Los galones aún le pesan demasiado

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Riki llegó este verano con el cartel de estrella. Lendoiro pagó por él más que los otros trece fichajes juntos. Los motes de Pirelli y Godzilla que le puso su amigo Craioveanu en el Getafe hicieron que media grada de Riazor se frotase las manos con su fichaje. La expectación se multiplicó porque hace tres años que las arcas blanquiazules sobreviven con la venta y jubilación de sus viejas estrellas, y Riki era la única cara nueva con reflejos de crack que llegaba a A Coruña desde hace tiempo. Su extrovertido y alegre carácter no desvelan presión, pero su fútbol sí. Hasta ahora sólo ha dejado un destello de su calidad, eso sí, de auténtico fuera de serie. Un golazo ante la Real Sociedad en aquellos tiempos en los que el Deportivo todavía sabía lo que era ganar.
A este madrileño de 26 años le está costando adaptarse, claro que las circunstancias tampoco han ayudado. Caparrós no ha sido capaz de encontrarle sitio, y lo ha movido de la banda izquierda a la delantera, de ahí al banquillo, y de ahí a la mediapunta. El técnico apostó desde el primer día por el relevo de su Babydepor, y confió en los Riki, Arbeloa, Cristian, Filipe, Barragán, Verdú... La cosa funcionó al principio, pero en cuanto han venido mal dadas, el proyecto se ha desmoronado como un castillo de naipes. Caparrós mira ahora hacia los veteranos para salir de la crisis. La luz de Andrade, Duscher o Valerón liberará a Riki de unos galones que aún le pesan demasiado y permitirá que la ansiedad dé paso al fútbol que lo trajo al Depor. Seguro.



