"Dales caña, Mané"
La afición exige mano dura al técnico en su primer entrenamiento

El debut en el césped de Mané no dejó indiferentes a los aficionados. Cerca 1.300 hicieron plan para una mañana singular y se acercaron a Lezama. La mayoría en coche. Los menos en tren, provocando un reguero humano entre la estación y las instalaciones rojiblancas. El perímetro del campo principal quedó cercado por gente quince minutos antes de que Mané vistiera por vez primera el chándal rojiblanco.
A las 11 horas, el de Balmaseda dejó el pabellón para afrontar las escaleras que dan acceso a la zona de entrenamiento. Chándal largo y chubasquero para él, chubasquero y pantalón corto para Ondarru. Muchos esperaron su aparición para lanzarle consejos. Se los soltaron rápido. "Mané, con mano dura, que aquí hay mucho niñato", se escuchó para romper el silencio. "Dales caña, que aquí hay mucho gallo al que hay que cortar la cresta", añadió otro que se animó por los gritos del compañero de sentimiento.
Mané, como era de esperar, no respondió. Clavó su mirada en la práctica de sus jugadores. Sólo habló para corregir y arengar a la tropa. Y dejó claro que es un técnico exprimidor. Nada más terminar un ejercicio de presión por parejas pidió una pausa a los suyo. "Estira y cuéntale al oído lo que has sufrido", dijo durante el descanso.
El estilo Mané.
Dos minutos más tarde inculcaba otra vez la presión a sus jugadores. "El principio defensivo dice que tienes que robar la pelota en cuanto la pierdes. ¡Vamos chaval!" Paraba el entrenamiento y lo volvía a parar. Corregía, hablaba, estiraba sus pensamientos al verde....ofrecía un catálogo de lo que es su trabajo en el banquillo.
Apretó a los jugadores mientras les agradecía el esfuerzo. Vamos, que el vestuario no tuvo ningún motivo de queja. La grada también se fue satisfecha. No hubo ovación de la parroquia, pero sí quedó claro un sentimiento especial en el ambiente rojiblanco.
Igual que ocurrió hace un año con Clemente (se puso a trabajar un festivo 1 de noviembre y la afluencia de hinchas se acercó a las 3.000 personas), el público recibió con expectación al encargado de mantener al equipo en Primera División. Con Clemente, quizá por eso de su pasado en el club, la gente se atrevió a dar gritos de ánimo. Ayer no hubo oportunidad. La hinchada no interrumpió el sonido del entrenamiento. Lo dejaron marchar al ritmo que imponía Mané.
Charla con la presi.
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El vizcaíno, otra vez en Primera después de su extraordinaria etapa en el Alavés, abandonó las instalaciones el último, con todos los jugadores camino de sus respectivos domicilios. Eso sí, fue de los primeros en llegar al párking de Lezama. Aparcó su coche y se encontró con Iribar, que fue con él que cruzó el umbral de la puerta que desde ayer traspasará todas las mañanas hasta junio.
Entró en el vestuario y charló en grupo con sus futbolistas, que el día antes ya habían tenido un contacto con Ángel Garitano, Ondarru. También hubo tiempo para la presidenta, que hizo las presentaciones en Lezama para después pasar a un segundo plano. Era el día de Mané.



