El Puskas que yo conocí
Todo un caballero dentro y fuera del terreno de juego

Estuve en el Bernabéu el día que se presentó Puskas en Madrid. Fue el 29 de noviembre de 1956 cuando el Honved se enfrentó a la selección madrileña en el tradicional encuentro a beneficio de la Asociación de la Prensa. Fue un partido espectacular que terminó con un expresivo 5-5. El mejor de los 23 jugadores (Juanito González sustituyó a Pazos en la portería madrileña) fue Kopa, Di Stéfano marcó tres goles y Puskas sólo uno y de penalti. Los húngaros admiraron al público con un juego diferente al habitual en estos campos. Su meta Faragó no sacaba de fuerte volea sobre los delanteros como aquí se acostumbraba, sino que entregaba el pelotón a un defensa. Este comenzaba la jugada desde su propia área y el sabio Bozsik dirigía la orquesta como primer violín hasta que los sucesivos pases llevaban el balón al área adversaria para que Puskas, Machos o Tichy demostrasen su fuerza artillera. Fue un espectáculo.
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Hasta entonces sólo había visto a Puskas en unas pocas imágenes del Nodo y algunas fotografías. Dos años después se incorporaría al Real Madrid, pude disfrutar con su juego y muchas veces sufrir con su eficacia cuando de forma directa o indirecta perjudicaba con sus acciones al club de mis amores.
Agradecimiento. Nunca pude saludarle personalmente y por tanto charlar con él, aunque en varias ocasiones estuve tentado de acercarme a su mesa donde con la familia o unos amigos tomaba el aperitivo en una terracita del barrio del Niño Jesús. Sí, en cambio, pude hablarle por teléfono para darle las gracias por una intervención que hizo en mi favor. En la primavera de 1962 participé en un concurso de TVE llamado Peña Deportiva. Ante una de las preguntas que se me hicieron contesté dando el nombre de un jugador húngaro. El presentador, Carlos Piernavieja, me la dio por mala diciendo que había sido el delantero Machos. El fallo, afortunadamente para mí no representó la eliminación. Cuando acabó el programa, al abandonar el plató, se nos acercó una persona diciendo que había llamado un tal señor Puskas para decir que el concursante tenía razón y que Piernavieja le llamase a un número de teléfono para confirmarlo. Así lo hizo y, en efecto, al otro lado de la línea, Ferenc Puskas le transmitió que yo tenía razón, que el húngaro en cuestión de la respuesta correcta era Dözsö Bundszak. Piernavieja repetía en alta voz lo que el gran jugador madridista le relataba por lo que me puse al aparato y le di las gracias por su intervención. Para un joven de 20 años, gran aficionado al fútbol, fue una inmensa satisfacción que una personalidad como él se molestase en hacerlo.



