Segunda | Sporting 1 - Hércules 0

Barral dictó sentencia

El árbitro anuló un gol legal a Kike Mateo en el 28'

<b>CELEBRACIÓN. </b>David Barral celebró su tanto de falta, que valió tres puntos, con Edwin Congo y el resto del equipo rojiblanco.
Manuel Rosety
Redacción de AS
Actualizado a

El Sporting acabó con la condición de invicto de Uribe, en un partido trabado, en el que los rojiblancos rentabilizaron el zapatazo de Barral, que superó a la barrera y a Aragoneses cuando se cumplía el cuarto de hora.

El Hércules aplicó un dispositivo con tres medios centro, para intentar ganar la parcela central, en la que Míchel empezó como dominador de un espacio que se diluyó con el tiempo, ya que los alicantinos buscaron la cabeza de Moisés a base de balones en largo. En este aspecto, la defensa gijonesa estuvo muy centrada en no dejarse superar por el potente ariete, quien se encontró con un árbitro que no le pasó una.

El conjunto alicantino tuvo dos oportunidades con tiros de Juanlu, pero Roberto, primero, y la falta de puntería, después, impidieron la igualada, que pudo llegar en un tanto anulado a Kike Mateo en el minuto 28, por posible fuera de juego de Moisés. En el primer tiempo, el Sporting, apoyado por un buen ambiente en las gradas, tuvo mejores ráfagas que el Hércules, aunque los rojiblancos no se encontraron cómodos en ningún momento.

Barral, el jugador más activo del primer tiempo, pudo marcar el segundo, en una acción en la que de forma inverosímil se ingenió otro trallazo, que dio en el larguero de Aragoneses. La fuerte presión de los rojiblancos creaba complicaciones a los alicantinos al salir de su parcela.

En el segundo tiempo, el desarrollo del juego mantuvo un tono poco vistoso para la grada. El equipo de Uribe mantuvo los servicios en largo, para buscar a Moisés, o la banda de Kike Mateo, ya que la zaga del Sporting se descompensaba al desplazarse Sastre con frecuencia al centro. Mientras, el conjunto de Preciado se conformaba con controlar el balón en los contraataques, en los que faltó serenidad para marcar el gol de la tranquilidad, Uribe sacó toda la artillería. Calandria entró primero y Sendoa, después.

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Los alicantinos presionaron y crearon numerosas llegadas, pero casi nunca con disparos a la portería de Roberto, en un día especial para el guardameta en el que recibió el trofeo de sus peñas, por lo que le hacía una ilusión especial ganar y mantener la portería a cero. La incertidumbre aumentó en los minutos finales por la expulsión de Jorge, al ver la segunda tarjeta, que sorprendió a Preciado con los tres cambios realizados, lo que provocó que todo el equipo se dedicara a defender en los compases finales, ante un Hércules que presionaba a tope en busca de un empate que no llegó.

El partido fue emocionante, por la mínima diferencia, pero sin que en esta ocasión el tono futbolístico fuera lo más relevante, si bien el Sporting tuvo el premio por su mejor defensa y tiene licencia para seguir soñando una jornada más..

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