Andreu-Nadal: una guerra que agudiza la crisis grana
Como en los mejores combates, Tarragona vivió ayer un cruce de golpes entre el ex presidente del Nàstic, Josep Maria Andreu, y el alcalde de la ciudad, Joan Miquel Nadal. Fue una jornada movida, en la que la mala situación del club traspasó lo deportivo y se intorujo de sopetón en los despachos.


Josep Maria Andreu acusó a Joan Miquel Nadal de "inoportuno", de "desconocer este mundo" y de "entrometerse en el fútbol". El alcalde culpó al ex presidente de "utilizar mis palabras para tener una excusa y marcharse", de "generar desilusión en la afición" y de "no aceptar las críticas". El suelo de Tarragona soportó ayer un terremoto provocado por dos de las personalidades más influyentes de la ciudad. Una guerra que desató el alcalde la semana pasada y que ha acabado con la dimisión irrevocable de Andreu el martes.
A las 12:07 asomó el ex presidente por el Nou Estadi -antes se había despedido de los jugadores y técnicos- y comenzó a leer sus últimas palabras en la sala de prensa. Frío, sin derramar una lágrima pese a que el lugar estaba abarrotado de periodistas, empleados y peñistas, y como si de un hombre de Estado se tratase, Andreu leyó un comunicado en el que culpó al alcalde de su marcha. "Tomé la decisión el jueves pasado, después de unas palabras del alcalde que fueron desafortunadas. No entiendo por qué lo ha hecho. No sé si hay algún interés", dijo. Cuarenta minutos después seguía afilando los cuchillos: "Estoy decepcionado. El deporte debe estar separado de la política".
Sin compañía. Antes de que el ex presidente hiciera su conferencia de prensa, el alcalde ya había perfilado una réplica, pues comunicó que a las 16:30 le tocaba a él entrar en el cuadrilátero. Y así ocurrió. Se había previsto, en la sala de prensa del Ajuntament de Tarragona, que el alcalde estaría acompañado por Raúl Font, nuevo presidente y teniente alcalde de la ciudad. Pero Nadal apareció sin compañía. "Me he quedado más solo que la una". Él y su conciencia, por tanto.
"Acepto mi error", arrancó, "pero si en vez de decir fracaso hubiese dicho desilusión, ¿Andreu habría seguido?". En el aire queda. En el terreno de la palabra Nadal es un artista. Juega en casa, como buen orador que es. Sus frases calan como las lluvias finas de otoño. En 30 minutos de parlamento, repitió 22 veces la expresión "estoy dolido" y en ocho ocasiones "me han utilizado".
Andreu había asegurado horas antes que "no descarto volver a la presidencia, pero no podré hacerlo si Nadal sigue como alcalde". Éste acusó al ex presidente de "excluir a la gente" y le dio la vuelta a la tortilla: "Invito a Andreu a que se presente otra vez. No tengo problemas. Yo, a diferencia de él, puedo ser alcalde y él puede dirigir al Nàstic".
Nàstic de Primera. Una guerra abierta, por tanto, que agudiza la crisis de la única coincidencia entre Andreu y Nadal, el Nàstic. Ambos destacaron que "hay que luchar por un equipo de Primera, porque la afición lo es". Ambos, asimismo, confiaron en que la situación "es remediable y la plantilla debe seguir luchando por la permanencia".
El alcalde, antes de aparecer en público, se reunió con José Luis Vilar, Jordi Virgili y Raúl Font para exigirles "unión y coherencia en estos momentos díficiles, ya que la división en el Consejo era evidente". Font coge la riendas del club hasta mayo, cuando se convocarán elecciones en una Junta General Extraordinaria. Andreu seguirá en el Consejo como accionista que es.
Nadal se pasó toda su exposición anunciado que llegaba el Apocalipsis ("no quiero que el Nàstic baje de Primera al infierno"), mientras que Andreu habló de la lógica del fútbol ("esto para nosotros era un premio. Si se baja, no pasa nada"). En el fútbol los conflictos nacen de las palabras.
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Llegó al Consejo en 2004, pero su nombre lleva ya once años relacionado a la política de Tarragona. Es concejal desde 1996 y biólogo de profesión. Actualmente es teniente alcalde y concejal del área de Deportes y de Tránsito. También es presidente de la empresa Espimsa, que gestiona mercados y aparcamientos. Nadal reconoció ayer que "no me gusta que sea presidente, pero lo ha tenido que asumir porque nadie quería". Andreu, en cambio, habló de que se llegó al consenso.



