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Maradona ya predijo que sería un fenómeno

Empezó a jugar de forma organizada en el Italsider, en la calle, porque aún no le daba la edad para ingresar en el Nápoles. Allí se enfrentó a Maradona en amistosos cuando era juvenil. Destacó en el Parma. Luego llegó al Inter y la Juve. Se consagró en el Mundial y después recaló en el Madrid.

<b>CAMPEÓN. </b>Cannavaro alzó el título mundial en Alemania.
Julio Maldonado
Importado de Hercules
Actualizado a

Dortmund, descanso de la semifinal del Mundial Italia-Alemania. A mi izquierda, Maradona, comentarista de Cuatro. Fuera de micrófono hablamos del primer tiempo, del espíritu alemán, del mal partido de Totti. Pero no hay manera, Diego sólo tiene ojos para Fabio Cannavaro, cuyo recital había sido un curso acelerado de fútbol defensivo. Sin dudar jamás, rápido en corto, excelente en la colocación, un diez. Y Maradona recuerda. "En el Nápoles solíamos jugar partidos de entrenamiento con los juveniles. Cuando veían a los profesionales se asustaban, y te puedes imaginar lo que le pasaba al que se encargaba de mí. Todos menos uno, un crío que parecía grande. Cada vez que le veía tenía la sensación de que aquel chaval sería un fenómeno".

Se llama Fabio Cannavaro, días más tarde levantaría la Copa en Berlín. Así son las cosas, pensará el propio Cannavaro, que nació en Fuorigrotta, llegó al Nápoles a los diez años y creció admirando a Ciro Ferrara y Maradona. Su padre Pasqual, fue hincha apasionado del Nápoles y antiguo jugador aficionado. Con ocho años le llevó al Italsider.

En la calle.

El Nápoles le tenía ya en mente, pero aún no daba la edad suficiente para entrar en el club. Así que empezó a jugar de forma organizada por las calles, algo que todavía sucedía en el sur de Italia. Con diez años al Nápoles. Y casi sin darse cuenta debutó en la Serie A, en Turín, contra la Juve. "En realidad no veo gran diferencia entre la Serie A y el Campeonato Primavera", declaró entonces a Guerin Sportivo. Eso sí, siempre recuerda que se sintió futbolista de primer nivel cuando tuvo que marcar a Benito Carbone en un partido ante el Torino. Jugó su primer año completo como titular con Lippi y clasificó a un equipo joven para la Copa de la UEFA.

Indiscutible con Lippi, pero también con Ottavio Bianchi y Boskov, el siguiente salto se lo dio Cesare Maldini con su convocatoria a la Sub-21. Allí ganó la Eurocopa de 1994 y 1996, antes de debutar con la absoluta y de firmar por el Parma. Su marcha al Norte fue inevitable, y atrás quedó su Nápoles del alma, sus paseos en Vespa y su moto Harley 883. Su casa en Parma es una galería de recuerdos. La guitarra que le regalaron por su primer gol en Serie A, al Milán nada menos. Una foto de su debut en primera, con Ferrara al lado y David Platt y Dino Baggio enfrente.

Allí rindió de maravilla. Primero con Nevio Scala y después con Ancelotti, a pesar de un fallido intento de colocarle como mediocentro organizador. Buenos tiempos en el Parma, coronados con una Copa de la UEFA en 1999 en una dupla magnífica con Lilian Thuram, que más tarde se repetiría en la Juventus. Debutó en la absoluta ante Irlanda del Norte y poco más tarde jugó uno de los partidos de su vida. Wembley, 12 de febrero de 1997, partido de clasificación para el Mundial de Francia ante Inglaterra. Victoria histórica para Italia con gol de Zola y excelente partido de Cannavaro junto a Ferrara.

Consagración.

Desde entonces jugó tres mundiales y la final de la Eurocopa de 2000 que perdió con el gol de oro de Trezeguet. A su llegada al Inter tuvo la responsabilidad de ser el capitán. Antes lo fue en el Parma y después en la selección por la renuncia del gran Maldini tras la derrota ante Corea del Sur en el 2002.

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En el Inter jugó una semifinal de Champions, pero una lesión en la tibia le apartó de fichar por el Madrid de Florentino Pérez. Llegó a la Juve, ganó la Liga y vivió la apoteosis en un Mundial que le consagró como el mejor central del momento. Entonces, Ramón Calderón llamó a su puerta y el italiano no se lo pensó tras el descenso de la Juve tras el Moggi-gate. Debutó con el Madrid en Liga el 27 de agosto en el Bernabéu.

Quizá con la Copa del Mundo en la mano se acordó de aquellos partidillos de jueves contra Maradona. "¿Maradona? Yo jugaba en juveniles y una tarde me tocó marcarle. En un momento, Diego con el balón en la zurda me intentó regatear. Le frené limpiamente, él cayó al suelo, unos momentos de pánico y un grito desde mi banquillo. ¡Tranquilo, Fabio, tranquilo! ¿Qué pasa si le lesionas? Me puse rojo, pero más aun cuando al final del entrenamiento Maradona me regaló sus botas". Los genios se atraen, no cabe duda.

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