Primera | Barcelona 4 - Villarreal 0

Aquel gol de Ronaldinho

Marcó un tanto antológico y puso de pie al Camp Nou

<b>CINCUENTA. </b>Ronaldinho celebró su medio centenar de goles con el Barça tras marcar el 1-0, de un penalti que no existió.
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Hay partidos que quedan marcados por una acción, y el de anoche en el Camp Nou pertenece a esta categoría. Pudo ser el penalti que el árbitro se inventó para que el Barcelona se pusiera en ventaja injustamente, sin que hubiera hecho nada más que el Villarreal para ello. Pudo ser el gol de Andrés Iniesta, enorme media chilena tras un centro de Zambrotta desde la derecha, que era el 3-0. Pero cuando hay un crack sobre el césped pasa lo que en las películas del Oeste: siempre es el vaquero apuesto y hábil con la pistola quien aparece para salvar a la caravana y quedarse con la guapa en apuros.

Ahí estaba Ronaldinho, en plan John Wayne. Xavi, que había empezado el partido en el banquillo, levantó la cabeza en el ángulo derecho del área grande y lo vio como quien otea el horizonte desde un otero; y como es otro que donde pone el ojo pone la bala, le mandó un pase por alto. Ronaldinho recogió la pelota con el pecho, pero no logró domarla del todo. Caprichosa, se le fue hacia atrás, todavía alta para intentar un disparo. Cygan se acercó con aviesas intenciones y por un segundo el tiempo se detuvo. Entonces Ronaldinho quiso ser Jordan, elevó el tren inferior por encima de lo creíble y clavó un derechazo de chilena que cerró la goleada. Esta crónica no puede tener otra historia en la que detenerse.

En el ránking de bellezas, en la historia moderna del Barça se recuerdan el gol de Romario a Osasuna en El Sadar, el de Ronaldo al Compostela y el de Rivaldo al Valencia que valió entrar en la Champions. Desde ayer cuenta también el de Ronaldinho al Villarreal, porque es de los que poco suman en lo práctico, pero son difícilmente superables en lo estético. Y qué es el fútbol sino una expresión de plasticidad.

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El partido empezó igualado en todo pero acabó como si el campo estuviera inclinado hacia la portería de Barbosa. El Villarreal, que había estado bien plantado sobre el eje Cygan-Senna-Marcos en la primera mitad, que había maniatado a Iniesta en la red tendida por Josico y Senna, fue aplastado por un vendaval ofensivo del Barça.

No funcionaron los cambios de Pellegrini. Las bandas fueron sendos pasillos para quien se asomara por ellas, en especial la de Venta. Iniesta creció y creció, apoyado en el buen trabajo de Deco, y cuando Gudjohnsen cabeceó el centro de Iniesta y marcó el 2-0 se acabó lo que se daba. El tercero del Barça fue una obrita de arte. Pero faltaba el de Ronaldinho, el gol de la Liga y uno de los que recordarán los amantes del fútbol de todo el mundo. No cabe hablar de otra cosa en esta crónica.

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