Primera | Zaragoza

Jornada de reflexión y hambre de revancha

El Zaragoza se obliga a cerrar la herida ganando en Santander

Caras largas en la sesión
Mario Ornat
Actualizado a

Sea porque se trataba del Osasuna, o porque se ha salido de la Champions, o sea por la injusticia de los dos goles en diez minutos, pero la derrota del domingo ha dejado una relativa herida. Ayer las caras en el entrenamiento eran caras largas, de decepción y reflexión, pero por detrás de esa trama enseguida creció una idea de referencia: revancha en Santander. El Zaragoza se ha fijado la exigencia de cobrarle los tres puntos al Racing.

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Es una obligación deportiva y anímica. El Zaragoza no perdía en casa desde el 16 de abril, frente al Cádiz (1-2). Este año había resuelto los partidos de local con autoridad: 16 puntos de 18 hasta que llegó a Osasuna. Sólo el Levante puntuó en Zaragoza (2-2). Llegado el primer tercio de la Liga (que Víctor Fernández ha señalado alguna vez como primera referencia) el Zaragoza aparece quinto. "Si hemos salido de la Champions una semana podemos volver a la siguiente, por eso no pasa nada", dijo ayer César Sánchez. La referencia de los cuatro primeros tiene un peso psicológico innegable, es un premio que deslumbra. Pero en la cumbre el viento pega fuerte, las distancias siempre son mínimas y cualquier tropiezo te saca de la foto. Por eso el Zaragoza quiere ganar en Santander. Y porque, si perdiera, un punto en tres jornadas supondría un frenazo muy pronunciado para el inicio burbujeante que ha tenido el equipo hasta ahora.

El análisis interno apunta al medio campo como clave para comprender de qué modo el Zaragoza fue extraviando el control del partido y acabó por perder también el marcador. La defensa y los puntas estuvieron a buen nivel. Pero al equipo le faltó juego en el medio, presencia táctica, cercanía de los pivotes con los de las bandas y algo de agresividad cuando Osasuna fue tomando el gobierno del partido. D'Alessandro y Aimar constituyen la otra clave: el Zaragoza no se puede permitir que dos de sus estrellas principales, las que tejen el juego de ataque y lo inspiran, tengan una ausencia tan pronunciada. Si ocurre, el equipo lo paga.

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