Quaresma ha aprendido el oficio

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Normalmente tapar parches en el mercado de invierno es una faena comprometida. Se ficha con urgencias y el mercado a estas alturas es como la sección de oportunidades de algunos grandes almacenes. Quedan un par de zapatos que te gustan, pero son del número 47 y por más que intentes meter tripa, no eres capaz de deslizarte dentro de esa chaqueta de la talla L. La opción acertada es la que está tomando el Atlético, yendo a pescar en un club, el Oporto, líder de su Liga y vivo en la Champions. Y, además, Quaresma no es ningún saldo. Muchos desconfían por su semblante de futbolista metrosexual, pero hay que decir que desde su regreso a Portugal se centró en aprender el oficio y pulir unas cualidades sencillamente excepcionales.
Es cierto que el chico no descuida sus patillas afiladas y cuando aparece en el campo da la sensación siempre de que se cortó el pelo la tarde anterior. Pero también es cierto que detrás de esa imagen maqueada se encuentra un futbolista de esos que hacen que un defensa fuerce la quinta tarjeta para evitar que desnude tus vergüenzas en la jornada siguiente. Diestro, pero con una extraña habilidad para jugar por el perfil izquierdo, Quaresma ha conseguido hacer efectivas sus fintas y bicicletas. Además, posee esa delicatessen, que yo en España sólo observé a Schuster y a Martín Vázquez, de centrar con el exterior con una precisión mortal. Evidentemente esa calidad se paga y más aún cuando se acude a un club que no tiene prisa por vender.



