El Nàstic disfrutó en un AVE que fue un avión
El equipo llegó en sólo dos horas y 40 minutos


Ir en AVE es como ir al cine: las imágenes se suceden, los paisajes cambian en cada parpadeo y la sensación de velocidad es latente (angustia, en ocasiones, si te obsesionas en ver que hay al otro lado del cristal). No hay otro medio en España que vaya a tanta velocidad a ras de suelo, porque en un avión todo lo que se ve en los alrededores es de color azulado: si no hay cuerpos de por medio, hay vacío, se podría decir.
El Nàstic emprendió ayer un viaje que le debe llevar de nuevo al mundo de los vivos. Estrenó el AVE que desde el pasado 22 de diciembre comunica Tarragona con Madrid en menos de tres horas. "Ya lo he visto claro. Cuando tenga que ir a Sevilla utilizaré el AVE. En menos de cinco horas me planto allí. Se va muy cómodo", comentó Alejandro Campano nada más llegar a Puerta de Atocha.
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A las 11:45, puntual como exige el tópico, el tren partió desde la coqueta estación de Camp de Tarragona. En el vagón 3, clase Preferente, la expedición grana comenzó a hilar un trayecto que transcurrió entre bocadillos, juegos de mesa y paseos. Como los que se pegó David García, un hombre inquieto y risueño: "Sabemos que estamos en la UVI y que estamos tocados, pero hay ilusión por puntuar en el Calderón y comenzar bien el año". A las 12:16 ya se avecinó el castillo que gobierna Lleida: un minutos antes de lo previsto. Zaragoza llegó poco después, entre Monegros y regadíos. A las 13:03 el AVE paró en la estación de Las Delicias y, a partir de ahí, todo pasó más rápido si cabe.
A las 14:27, Madrid asomó y el AVE se detuvo en la Puerta de Atocha. "Esto es una pasada. Ya sólo nos falta ganar el partido y disfrutarlo en la vuelta", comentó Ángel Morales. Un triunfo, sí, sería la guinda.



