Primera | Zaragoza 3 - Nàstic 0

Un rapto genial de Aimar deja al Nàstic en el molde

Golazo del argentino ante un rival que no acertó arriba

<b>DECISIVO. </b>Aimar escapa con la pelota: su irrupción en el minuto 49 acabó en golazo y puso al Zaragoza camino de la victoria.
Mario Ornat
Actualizado a

Hubo un tiempo en que los grandes futbolistas eran grandes futbolistas, no sólo imágenes de marca, ensoñaciones mediáticas o comerciales. Un tiempo en que los jugones eran primos de los chupones, los embusteros y los mingafrías. Todo el mundo sabía distinguirlos de los jugadores formidables, los más grandes, esos que no se paraban en el ejercicio de estilo, que hacían lo accesorio y lo decisivo, lo bonito y lo determinante, lo intermedio y lo final. Aimar procede de ese tiempo aunque haya nacido en éste, aunque quizás nadie sepa dónde está su cielo. Y quizás nos quedemos sin saberlo jamás, porque es un poco Bartleby.

A veces no lo es. A veces cruza el campo con la pelota en un fogonazo y le sale de los pies un balón hinchado de gol. En el minuto 49, ayer entre el Nàstic y el Zaragoza, uno podría elevar cualquier hipótesis sobre lo que iba a pasar. Algunas, desde luego, hubieran favorecido al Nàstic, equipo atrapado en una paradoja horrible: juega bien y ordenado, planta cara, tiene estilo y carácter. Pero no tiene gol. Aunque tiene a Portillo, ese chico llamado Portigol, le falta la suma final de todas las operaciones. Ayer pudo contar hasta cuatro o cinco jugadas de gol en la segunda mitad, pero mientras perdía el Zaragoza decidió un partido que se ponía incómodo.

Fue en el minuto 49 y lo resolvió Aimar con una escena en la que pudo recordar a Schuster, a Breitner, a Alemao, a Maradona, a Arrúa, a Redondo, a Sócrates, a Señor. A todos o a cualquiera. Porque la conducción terminó con un pelotazo mortal desde el balconcillo del área, que Rubén vio pero no vio. Ni siquiera iba esquinado, pero tenía tanta mentira en el golpeo que el meta del Nàstic bizqueó y sólo la enfocó cuando ya estaba dentro.

Inspirado por ese instante, el Zaragoza desportilló (precisamente) a su rival a toda prisa, con otra larga jugada de combinatoria ágil que terminó Óscar en el segundo palo, a pase de Movilla. Mientras el Nàstic acumulaba córners, Portillo o Gil cruzaban remates francos o Pinilla sacaba un balón con dirección al gol, el Zaragoza pegó con mano de piedra y resolvió. Sergio García, en una bicicleta de verano, le entregó el tercero a Piqué. Y viva la Champions.

Víctor: "Pablo es determinante"

"Nos costó entrar en el partido. En el descanso les pedí tranquilidad a mis jugadores, y que estuvieran bien atrás, porque cuando encontráramos el último pase llegarían las situaciones. El resultado quizás ha sido demasiado generoso teniendo en cuenta lo que hizo el Nàstic, pero la victoria es incontestable. Aimar es muy bueno. Aunque no está perfecto aún, cuando lo necesitas aparece, quiere la pelota y es determinante".

Luis César: "La diferencia fue la eficacia"

"El Zaragoza tuvo cuatro ocasiones e hizo tres goles. Nosotros sacamos diez cornérs, y ellos dos. Pero hemos perdido 3-0. La única diferencia ha sido la eficacia. Ellos han sido letales, nosotros no. Estamos disgustados y tristes. En la segunda parte hemos tenido cuatro o cinco jugadas de gol, pero el fútbol es el gol. Hasta Pinilla ha sacado uno. Parece que nos pasó por encima un huracán, pero yo creo que les plantamos cara".

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El detalle: ovación para el equipo rival

El Nàstic ganó prestigio, pero perdió otro partido. Tuvo varias ocasiones cantadas en la segunda mitad. En una de ellas, Gil hizo un jugadón: entró con dos paredes al área y la tiró fuera, increíblemente. La grada de La Romareda se puso en pie para ovacionar la jugada del rival.

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