Popo, la ley de la calle
En su debut (18 años) reventó al Almería con un golazo


En el grueso y completo bloc de notas de Emery no venía recogido el nombre de Adolfo Moyano, Popo, un niño de 18 años que ayer se presentó ante el gran público con un gol de inspiración que destrozó al Almería y permitió que el malaguismo, tan mustio como está, creyese que todavía queda vida. Popo ganó el partido con un gol que devuelve vigencia a la ley de la calle. Un gol de pillo que recordó al inolvidable Onésimo, con el balón cosido al pie y el centro de gravedad bajo, encontrando el hueco en el bosque de piernas. El gol del atrevido chupón de barrio. Toda una osadía. Dice Goyo Fonseca, aquel gran delantero que fue lo contrario a Popo y que hoy le asesora, que lo que tiene este muchacho de Torre del Mar ya no es común hoy día. Se llama talento Popo entró llorando al vestuario, escuchando su nombre de fondo, algo impensable hace una semana, cuando no había sido convocado por Muñiz para un entrenamiento.
Noticias relacionadas
Popo salvó esta crónica y el partido, que había sido de una mediocridad insoportable durante 60 minutos. El Almería fue mejor, pero sin abusar. Jugó con demasiada suficiencia y sin entregar todo el corazón, algo que sí hace el Málaga en cada partido para reivindicar su profesionalidad en medio del proceso concursal. Tiene poco fútbol el Málaga, que marcó un gol (Perico) nada más empezar el partido y se desinfló de mala manera, sin ninguna identidad. Le dio el campo al Almería, plan que llevó a cabo con éxito ante Salamanca y Tenerife, y tampoco sufrió demasiadas acometidas del rival hasta que el árbitro señaló un penalti (?) que transformó Mario Bermejo. Por momentos dio la impresión de que el Almería se lanzaría a dar un golpe de autoridad para demostrar que es uno de los jefes de la categoría. No lo hizo a pesar de Corona, que se marcó un partidazo y cuya marcha, aunque fuese a cuatro minutos del final, no le hizo ningún bien al Almería.
Un rato antes había salido el menudo Popo para merodear por las cercanías del área del Almería. Encontró otro socio tan rebelde como él, Jonatan. Y fue acercándose la portería. Se le vio alterado y alborotado en algunas acciones. Pero ahí estaba hasta que reventó el partido con una internada diabólica, inesperada para la escayolada y fría defensa del Almería, que tiró por la borda una racha de siete partidos sin perder posiblemente sin merecerlo, porque luego apretó hasta el final, como si tuviese que verse ante una adversidad para reaccionar. Sobre la hora, Mané estrelló un balón en el palo. Seguramente si ese balón hubiese entrado hoy se hablaría menos de Adolfo Moyano, Popo, ese chico que Emery no tenía apuntado en su bloc de notas. Desde hoy está en las agendas de todos y en miles de corazones blanquiazules.



