

Según escribo, escucho a Capello escudarse en la mala suerte y en el penalti no pitado a Robinho. Es cierto que hubo algo de mala fortuna y que el penalti (minuto 21) fue clarísimo y pudo sentenciar la eliminatoria. Pero el argumento, aunque demostrable, está en contra de la teoría del resultadismo, su teoría, la oscura filosofía que le acompaña desde que regresó al equipo y que hacía que se le perdonara el mal fútbol en la esperanza de unos resultados que parecían infalibles. Parecían.

El mérito. Pero no quisiera continuar sin destacar la magnífica clasificación del Betis. Los huracanes que azotan al Madrid nos hacen olvidar muchas veces que el sol brilla en otros lugares. Con un equipo plagado de suplentes y reforzado con dos canteranos, el Betis salió a luchar por la Copa. Jamás la despreció. La alineación no era una renuncia, sino una simple necesidad. Tal vez fue también un magnífico recurso de Luis Fernández, sangre fresca, corazones nuevos. No volveremos a desconfiar.

Entre los méritos del Betis está sobreponerse al peor de los inicios posibles: gol del Madrid a los cinco minutos. Sin tiempo para santiguarse, besarse el anillo o encomendarse a Shakira, según sean los dioses de cada cual. Un mazazo que si tuvo alguna consecuencia fue en el planteamiento del Madrid. Sí, el efecto estimulante del gol no le duró demasiado. Como si más allá de la alegría, el tanto hubiera despertado una duda existencial: lanzarse o conservar. El impulso primario contra el sesudo análisis, quizá contra el consejo del entrenador. Y ese dilema, lo creo ahora, detuvo al equipo, que entregó el balón y se limitó a buscar el contragolpe. Mala cosa cuando la frescura se convierte en plan. Peor aún si eres superior, casi imperdonable entonces.

Lo que hacía más mentiroso a ese gol, además de su prontitud, es que reunía todos los buenos augurios: nació de un pase delicioso de Gago al hueco que recogió Reyes y remató Higuaín, duro, contra un defensa. El córner siguiente fue botado en corto y Robinho chutó con la izquierda con más idea que colocación. Doblas se tragó el balón sin agua, si bien es cierto que la pelota botó antes, cruelmente. Luego se haría perdonar.

El Betis aceptó el balón y el torneo. Comenzó a tocar para sentirse y, después, empezó a mover para encontrarse. Se abrió y soportó las contras enemigas sin descomponerse, aunque varias rozaron la sentencia. En esos instantes, Higuaín todavía existía y confirmaba en cada intervención su extraordinaria categoría. Su problema: la ausencia de gol y la escasez de socios.

En el minuto 36 Dani empató el encuentro e inclinó la eliminatoria en favor del Betis. La jugada fue espléndida: el chico Isidoro centró desde la derecha, Maldonado tocó a la olla y allí apareció Dani, casi sobre la línea de gol. La celebración descubrió el disfraz: piel de cordero sobre agallas de tiburón. Y el Betis, en cuartos.

Fue en la pretendida reacción donde más se notaron las carencias del Madrid. El equipo, en su versión remozada y rejuvenecida, sabe jugar bien en circunstancias, digamos, primaverales: partido en casa, marcador a favor y agonía controlada. Pero el fútbol se juega en otras estaciones, con viento en contra y lluvia de puñales, y es en esas condiciones donde se distinguen las promesas de las realidades, los aprendices de los asesinos.

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En pleno acoso, Sergio Ramos, recolocado como lateral derecho, fue el mejor delantero del Madrid, incansable, peligrosísimo en cada incursión. Gago se perdió un poco en la emoción e Higuaín desapareció en la corriente. Como Robinho, igual que Van Nistelrooy, que jamás se dejó ver. Salió Nieto. Luego De la Red. Hubo un par de faltas desde la frontal que Beckham vio desde su palco. Tengo entendido que los marginados todavía cobran.

El Betis resistió heroicamente, ganando valor y perdiendo tiempo, altas las barricadas. En el tiempo añadido se anuló un gol a Helguera por fuera de juego. En la primera parte también se había anulado uno de Ramos por el mismo motivo, justos los dos. Lo que no despejó el destino, lo paró Doblas. Perdió Capello. Murió el Madrid.

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