"Jugaba al fútbol y veía los misiles pasar"
Javad Nekounam (Irán, 1980) es fue uno de los fichajes tapados de esta Liga. Ziganda respiró tranquilo cuando en el Mundial de Alemania le enseñaron la segunda amarilla que le impedía jugar el tercer partido y que alguien más descubriera a este mediocentro que está causando sensación.

¿Cómo fueron sus primeros contactos con el fútbol en Irán?
Nací en Shahr-Rey, que fue capital de Irán hace unos doscientos años. Es una ciudad que se encuentra al sureste de Teherán. Allí jugábamos en dos calles, los de una contra los de otra. Tengo muy buenos recuerdos de aquella época.
¿Cómo eran aquellos partidos de su niñez?
Muy competidos. Empezábamos a las tres de la tarde y terminábamos sobre las nueve. Una vez vino la Policía y nos quitó las porterías y nos prohibieron jugar.
¿Era normal que les prohibieran jugar al fútbol en su país?
No, lo que pasaba era que, en ese momento, estábamos discutiendo por una jugada y armábamos mucho jaleo. Además, estábamos interrumpiendo el tráfico.
¿Rompían muchos cristales y se quejaban los vecinos?
(Risas). No, no era un problema de rotura de cristales, es que armábamos muchos ruido. Los vecinos nos tiraban cubos de agua para que dejáramos de jugar.
¿Cómo era el balón?
Era de plástico, un modelo con el que jugaba todo el mundo allí.
¿A qué jugador iraní admiraba por entonces?
A Jafar del Esteghlal, era un zurdo muy habilidoso.
Siendo un niño estuvo a punto de perder la vida por un incendio en su casa. (Aún tiene las cicatrices en las piernas).
Mi hermano y yo estábamos jugando, pero no a la pelota, y pasó. Éramos pequeños y estas cosas a veces suceden.
¿Cómo salió adelante?
Era muy pequeño y apenas podía hablar. Sólo tengo que darle gracias a Dios por haberme salvado.
¿Cuándo se dio cuenta de que podía ser futbolista?
Desde pequeño siempre tuve afición. Para ver a la selección íbamos a las ocho de la mañana, porque a las once, aunque el partido fuera por la tarde, ya cerraban los accesos al campo. Mi padre, que es un gran aficionado, me llevaba siempre a los estadios. La verdad es que para llegar hasta aquí he pasado momentos muy duros.
¿Cuáles fueron esos momentos duros?
Las condiciones que existen en Irán no son las mismas que hay en Europa. Cuando entrenaba salía de casa a la una del mediodía y regresaba a las nueve o a las diez de la noche. Los clubes no están nada cerca. Vivía en un barrio periférico a veinticinco kilómetros y también tenía que estudiar por las mañanas. Lo más duro de todo era el viaje, porque tenía que coger tres autobuses hasta llegar al entrenamiento.
¿En esos viajes se quedó algún amigo que fuera tan bueno o mejor que usted?
Éramos muchos y todos teníamos la intención de ser profesionales. Yo prosperé más, pero muchos de ellos están jugando en clubes de Irán. Incluso uno de mis amigos es Kharimi, mayor que yo, y él está jugando en el Bayern de Múnich. Para ser un jugador profesional en Irán hay que pasar momentos muy duros.
Siendo un niño, ¿cómo vivió la guerra con Irak de 1980 a 1988?
Fue una guerra errónea que empezó Irak y mi pueblo se levantó. Murió mucha gente joven. Recuerdo que se paró el deporte, las competiciones, pero de todas maneras el fútbol iraní seguía prosperando y tuvo años de esplendor.
¿Y seguían jugando en las calles pese a la guerra?
Sí, claro. Jugábamos al fútbol, veíamos pasar los misiles por el aire y escuchábamos los disparos. Yo era muy crío, pero me enteraba por las mañanas de los bombardeos y los números de muertos que había. No le deseo a ningún país ni a ningún pueblo que vivan una guerra porque se pierden muchas vidas humanas.
Volviendo al fútbol. Sorprende que un iraní tenga el conocimiento táctico que usted tiene. Parece un europeo. ¿Dónde aprendió a ser tan táctico?
He tenido grandes entrenadores, los mejores extranjeros que fueron a Irán me han entrenado y los iraníes les respetamos a todos. Aprendí mucho la base del fútbol con ellos.
¿Qué entrenadores le enseñaron?
Blazevic, que fue tercero con Croacia en el Mundial 98, su ayudante Ivankovic, con el que fuimos al último Mundial, René Simoes, brasileño que clasificó a Jamaica para el Mundial 98, Denizly, el turco, que entrenó al Besiktas, al Galatasaray y a Turquía...
Hablando del Mundial 98. ¿Dónde estaba cuando su país derrotó a Estados Unidos?
Estaba en un autobús de vuelta a casa cuando marcamos el primer gol. Luego, llegando, escuché como una explosión, era el segundo gol y todo el mundo se echó a la calle, nadie se quedó en sus casas y no creo que nadie viera terminar el partido. (Risas). Sabe, cuando los iraníes nos proponemos conquistar algo, siempre hacemos un esfuerzo extra. En mi país el fútbol se vive mucho. Recuerdo cuando debuté con la selección. Fue un partido ante Arabia Saudí que ganamos 2-0. Terminamos de jugar a las ocho y media de la noche y nos llegamos al hotel hasta las doce. Era un trayecto en el que normalmente se tardan quince minutos.
¿Quiénes han sido sus referentes en su posición?
Dunga y Vieira. Dunga fue la clave para que Brasil conquistara el Mundial del 98. Jugaba muy cómodo, muy sencillo, pero muy resolutivo.
¿Y Vieira?
Me fijo en él para aprender a robar balones, es muy bueno defendiendo el uno contra uno. También me gusta mi compatriota Nosrati, un central que hace muchos goles porque acompaña muy bien al ataque cuando decide subir.
Usted tiene buen disparo y en la selección iraní aparece bastante más por la frontal del área. Aquí aún no se le ha visto esa faceta. ¿Es una consigna de Ziganda?
Siempre hago lo que dice el entrenador, y él quiere que me centre más en las tareas defensivas. Mi definición más exacta es que soy un constructor de juego.
¿Qué mediocentro defensivo de la Liga española le llama la atención?
Los hay muy buenos, pero no me gusta decir nombres. En España están muchos de los mejores jugadores del mundo. No se puede decir si hay diez o nombrarlos. Hay muy buenos jugadores jugando aquí.
¿Y Raúl García?
Es un futbolista muy joven, pero juega muy bien. En el futuro será uno de los mejores jugadores españoles.
¿Qué jugador que no conociera le ha sorprendido?
Hay un jugador en Sevilla que juega con el quince, delgado, que es muy joven y bajito y tiene mucha velocidad y que sabe driblar muy bien.
Por lo que dice no puede ser otro que Jesús Navas.
Ese, ese.
Difícil de parar, ¿no?
No tuve muchos enfrentamientos directos con él, pero sí, regatea muy bien y es complicado defenderle.
Desde su posición, ¿lo pasó mal cuando jugaron contra el Barça por la velocidad a la que mueven la pelota?
Uffff. Lo cierto es que nos hicieron un gol en el primer minuto y contra un equipo así empezar perdiendo tan pronto te complica mucho para el resto del encuentro. No obstante, si ahora jugáramos contra ellos cinco partidos estoy seguro que no nos ganaban otra vez 3-0.
Ya lleva unos cuantos meses en Pamplona y se le ve adaptado. ¿Qué le hizo más gracia en el vestuario?
Que mis compañeros empezaran a llamarme flojito desde el principio.
¿Y eso?
(Risas). Fue la primera palabra en español que aprendí, pero ya me han enseñado todos los tacos.
¿Quién es el jugador que más tacos le enseña?
(Risas). David Izquierdo.
¿Va mejorando ya con el idioma?
Lo intento y me ayuda mi traductor César Firooz, pero cuando bromean conmigo y me hablan en español yo les respondo en iraní (risas). Yo también les enseño palabras a ellos, sobre todo a Valdo.
¿Ya se ha traído las especias de Irán para poder cocinar?
No, porque estaría todo el día comiendo comida iraní. De todas formas, la cocina española es muy parecida a la iraní. Cambia la forma de cocer el arroz o de aliñar la carne.
¿Cocina usted aquí comida iraní?
Sí, claro. Otras veces salgo a comer con los compañeros o como yo solo. No tengo ningún problema con la comida.
¿Ha cocinado ya para sus compañeros?
No, pero lo tengo en mente. Pero hay un problema, cuando la prueben seguro que los tendré todos los días en la puerta de mi casa para comer (risas). Ricardo la probó en Manchester y le encantó.
Un tipo peculiar y, como todos los porteros, un poco loco...
Siempre está de buen humor y riéndose. Le admiro por eso y le valoro mucho.
¿Qué hace un iraní en su tiempo libre en Pamplona?
Casi siempre estoy en casa. A veces salgo a pasear y voy a El Corte Inglés.
¿No va al cine?
No me gusta. Escucho música iraní en casa y española, también.
¿La cuenta del móvil será importante?
Qué le voy a hacer, es lo único que tengo y la única forma de estar en contacto con mi familia y con amigos en Irán. No puedo hacer otra cosa.
¿Se traerá a su familia a vivir con usted?
Me gustaría, pero es complicado porque ellos tienen su vida hecha en mi país.
¿Practica la religión como en su país?
Claro, sin ningún problema. Lo que puedo hacer en Irán lo puedo hacer en España perfectamente.
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¿Correrá los próximos encierros de San Fermín sin que se entere el club?
Me gustaría, pero la verdad es que quiero conservar la vida (risas). Hay que ser muy valiente para ponerse a correr delante de esos toros. Llegué a Pamplona el día antes de que empezaran y es algo increíble que me impresionó mucho.



