"Es un proyecto ganador y juego con amigos"
El ídolo Aimar compartió su felicidad con 300 aficionados en San Juan


Pablo Aimar dio la rueda de prensa más esperada de la fecha en el barrio zaragozano de San Juan de Mozarrifar, con motivo de sus VI Jornadas Socioculturales. Alrededor de 300 aficionados de todas las edades, de bebes a jubilados, rindieron honores al nuevo fenómeno del Real Zaragoza y a Diego Milito, pichichi del equipo y figura creciente. Fue una hora de aplausos, autógrafos, fotografías y preguntas, alguna imperdible. "Son más intencionadas que en la Ciudad Deportiva", tira al oído Diegol, divertido.
"¿Cómo hiciste para meter ese golazo contra el Nástic, Pablo?", preguntó un chico acumulando valor en el cara a cara con el ídolo, ante quien ocupa el póster gigante de su cuarto y al que anoche le dio las gracias antes de acostarse, nada más ver su obra de arte repetida por octava vez y abrazar el televisor en un gesto que a mamá le pareció excesivo. Ahora, con ambos delante, ella se iba a enterar... Y el genio se encogió de hombros, sonrió, iluminó su mirada y le confesó ante el foro: "Fue suerte, nada más". Hubo risas. Claro, se aceptaba pero no valía. Cómo va a reducirse a la fortuna semejante golpeo: perfecto, violento, preciso, llenando el balón de pie. O quizá sí sea eso: la incalculable suerte de ser un genio y no darle importancia.
La llegada a San Juan resultó un acontecimiento pese a que esta reunión con dos miembros de la primera plantilla es ya un clásico en el lugar de la mano cómplice del doctor Villanueva. El año pasado estuvieron Álvaro y Ewerthon y antes, Gabi y Ponzio. Pero el atractivo de Pablito multiplica las pasiones y actúa de imán inevitable. "Hay más gente que nunca", se coincidió.
Entrada triunfal
. A las 19.20 el pabellón de este barrio zaragozano aullaba la entrada de Aimar y de Diego. Antes, a 50 metros, en la calle perpendicular, ya se habían estrenado las primeras firmas y los retratos más madrugadores. Todo valía: desde la cámara digital al móvil, de la libreta a la postal. A Diego se le comenzó a preguntar por la calle: ¿Vas a ser el máximo goleador de la Liga? "Ojalá", devolvió de primera y le dio continuidad más tarde, cuando casi se lo suplicó un chico de cortísima edad y fe ciega, con el 22 del Príncipe (suyo más que nadie) a la espalda: "Para cualquier delantero sería un honor terminar la competición siendo el que más ha marcado y yo, claro, no soy una excepción, pero lo cambio si el Zaragoza consigue su objetivo de acabar entre los primeros y clasificarse para jugar en Europa. Ésa es la meta de Pablo y la mía, la de todos". La ovación se cerró cuando el presentador advirtió que su continuidad en el club aragonés está asegurada: "Siempre le estaré agradecido al Zaragoza, aquí me siento tan a gusto como en mi casa", dijo. Las manos ya dolían.
Los focos de la audiencia vuelven al Cai: admirado y querido por los niños, querido y admirado por las niñas: "¿Piensas quedarte muchos años en el Zaragoza?". La pregunta llevaba las llaves del olimpo y Pablo lo abrió: "Me encantaría. Quiero hacerlo porque aquí se ha armado un proyecto ganador y porque juego con amigos, que no es fácil en el fútbol profesional. ¿Barcelona o Madrid? Son grandes clubes y reúnen a futbolistas espectaculares, pero no los cambio por vivir esta experiencia".
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Interesaba todo, desde quién era el defensa más duro que los había marcado hasta por qué se acercó a Gabi Milito y a D'Alessandro, que seguían el partido desde el túnel de vestuarios, para celebrar su gol de futbolista total: "Le dije a Gabi el día anterior que iba a marcar y vi que estaban ahí siguiendo la segunda parte, próximos al equipo, apoyando y sufriendo. Marqué y fui directo, me salió", confiesa resolviendo la duda periodística y la general. La primera la respondieron al unísono entre risas y encontrándose con la facilidad con la que desmontan defensas: "Mi/su hermano, jaja".
Acabaron las preguntas con alusiones a la asfixiante visita al Camp Nou y ahí llegó la gran ola. Reglas fuera, ni hablar de colas, yo llegué primero, ¿me podéis firmar en el balón?, una foto, una foto; Pablo, sonríe... click. Por un momento, el acoso les venció la mesa y los acercó demasiado a la pared que protegía sus espaldas. Todos querían su segundo inolvidable y todos lo tuvieron: el genio ha venido para quedarse.



